Colapso financiero en Estados Unidos

08.Oct.08 :: Capitalismo



¿“Eutanasia del rentista” o matar al capitalismo?

Esteban Mercatante *

“Eutanasia del rentista” es la fórmula que propuso el economista británico John Maynard Keynes en los ’30 para plantear la necesidad de que el capital financiero especulativo se subordine al capital productivo. Hoy hay muchos que culpan de la crisis en curso a la conducta rapaz de los financistas y sostienen que ese camino de regulación es el que hay que retomar hoy. Pero, ¿puede eso realmente prevenir nuevas crisis?
Hoy vuelven a sonar fórmulas como la que propuso Keynes en los ’30, “eutanasia delrentista”, con la cual caracterizaba la situación en la cual el capital financiero especulativo se subordina al capital productivo. Muchos sostienen que esta “eutanasia” se concretó con las reformas que se dieron en el capitalismo mundial después de la crisis de 1929, y se terminaron de asentar con las reformas establecidas luego de la segunda guerra mundial, que incluyeron cierta “desmundialización” de la economía, férreo control público de los movimientos de capitales, y la paridad de las monedas a través de los acuerdos de Bretton Woods. Muchos culpan de la crisis en curso a la “resurrección” del rentista, es decir al desmantelamiento de los mecanismos de regulación que limitaban las posibilidades de desarrollo del capital financiero, controlaban la actividad de los bancos e impedían la creación de los numerosos instrumentos financieros con los cuales se produjo una explosión de la “titularización” de las deudas. Por eso, la lección que deja la crisis es que hay que restablecer las fuertes regulaciones a las operaciones financieras (…)
¡Es el capitalismo!
Pero es insostenible culpar de la crisis a la falta de regulación financiera. La crisis en curso no es una crisis de las finanzas, sino del capitalismo en su conjunto. Para comprobarlo, basta preguntarse a qué se debe que en las últimas tres décadas desde la crisis de mediados de los ’70, el nivel de inversión bruta se mantiene muy bajo, mientras que el grueso de las ganancias empresarias ha alimentado un crecimiento de la inversión financiera de más del 1.000% entre 1970 y 2006 (Michel Housson, “La tendencia a la baja de la inversión”). La respuesta está en la falta de oportunidades para sostener una acumulación rentable, a pesar de la recuperación de los niveles de ganancia gracias a la ofensiva sobre los trabajadores en todo el mundo. Esta mayor ganancia, gracias al formidable aumento de la explotación del trabajo, “no ha sido utilizada para invertir. La masa creciente de rentas no invertida fue principalmente distribuida en forma de rentas financieras, y es allí dónde se encuentra la fuente del proceso de financierización” (MIchel Husson, “La finanza y la economía real”).
A la vez, el creciente peso de las finanzas en el desenvolvimiento empresario, redundó en una mayor presión para el aumento de los rendimientos mediante incrementos de productividad y también mediante el aumento de la porción del valor producido que se transforma en dividendos empresarios; en suma, deprimiendo los salarios y acrecentando los ritmos de trabajo. Mientras que el resultado de este proceso es una masa creciente de ganancias, que no se reinvierten en la producción -por lo limitado de las oportunidades rentables- sino que son destinadas a nuevas inversiones financieras. Sin embargo la baja inversión general, no quita que tiendan a aparecer oportunidades de obtener rentabilidades superiores al promedio, como fue en los ’90 la “nueva economía” en EEUU, o las oportunidades generadas por la economía China.
Lo que sucede es que estas oportunidades alimentan expectativas irreales en las posibles ganancias, y la masa creciente de plusvalía no acumulada se invierte masivamente en todo sector o activo que realice tales promesas, disparando sus cotizaciones. El proceso por el cual se ha acrecentado el monto de capital financiero, que como vemos está estrechamente ligado a las condiciones del capital productivo, conduce permanentemente a la generación de burbujas, con los resultados catastróficos que presenciamos en las últimas décadas en toda la periferia capitalista, y ahora está afectando a la principal potencia económica (…)
¿Por qué esto debía terminar en crisis? Sencillamente, porque el crecimiento acelerado del capital financiero en busca de valorización, aunque exista la ilusión de que pueda actuar como una fuente de enriquecimiento autónomo, no hace más que generar ganancia mediante una punción operada sobre la plusvalía. Es decir que el monto acrecentado de capital financiero no logra desembarazarse de los límites estrechos de la explotación del trabajo. El crecimiento de las cotizaciones, la inversión mediante apalancamiento (tomando deuda), el endeudamiento de las empresas, debe tener un correlato en las posibilidades de generación de plusvalía. La masa creciente de activos financieros incrementa la presión sobre el capital productivo, para sacar tajadas crecientes de la plusvalía generada. Incluso con el aumento del consumo a crédito (íntimamente asociado a la caída en los niveles salariales): el capital financiero punza cada vez más sobre las remuneraciones de los trabajadores.
Claro que mientras todo iba bien, el mecanismo se retroalimentaba, la demanda deactivos impulsada por la alta liquidez empujaba las cotizaciones y los precios de las viviendas, y facilitaba las posibilidades de endeudarse; pueden entonces efectivizarse ganancias formidables. Pero tarde o temprano, la desvinculación creciente entre los activos totales y la fuente de ganancia estalla por sus eslabones débiles. En este caso estalló por donde era esperable: la insolvencia de los deudores hipotecarios menos solventes. Pero esa fue sólo la señal de alarma: puso en evidencia que estábamos ante un proceso de creación de riqueza financiera sin correlato con la extracción de plusvalía, y que por ende la perspectiva era una masiva destrucción de riqueza social.
Como vemos, la causa de la crisis está en el capitalismo mismo. En última instancia, el proceso de aumento de la explotación, aumento de la inversión financiera y generación de burbujas, ha sido una larga fuga hacia adelante, donde el capitalismo logró recuperarse de la crisis pero las contradicciones que empujaron a la crisis sólo fueron resueltas de manera parcial. La rentabilidad se recuperó gracias a la mayor explotación del trabajo, pero en un proceso que involucró también la creación masiva de deudas impagables, y el recurso creciente a mecanismos de valorización financiera en una magnitud que no guarda relación con la generación de plusvalor. La crisis en curso evidencia esto descarnadamente, mediante la formidable liquidación de capitales que se viene produciendo.
Los que plantean que hay que aliviar la carga de deuda hipotecaria, y no limitarse a salvar a las instituciones financieras, además de restablecer las regulaciones que limiten la acción de los bancos de inversión, y que restrinjan las posibilidades de la especulación inmobiliaria, pretenden concentrarse en los efectos más que en las causas.
Como mostramos, esta crisis es un resultado inevitable de la forma en que viene funcionando el capitalismo contemporáneo. El peso creciente de los mecanismos financieros para la creación de valor ha sido durante un largo tiempo una forma de mitigar las contradicciones entre mejora de la ganancia mediante un aumento de la tasa de explotación, y la estrechez de las oportunidades de inversión rentable. Aunque ha colaborado a agravar agudamente los desequilibrios, es una consecuencia y no una causa de la supervivencia del capitalismo. Las contradicciones cada vez mayores entre las posibilidades técnicas y lo que se puede producir de manera rentable, es lo que está en la base de esta crisis. No se terminará con la tendencia a las crisis catastróficas, si no se pone fin a la producción sometida a la estrecha base de la ganancia. Por eso es necesario expropiar a los expropiadores capitalistas.

* Extracto del artículo publicado en el Suplemento EconoCrítica Nº 6, Buenos Aires, setiembre 2008
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La creación incontrolada de capital ficticio

Francois Chesnais *

Estamos frente a uno de esos momentos en los que la crisis viene a expresar los límites históricos del sistema capitalista. No se trata de alguna versión de la teoría de “la crisis final” del capitalismo o algo por el estilo. De lo que sí se trata, en mi opinión, es de entender que estamos enfrentados a una situación en la que se expresan estos límites históricos de la producción capitalista. Y aunque no quisiera aparecer como un pastor con su Biblia marxista, quiero leerles un pasaje de El Capital:

“El verdadero límite de la producción capitalista es el mismo capital; es el hecho de que, en ella, son el capital y su propia valorización lo que constituye el punto de partida y la meta, el motivo y el fin de la producción; el hecho de que aquí la producción sólo es producción para el capital y no, a la inversa, los medios de producción simples medios para ampliar cada vez más la estructura del proceso de vida de la sociedad de los productores. De aquí que los límites dentro de los cuales tiene que moverse la conservación y valorización del valor-capital, la cual descansa en la expropiación y depauperación de las grandes masas de los productores, choquen constantemente con los métodos de producción que el capital se ve obligado a emplear para conseguir sus fines y que tienden al aumento ilimitado de la producción, a la producción por la producción misma, al desarrollo incondicional de las fuerzas sociales productivas del trabajo. El medio empleado - desarrollo incondicional de las fuerzas sociales productivas - choca constantemente con el fin perseguido, que es un fin limitado: la valorización del capital existente. Por consiguiente, si el régimen capitalista de producción constituye un medio histórico para desarrollar la capacidad productiva material y crear el mercado mundial correspondiente, envuelve al propio tiempo una contradicción constante entre esta misión histórica y las condiciones sociales de producción propias de este régimen. ((Karl Marx, El capital México, FCE, 1973, Vol. III, pág. 248)

Para superar los limites para el capital de las economías centrales, fue que todas ellas recurrieron a la creación de formas totalmente artificiales de ampliación de la demanda efectiva, las que, sumándose a otras formas de creación de capital ficticio, generaron las condiciones para la crisis financiera que se está desarrollando hoy. Para Marx, el capital ficticio es la acumulación de títulos que son “sombra de inversiones” ya hechas pero que, como títulos de bonos y de acciones aparecen con el aspecto de capital a sus poseedores. No lo son para el sistema como un todo, para el proceso de acumulación, pero sí lo son para sus poseedores y, en condiciones normales de cierre de los procesos de valorización del capital, rinden a sus poseedores dividendos e intereses. Pero su carácter ficticio se revela en situaciones de crisis. Cuando sobrevienen crisis de sobreproducción, quiebra de empresas, etcétera, se advierte que ese capital no existía… por eso también puede leerse a veces en los periódicos que tal o cual cantidad de capital “desapareció” en algún sacudón bursátil: esas sumas nunca habían existido como capital propiamente dicho, a pesar de que, para los poseedores de esas acciones, representaban títulos que daban derecho a dividendos e intereses, a percibir ganancias (…)

* Tomado de la exposición presentada por Chesnais, destacado economista marxista francés, en un encuentro organizado por la revista Herramienta el pasado 18 de septiembre en Buenos Aires.

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“Yo también quiero un plan de rescate”

Lourdes Heredia *

Denesa Segrest está a punto de perder su casa y mira con atención la pantalla de televisión mientras el Congreso vota por un plan de rescate. Ella es una de las 9.000 personas que enfrenta cada día la ejecución hipotecaria en Estados Unidos.
“Algo van a tener que hacer”, señala en el autobús de la BBC que viaja todo el país y ahora se encuentra en Memphis, Tennesse, una de las ciudades más pobres, pese la industria turística. “Yo no pierdo la esperanza de poder salvar mi casa, pero al ver a los políticos jugando a salvar la economía me da un vuelco en el estómago. Por un lado tienen que hacer algo, pero no confío en que lo hagan por el bien común”, señala Denesa. El sentir de ella, se escucha por todo el país. Denesa se mudó hace 5 años a una nueva casa que era su sueño hecho realidad.

La pesadilla

“Tiene un jardín y una reja muy bonita. Es de ladrillo con grandes ventanas. No es grande, pero sí es suficiente para mí y mis dos hijos”, le cuenta a BBC Mundo con lágrimas en los ojos cuando piensa que lo puede perder todo. ¿Ese paquete que me dice, señorita, me dará trabajo a mí?

Denesa es víctima de las hipotecas de alto riesgo. Al inicio pagaba US$ 215 de hipoteca al mes, ahora le piden US$ 1.125. Nunca se imagino estar en esta situación porque le prometieron una tasa de interés fija, sólo que se “olvidaron” de comentarle que sólo era por los dos primeros años. “Llevo dos meses sin pagar”, señala esta mujer cuyo trabajo, paradójicamente, es asesorar a otros para que no les pase lo que a ella. “Mi peor pesadilla es que vengan a sacarme de mi casa”, dice Denesa, que pasa de la incredulidad al enojo y la frustración.

La realidad

De camino al centro de la ciudad, en el bus, es fácil ver la dura realidad de muchas ciudades estadounidenses. Junto a mí está sentado Robert Milton Warren, quién lleva viviendo de la caridad por los últimos 8 años. “Yo perdí mi casa hace mucho. Vivo en la calle, me trato de duchar en baños públicos. Hay días que no como y nadie me da trabajo. ¿Ese paquete que me dice, señorita, me dará trabajo a mí?”, me dice cuando le preguntó sobre el plan de rescate.

Según los últimos datos, las nuevas reclamaciones de ayuda por desempleo subieron la semana pasada a su mayor nivel en siete años. Según el Congreso, desde el inicio del año se han perdido 800.000 puestos de trabajo y el nivel de desempleo podrá alcanzar el 7% en un futuro cercano.

En el Parque Central, donde hay un escenario para distintas bandas, la vida continúa como si nada estuviera pasando. O por lo menos eso parece a simple vista. Ahí se reúnen turistas y cuando les pregunto sobre el paquete económico, sus ojos invariablemente se entristecen. Muchos se preguntan si realmente el plan de rescate ayudará a salvar empleos y a minimizar las ejecuciones hipotecarias, como dicen los políticos.

Blind Missisisppi Morris y esposa

“Yo perdí mi casa hace mucho. Vivo en la calle, me trato de duchar en baños públicos. Hay días que no como y nadie me da trabajo. ¿Ese paquete que me dice, señorita, me dará trabajo a mí?”, me dice cuando le preguntó sobre el plan de rescate.

Bailar sin pensar

“No quiero pensar en eso”, me dice Pam Rivard que llegó desde Georgia a Memphis, “la ciudad donde vive Elvis Presley” en el viaje anual con sus amigas. “La gente se acostumbró a ganar y nunca a perder. La avaricia se convirtió en el rey de Wall Street y ahora todos tenemos que pagar los platos rotos… pero ¿qué otra cosa podemos hacer?”, dice mientras las amigas la jalan para que siga bailando de bar en bar.

Cuando termina su presentación, el músico Blind Missisisppi Morris le cuenta a BBC Mundo que él también está a punto de perder su casa. “Yo también quiero un plan de rescate”, bromea, mientras su esposa Melody comenta que la risa es sólo un mecanismo de defensa. “Tratamos de seguir nuestra vida lo mejor posible. Trabajamos más y compramos menos, en espera que las cosas mejoren, aunque a veces nos falta el optimismo”, explica la señora.

Melody resume bien lo que se siente estos días en las calles de las ciudades estadounidenses: la espera de tiempos mejores, con la incertidumbre de si algún día llegaran.

* Periodista dominicana, corresponsal de BBC Mundo en EEUU.

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Artículo publicado en el CONSTRUYENDO Nº33 de octubre 2008

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