¿Un capitalismo productivo y sensato?

\"\" “Los economistas que pretenden explicar por la especulación las repetidas sacudidas de la industria y el comercio, se asemejan a esa escuela perimida de la Biología que consideraba a la fiebre como causa de todas las enfermedades.” (Karl Marx, artículo publicado en el New York Tribune, 15 de diciembre de 1857)



El colapso financiero de los últimos meses vuelve a mostrar la realidad cruel del capitalismo. Cada vez se hace más evidente la faceta de un sistema que se funda sobre la producción y reproducción de las desigualdades sociales a una escala jamás conocida en la historia. Bastaría con registrar que mientras en el último año las Bolsas quemaron en la hoguera especulativa 14,3 billones de dólares (un patrimonio equivalente al Producto Bruto de Estados Unidos), y el salvataje estatal a los banqueros en los países imperialistas consume cantidades indescifrables de dinero, la miseria social se expande por los “países subdesarrolados”.
Esos mismos países -ahora bautizados como “mercados emergentes”- fueron blanco del endeudamiento externo, las “reestructuraciones” capitalistas y los “planes de ajuste” de las instituciones financieras internacionales. Los servicios públicos de salud fueron desmantelados/privatizados, y el hambre adquiere una dimensión masiva. Según la ONU, alcanzarían 1.000 millones de dólares para reducir a la mitad las víctimas del paludismo. De acuerdo con la FAO (agencia de la ONU para la alimentación), el mundo tiene hoy recursos suficientes para alimentar a ¡24.000 millones! de personas, no obstante, más de 1.000 de los 6.000 millones de habitantes del planeta, están hambrientos.
En pocas semanas, el despilfarro obsceno del capitalismo se tragó mucho más que las sumas necesarias para arrancar de la miseria más atroz a una buena parte de la humanidad.

La hiper-competencia entre capitales

En la vorágine que produce la debacle, despuntan nuevos y viejos tópicos: la idea de una economía capitalista real opuesta a una esfera financiera enteramente virtual.
La característica principal del capitalismo contemporáneo, no reside por una oposición entre un capital productivo y un capital financiero, sino en la hiper-competencia entre capitales lo cual conduce a la financiarización. Esta interpretación nos lleva directamente a observar la correlación entre desocupación y financiarización como un hilo que teje las condiciones de explotación. En tal sentido, no se puede separar la tendencia autónoma de las finanzas del funcionamiento “normal” del “buen” capitalismo productivo. El capital financiero juega un rol decisivo en la apropiación del “valor agregado” (explotación de la fuerza de trabajo): a partir del momento en que la tasa de ganancia aumenta gracias al retroceso salarial sin reproducir las ocasiones de acumulación rentable, las finanzas entran a jugar un rol funcional en la reproducción capitalista. Dicho de otro modo: las ganancias patronales que no se invierten para generar nuevas inversiones productivas y nuevos empleos, son distribuidas bajo la forma de ganancias en los mercados financieros. Para asegurar o multiplicar la rentabilidad de los capitales.
En todo caso, lo que ha hecho el capital financiero es darle alas a la explotación para poder así mejor mantenerla. Si a esa explotación, dentro del capitalismo, se le cortan las alas, no por ello desaparecerá la explotación capitalista en ningún lugar. Quien piense por lo demás que lo que están haciendo hoy los gobiernos de EEUU y la Unión Europea tiene que ver con un auténtico control democrático del capital financiero se equivoca. Más se equivoca aún quien considere que estamos ante el fin de la versión neoliberal del capitalismo o ante la derrota de las recetas del Consenso de Washington. Es importante distinguir entre el aspecto teórico o ideológico de la crisis y el componente práctico. Si se analiza la trayectoria del neoliberalismo, encontramos que las intervenciones estatales, bajo distintos formatos, fueron recurrentes. Todas ellas a favor de los patrones.

Una violenta ofensiva contra los trabajadores

Algunos dan la recesión como un hecho. Otros, los menos pesimistas, la anuncian para 2009. De todas maneras coinciden en un dato: la recesión alcanzará a los países que, de conjunto, representan el 65% PIB mundial. Ni siquiera la “locomotora” china se escapará de este verdadero tsunami económico.
Es en la profundidad de esta crisis capitalista, que todos los programas de “austeridad” y de ataque a los derechos sociales, van a reforzarse. La crisis entra con todo en mar abierto y chocará contra el ingreso de los asalariados y los jubilados, con un crecimiento masivo de la desocupación, la pobreza, la miseria social. Las multimillonarias sumas afectadas a los diferentes planes de salvataje financiero en las potencias centrales (o para “prevenir” los impactos de la crisis internacional, como ya hace, por ejemplo, el gobierno Lula), tendrán como contrapartida la reducción del “gasto público” (inversiones públicas, salarios, seguridad social, salud, educación, etc.)
Se reducirán aún más las “cargas sociales”, es decir, la parte del salario indirecto (salario social) que cumple una función central en la reproducción de la fuerza de trabajo bajo la forma de prestaciones sociales. Esto se acompañará de exoneraciones tributarias y subvenciones a los empresarios para bajar el “costo del trabajo” y recuperar la “rentabilidad” (tasa de ganancia) empresarial.
Y, muy brevemente, podemos resumir los factores que, según Marx, permiten esa recuperación de la tasa de ganancia capitalista: a) aumento del grado de explotación del trabajo; b) reducción del salario por debajo de su valor (sobre-explotación); c) abaratamiento de los elementos que constituyen el capital constante (máquinas, materias primas, edificios); d) incremento del desempleo (ejército industrial de reserva) y subempleo (precarización); e) conquistas comerciales en el mercado mundial; f) aumento del capital-acciones, o sea, capital ficticio.

La inmoralidad de la explotación

Con una manifiesta incapacidad de la izquierda y del sindicalismo de atacar el corazón del sistema (es decir, la apropiación privada del trabajo social)), los fantasmas generados por el régimen del capital como el del “capitalismo financiero despiadado” y el del especulador “inmoral, ávido y corrupto”, seguirán integrando los temas de las plataformas “reivindicativas” del sindicalismo burocrático y los discursos del “progresismo”. Todos ellos hablan de la muerte de los paradigmas neoliberales y la vuelta al Estado “regulador”.
El fin del capitalismo (y su fase neoliberal) como sabemos, está aún lejos de nosotros. Para acabar con ellos es necesario ir a la raíz, donde descubriremos que lo que los hace vivir es la posibilidad de que existan en nombre de la libertad, la expropiación de derechos y la compraventa de la fuerza de trabajo. Marx y Engels sostenían que el comunismo, además de presuponer la dictadura del proletariado, esto es la “conquista de la democracia”, implicaba la “supresión del trabajo”. Dado que “trabajo” es para Marx utilización de la mercancía fuerza de trabajo en el proceso de producción, supresión del trabajo no quiere decir, evidentemente, fin de la producción, sino de la existencia de la fuerza de trabajo como mercancía. Algo que va mucho más allá de sumarse al coro de los que claman contra la “inmoralidad” de los “mercados financieros” y un regreso al “Estado keynesiano”, pues implica elevarse también contra la inmoralidad de la explotación y de la propiedad privada. Una inmoralidad (capitalista, burguesa), que genera destrucción permanente de las condiciones de vida de los trabajadores y sus familias.
Es divertido ver como los fanáticos liberales y los “progresistas” reconvertidos se juntan para proponer un “capitalismo sensato”, “responsable”, “productivo”, “humano”, “autorregulado”. Pero, la ideología del “libre mercado”, de la restricción presupuestaria, de la contención salarial, de la flexibilización laboral, de las privatizaciones, lejos de agonizar se apresta a dar un nuevo zarpazo a los trabajadores y oprimidos, para cobrar así las facturas de la presente crisis.

Ernesto Herrera es miembro del Colectivo Militante

barrapunto  Tuenti  twitter  facebook  Meneame  google