Las divisas 1836-1904


1836-1870

Los dos partidos tradicionales uruguayos tienen su origen, respectivamente, en dos programas políticos que son anteriores a la Constitución de 1830.
Los fundadores de ambos partidos coincidían en el rechazo al monopolio comercial impuesto por el colonialismo español hasta 1810, y también coincidían en el rechazo a la propuesta social y agraria de Artigas. Fundadores de ambos partidos habían participado de una manera u otra en las gestas independentistas; en su transcurso, ambos grupos eran expresión de (o habían hecho alianzas con) los sectores terratenientes opuestos al radicalismo multicultural; pero sus ideas sobre el futuro diferían en puntos esenciales.
Por eso, después de la derrota de Artigas en 1820, los futuros “colorados” apoyaron al bando victorioso portugués-brasileño, mientras que los futuros “blancos” (con vacilaciones) se dieron a la tarea de enfrentar la ocupación y reintegrar nuestro suelo a las Provincias Unidas.
El 19 de abril de 1825 las Provincias Unidas hacen desembarcar en territorio oriental al Estado Mayor de su ejército unificador. Un oriental encabeza estos treinta y tres hombres, y otro oriental le hará frente al mando de las tropas imperiales. Pero la captura de este último en el Arroyo Monzón permite negociaciones que harán que circunstancialmente los futuros “colorados” cambien de bando y apoyen a las Provincias Unidas donde tienen sus aliados en los “unitarios” afrancesados.
La Convención Preliminar de Paz de 1828 respondió a los intereses británicos y promovió un empate entre el Imperio de Brasil y las Provincias Unidas. De acuerdo con esta Convención ni el territorio brasileño llegaría nunca más hasta el Río de la Plata ni las Provincias Unidas tendrían al Río de la Plata como un río interior.
Los orientales en armas, que el 25 de agosto de 1825 habían proclamado solemnemente su voluntad de unirse a las Provincias Unidas, que habían combatido desde entonces hombro con hombro con porteños y provincianos, son notificados tres años después que vivirán en un Estado “independiente”.
La administración luso-brasileña de Montevideo (1817-1828) no resolvió el conflicto por la tierra que había desencadenado el gobierno artiguista. Le dio largas al reclamo sistemático de los terratenientes para recuperar sus tierras mientras procuraba consolidar una administración aceptada por todos. Sin embargo quedaba claro que era sólo cuestión de tiempo (cuestión de tiempos políticos) para que desencadenara la Contra Revolución Agraria que siempre estuvo en sus planes. Muchos ricos hacendados eran además brasileños de origen.
La creación del Estado Oriental trasladó este problema no resuelto de la tierra al nuevo gobierno. Y el flamante gobierno decidió que los únicos títulos válidos eran los otorgados por el gobierno colonial y no los del período artiguista, lo que generó la protesta de los que habían sido favorecidos por los repartos de 1815 y de las comunidades libres de pueblos originarios, gauchos y afrodescendientes.
Los charrúas encabezaron esta resistencia que fue aniquilada finalmente por el ejército del presidente Rivera. El segundo presidente, Oribe culminó la Contrarrevolución con medidas legalistas que consolidaron la propiedad latifundista anterior a 1815.
Pero Oribe, a diferencia de Rivera, expresaba la tendencia terrateniente-federalista. Intentaba consolidar la legalidad y sanear las finanzas con el pensamiento puesto en la futura coordinación proteccionista mutua de los hacendados rioplatenses. Cuando decide hacer una investigación administrativa sobre el uso de dineros públicos de su predecesor, y lo destituye como Comandante general de la Campaña, Rivera responde dando el primer golpe de estado en el país uruguayo independiente. Oribe, destituido, buscará apoyo en el hombre fuerte de Buenos Aires, el hacendado “federal” Juan Manuel de Rosas. El golpe de Rivera por su parte contará con el apoyo de Europa, el del Imperio de Brasil y el de los enemigos de Rosas, los “unitarios” exiliados en Chile y el Uruguay.
Comienza la Guerra Grande (1836-1851)
En la Batalla de Carpintería los oribistas usarán una vincha blanca con la consigna “Defensores de las Leyes” y los riveristas, después de intentar identificarse con un desleído lienzo celeste, optan por el rojo, color del forro para invierno de los grandes ponchos paisanos, y serán conocidos desde entonces como “colorados”, De esta forma los colores responden a un hecho casual, no expresan simbolismo alguno y esto a veces confunde a historiadores de países hermanos ya que en Argentina y Brasil el rojo fue el color federal y el celeste el distintivo de los “unitarios”.
La Guerra Grande no es un simple enfrentamiento entre caudillos. Hay dos programas antagónicos para el futuro del Estado – tapón creado por los británicos. Para Oribe, los terratenientes y saladeristas del Río de la Plata deben coordinar una política proteccionista soberana para la producción agropecuaria. Para sus enemigos ideológicos (Rivera es sólo un brazo ejecutor de éstos, el que piensa es Joaquín Suárez) el Estado Oriental debe separase todo lo posible de la América pobre y “bárbara” que lo rodea e incorporarse al mercado globalizado de Europa, tomando de ésta sus costumbres y prácticas culturales e institucionales, captando créditos y poniendo a la venta tierra, bienes y derechos de aduana en el libre mercado de valores.
El artiguismo para entonces había sido derrotado tres veces: militarmente en 1820, políticamente con la separación de la provincia oriental en 1830, y nuevamente en el terreno militar entre 1831 y 1836 con el desmantelamiento de las comunidades charrúas que albergaban en su seno la resistencia multicultural y agraria.
Artigas, desde el Paraguay, no permaneció neutral durante la Guerra Grande. Había condenado la Constitución de 1830 (“ahora ya no tengo Patria”) pero expresó su simpatía por la defensa de Rosas y Oribe de la soberanía americana frente a Garibaldi y a la escuadra anglo francesa al servicio de los “colorados”. Siempre consideró a los “colorados” como sus principales enemigos en la nueva república, a tal punto que se niega a volver al Uruguay escoltado por la escuadra anglo francesa a pesar del pedido de su hijo José María, por entonces oficial “colorado”.
La Guerra Grande genera la ruptura por décadas de las redes multiculturales que habían seguido a Artigas. Si bien los jefes artiguistas sobreviventes alinean en general con los “blancos”, por un tema de soberanía americanista, el conservadurismo social de los jefes oribistas es la antítesis del pensamiento social de Artigas.
El gobierno “colorado” de la Defensa (de Montevideo) promueve la abolición de la esclavitud junto con la obligatoriedad para todos los afrodescendientes de enrolarse en el Ejército de Línea. Para muchos jóvenes negros (asesorados por la sabiduría pragmática de sus sufridas madres) el Ejército fue la única opción de ascenso social y la oportunidad de aprender un oficio en las bandas musicales de los regimientos.
Nuestra tradición musical rural recoge desde entonces la fuerte presencia afro entre nuestros cantores y payadores del campo. Pero además esa vinculación obligada de los afro montevideanos al Ejército del Partido Único generó una memoria de lealtades que se transfirieron de generación en generación. Todavía un siglo después la población negra de Montevideo se seguía identificando, mayoritariamente, con el Partido Colorado.
Mientras tanto, los intelectuales “blancos” del Gobierno de Oribe en el Cerrito se dedicaron a hacer el prontuario de los crímenes de Rivera contra los charrúas, y reforzaron así el anti-coloradismo de la memoria rural. Los afrodescendientes de Cerro Largo alinearon mayoritariamente con los “blancos” por solidaridad con la aindiada gente del interior rural, mayoritariamente anti-riverista. Esta memoria también perduró más allá de la Guerra Grande. El poeta Benavides recupera en una canción esta adhesión de la gente del interior rural a los blancos todavía en 1904:
…Yo pertenezco a los indios
Del General Aparicio

En territorio argentino Juan Manuel de Rosas es finalmente derrotado por la alianza de los “unitarios”, sus jefes militares europeos, el imperio de Brasil y la decepción de los federales provincianos que esperaron en vano de Rosas una actitud consecuentemente federalista en sentido descentralizador del poder. Hasta Urquiza se suma a la campaña contar Rosas, quien termina exiliado en Inglaterra.
Es el fin de la Guerra Grande. Desde 1851 (y exceptuando el breve intento de fusionar los partidos) el Partido Colorado gobernará en exclusividad el Estado y su política pro-europea marcará la vida uruguaya con gran fuerza.
En efecto, la política de fusión de 1851(en el marco de la Constitución elitista de 1830) llevó a la presidencia llevó a la presidencias de Berro, que comenzó a desarrollar una política cautelosa de acercamiento al Paraguay de López.
El Paraguay era un país industrialmente desarrollado y con políticas de inserción social basadas en el (relativo) respeto a los pueblos originarios, la alfabetización masiva y el acceso democrático a la tierra. Su soberanía artesanal y manufacturera preocupaba a Europa tanto como la política internacional paraguaya de paz y no intervención con todos sus vecinos.
Cuando el Gobierno uruguayo empieza a vincularse al Paraguay el Partido Colorado, apoyado por la diplomacia de Europa, por Mitre y por el Emperador brasileño, da un nuevo golpe de estado, ahora a cargo de Venancio Flores. Las divisas rojas de Flores tienen dibujada una cruz porque la Iglesia bendice el golpe; Berro ha querido independizar al Estado de la Iglesia y eso es pecado a castigar.
Frente al Golpe de Estado en el Uruguay el Paraguay protesta y se solidariza con el gobierno uruguayo depuesto. López advierte que el golpe en el Uruguay es el primer paso para la invasión al Paraguay y no va a esperar de brazos cruzados el final de la Cruzada de Flores. Sabiendo que los “blancos” resisten a Flores, pero que Flores tiene el apoyo militar directo del Brasil, López mueve a un ejército paraguayo contra la ciudad brasileña de Uruguaiana. Para llegar a Uruguaiana pide autorización a la Argentina para cruzar su territorio por Corrientes, y Mitre autoriza de palabra pero luego denuncia que su país ha sido invadida por el Paraguay.
Los orientales “blancos” organizan la defensa contra Flores en Paysandú. Allí Leandro Gómez pasa a ser el símbolo de la causa americanista y recupera para los “blancos” ese honor. Gómez sabe que cada día que resista Paysandú es un día más que tienen los paraguayos para organizar su defensa. Pero no hay tiempo para la coordinación entre “blancos” y paraguayos, pese a los esfuerzos de Magdalena Pons, la joven enlace de Leandro que entra y sale de Paysandú disfrazada de mendiga. Los paraguayos son derrotados en Uruguaiana por la alianza de los “colorados” orientales, las tropas imperiales brasileñas y las argentinas de Mitre. Los “blancos” de Paysandú son fusilados; pelearon hasta el fin hombro con hombro junto a un puñado de heroicos federales brasileños. Liquidada la resistencia por aquí, la guerra pasa a territorio del Paraguay.
La crueldad genocida de la Triple Alianza contra el Paraguay independiente es por demás conocida. Europa aplaude el genocidio y en Montevideo el sector enriquecido de la creciente inmigración italiana y española festeja cada derrota paraguaya junto al gobierno “colorado”.
Pero la rebeldía “blanca” resurge en el campo, se extiende por Montevideo, y Flores debe volver de la guerra del Paraguay antes de que ésta termine para poner orden. No lo logra; antes bien, es apuñalado hasta la muerte por un grupo de hombres que lo emboscan en una esquina montevideana al grito de “viva el Paraguay independiente”.
El gobierno “colorado”, ahora sin su caudillo impulsa un baño de sangre para consolidar su poder. Todo vuelve a la normalidad… colorada.
Pero los nuevos gobiernos, y en particular Ellauri, no están en condiciones de modernizar el país al ritmo que lo requiere el mercado mundial. En la década de 1870 el Partido Colorado prepara el relevo de su desgastado sector civil por su sector militar. Lorenzo Latorre afila su sable.

* Artículo publicado en la Revista Desacato, que se publica en portugués y castellano en Santa Catarina, Brasil: http://www.desacato.info/

Gonzalo Abella es maestro e historiador. Militante de la izquierda anticapitalista y socialista

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Artículo publicado en el CONSTRUYENDO Nº33 de octubre 2008

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