Guevara y el socialismo en el siglo XXI

El 8 de octubre se cumple un nuevo aniversario de la caída en combate del guerrillero heroico, Ernesto Che Guevara. Han pasado 41 años desde que el Che disparara su última bala, luchando por la liberación latinoamericana en camino al socialismo.



La muerte del Che en Bolivia no solo dejó a los trabajadores y capas populares explotadas sin uno de sus referentes revolucionarios más importantes, sino que también se apagó una de las cabezas más lúcidas a la hora de la lucha por la construcción del socialismo. Muchos/as quizá recuerden al Che como un individuo dispuesto a empuñar el fusil como herramienta de lucha revolucionaria, jugándose la vida por la liberación de los pobres y excluidos. Es una imagen cierta. Pero no es menos cierto que, además de guerrillero, el Che fue un profundo pensador marxista, revolucionario, socialista. Y no solo pensó, sino que trabajó por llevar a la práctica todo aquello que manejaba en la teoría. Decimos más; el Che dedicó mucho más tiempo en su vida a su formación ideológica que a empuñar el fusil. Dedicó más tiempo a pensar, analizar, investigar y crear, buscando soluciones para los pueblos latinoamericanos, que los años que fue guerrillero. Así mismo, siempre fue un combatiente popular por el socialismo.
En su tiempo la lucha por el socialismo se enmarcaba en la confrontación entre dos grandes bloques: el capitalista, liderado por EEUU, y el socialista, apadrinado por la URSS. Aunque, como bien denunciara Che en su momento, la URSS había iniciado, hacía ya algún tiempo, el camino que lo llevaría a la restauración del capitalismo. Errores en la interpretación de la teoría que fueron trasladados a la práctica, llevaron a que se malograra el socialismo soviético y de Europa del Este. Che atribuyó estos errores a una lectura dogmática de la teoría, y a una aplicación burocrática de algunos postulados del marxismo. Che luchó, en aquellos tiempos, por devolverle el carácter revolucionario a la teoría revolucionaria del marxismo. La realidad demostró que la construcción del socialismo con las armas melladas del capitalismo era una vía muerta, y que lo único que haría sería retroceder al capitalismo. Así lo manifestó Che, y así sucedió.

La única alternativa para los pueblos

La caída del “socialismo real” (lo que incluye la implosión de la URSS, el desmadre del “socialismo burocrático” de Europa del Este, la restauración capitalista en China, Vietnam, Corea, el estancamiento por aislamiento de Cuba, etc.) llevó a la propagación a nivel mundial del revisionismo: “revisarlo todo”. Esta revisión, producto del fracaso de una vía (la soviética) al socialismo, se implanto a nivel ideológico, económico, político, estratégico, organizativo, etc. El remedio fue peor que la enfermedad y terminó por matar al paciente. Como el “socialismo” había fracasado, la solución pasaba por mejorar el capitalismo, democratizarlo, y utilizar al estado como un ente supra-clasista, capaz de conciliar los intereses de explotadores y explotados.
Che fue un profundo crítico del socialismo. Pero lo fue desde el marxismo. En el entendido que lo que en algunos lugares se llamaba socialismo, en definitiva no lo era, sino que era un “capitalismo de estado”, si uno lo interpretaba desde una visión marxista revolucionaria, y no desde el “marxismo ortodoxo” (o anti-marxismo).
El socialismo pregonado por Che se basaba no solo en la aplicación de un régimen económico donde los medios de producción estuviesen en manos de los trabajadores, donde el estado garantizase trabajo, educación, vivienda, salud, etc., donde se exigiera de cada quien según su capacidad y se otorgase a cada quien según su necesidad, donde la planificación de la producción fuese el eje del desarrollo; sino que además se basase en el desarrollo de un ser humano nuevo: lo que llamaba genéricamente “el hombre nuevo”. Este hombre (y mujer) nuevo debía ser portador de los valores del comunismo, los valores nuevos, en contraposición con los valores capitalistas. Para eso había que desarrollar en los individuos la conciencia socialista. Ese nuevo ser socialista se formaría a la par con el avance del socialismo en lo económico. Es decir, en la medida que se avanza en la implantación del socialismo como sistema económico, avanzar en la formación del hombre en los valores socialistas. Esto es: el colectivismo, como contraposición al individualismo; el espíritu de sacrificio, la abnegación; el estímulo moral (de carácter eminentemente social, o sea hacer las cosas por el bien común) en contraposición con el estimulo material (de carácter individual, egoísta, donde se hacen las cosas para ganar más dinero), etc.
Hoy, a más de 40 años de la muerte del Che, los pueblos siguen buscando alternativas de liberación. Algunos con más lucidez, otros con menos. Algunos más concientes de hacia donde ir, otros menos. Pero lo que es cierto es que los pueblos en general, y en particular en nuestro continente están hartos de este régimen de explotación y marginación, impulsado por el imperialismo. Algunos pueblos han desarrollado un gran nivel de “anticapitalismo” y desarrollan luchas por el socialismo. Otros aun creen que el capitalismo puede humanizarse, y que se puede arribar a la justicia social en el marco del sistema.
Ante la caída del “bloque socialista”, el único vencedor ha sido el imperialismo. Y ha aprovechado esta victoria para convencernos de que la única solución para los pueblos es más capitalismo, más neoliberalismo. Pero no hubiese podido solo, y a los aliados históricos de las oligarquías nativas, se sumaron los ex izquierdistas y ex socialistas dispuestos a “revisarlo todo”. Han sido éstos sectores (los revolucionarios arrepentidos, los de la izquierda “responsable”, “realista” y “seria”) quienes le han hecho el juego a la derecha. Ser crítico con los errores está bien, pero para corregir y mejorar. Pero los críticos “pos-socialistas” se han encargado de embellecer el capitalismo y convencer a las masas de que se puede “mejorar”, “humanizar” y “democratizar”; que no se precisa luchar por el socialismo. Una cosa (al menos) nos enseñó el Che, que en el imperialismo no se puede confiar “ni un tantito así, chiquitito”. Mucho menos en las burguesías aliadas, ni en los revolucionarios arrepentidos.
Recordar al Che, a 41 años de su caída, es retomar la lucha por el socialismo. Es reconstruir el movimiento social combativo. Es reconstruir el partido de las ideas, ese bloque monolítico que nos permitirá luchar por la liberación. Recordar (y emular) al Che es comprometerse con las luchas de liberación de todos los pueblos del mundo, en contraposición con quienes colaboran con el envío de tropas a Haití, Congo, comparten maniobras militares con los yanquis, etc.
El socialismo en el Siglo XXI será de los trabajadores y el pueblo, o no será. Será antiimperialista y anticapitalista, o no será. Será contra las oligarquías y sus alcahuetes o no será. Será mediante las formas de lucha que el pueblo se dé, porque todas las formas de lucha son válidas. El socialismo en el Siglo XXI será participativo y democrático, o no será. Para que sea verdadero socialismo, se construirá sin las armas melladas del capitalismo.

Federico Boga es integrante de la Juventud Guevarista, organización juvenil del MRO-FRAS

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Artículo publicado en el CONSTRUYENDO Nº33 de octubre 2008

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