Crisis y elecciones en EEUU

21.Nov.08 :: Imperialismo

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Barack Obama: ¿Un nuevo Tío Tom?

x Atilio A. Boron

En vísperas de las elecciones estadounidenses, Noam Chomsky dijo que Barack Obama “era un blanco que había tomado demasiado sol”. Ese comentario fue repudiado por la intelectualidad “progre y bienpensante” del mundo entero pero, en vista de la formación ideológica y los intereses defendidos por las personas recientemente consultadas para elaborar una estrategia de salida de la crisis, la advertencia del gran lingüista del MIT parece plenamente justificada.

En efecto: solicitar la opinión de Paul Volcker, ex chairman de la Reserva Federal en los años de Reagan; de Warren Buffett, un megaespeculador del casino financiero mundial; o de Lawrence Summers, ex funcionario del Banco Mundial y secretario del Tesoro de Clinton, al igual que Robert Rubin; a Jamie Dimon, actual presidente del Banco de Inversión J. P. Morgan, y Timothy Geithner, ex gerente del FMI y actual presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, no parece ser el camino más apropiado para quien hizo su campaña predicando incansablemente que representaba el cambio y que iba a garantizar el cambio que la sociedad norteamericana reclamaba con creciente insistencia.
Todos estos personajes integran el núcleo fundamental del capital financiero y son responsables directos del estallido de la crisis que hoy agobia a la economía mundial y que –no es un dato menor– ha servido para concentrar aún más el poder que detentaban los más agresivos conglomerados del capital especulativo a escala mundial.
Obama recibió un mandato que le exige escuchar otras voces y guiarse por otros intereses, y está desoyendo ese mensaje. En lugar de reunirse con los agentes de Wall Street tendría que haber convocado a los principales líderes de los movimientos sociales que lo catapultaron a la Casa Blanca; a los organizadores sindicales, perseguidos sin pausa desde hace años, incluso en los años de Clinton; a los economistas heterodoxos, como Paul Krugman, John K. Galbraith hijo o Robert Solow, sin ir más lejos, que ya expresan su preocupación ante el retorno de los talibanes de mercado que originaron la actual tragedia. Su búsqueda de un “acuerdo bipartidario” para enfrentar la crisis y su opción por dialogar con los autores del desastre equivale a pedirle al zorro que cuide el gallinero. Obama tiene poco tiempo, muy poco, para definir lo que será su gobierno.
Lo peor que podría ocurrir es que “el negro” de la Casa Blanca –tan celebrado por un periodismo poco cuidadoso como el iniciador de una nueva época histórica– termine siendo lo que en los Estados Unidos despectivamente se conoce como un “Tío Tom”: un negro desclasado que traiciona a los suyos y que se pone al servicio de sus amos. Todavía es prematuro llegar a esta conclusión, pero conviene repensar lo que dijo Chomsky y tratar de evitar tan lamentable frustración.

A. Boron es Doctor en Ciencia Política de la Universidad de Harvard y profesor titular de Teoría Política de la UBA. Es autor del libro, “Imperio & Imperialismo. Una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri”. Clacso, Buenos Aires, 2002. El artículo fue publicado en el diario Página/12, Buenos Aires, 9-11-08.

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La crisis social en el imperio: Un sombrío telón de fondo

x Celeste Murillo

Día tras día se conocen cifras que hacen cada vez más evidente la enorme crisis social en el corazón de Estados Unidos. El último informe de desempleo sólo confirma la realidad que viene sufriendo la clase trabajadora estadounidense: el 6.1% está desocupado, y la cifra trepa al 11.9% si se considera a los subempleados (el porcentaje más alto en los últimos 14 años). Ya existen más de 10 millones de desempleados, un 25% más que a principios de año (40% más que en marzo de 2007). Y son un total de 17 millones si se cuenta a quienes ya están “desanimados” y no buscan trabajo o trabajan part-time (porque no encuentran trabajo de tiempo completo). El panorama no es alentador: se estima que por cada puesto de trabajo que se crea, existen casi 3 nuevos desocupados (cifras de Economic Policy Institute y al censo oficial). Los pronósticos auguran que la desocupación este año llegará al 7% según los cálculos más “optimistas” y al 9% según los más pesimistas.
Ya nadie tiene reparos en hablar de recesión y no es para menos: los últimos datos atestiguan que la economía se contrajo un 0.3% el pasado trimestre, el consumo -que representa 2/3 de la actividad económica del país- cayó 3.1% (anuncio del Departamento de Comercio de EEUU). Al tendal de la desocupación se suma el endeudamiento masivo de las familias trabajadoras, las más golpeadas por la crisis del mercado hipotecario. A mitad de año, 1 de cada 416 hogares había recibido una notificación de ejecución hipotecaria, en septiembre 265.968 hipotecas fueron ejecutadas (y se calcula que 2 millones de las viviendas compradas con un crédito subprime correrán la misma suerte (…) Cada vez son más quienes no pueden pagar las cuotas que representan en muchos casos más de la mitad de sus ingresos. El salario real medio cayó un 1.6% durante el último año, consecuencia del estancamiento salarial, el aumento de los precios y el endeudamiento. La realidad no es mejor para quienes ya no trabajan, ya que la crisis financiera representó una pérdida de 2 billones de dólares en jubilaciones.
El impacto de la crisis es una herida profunda en el ya castigado bolsillo de los trabajadores y los sectores medios empobrecidos: antes de la crisis, más de 51 millones vivían en la pobreza, 50 millones no tenían seguro médico y 35 millones pasaron hambre.
Esta crisis puede motorizar la movilización y la lucha de los trabajadores, pero al mismo tiempo puede alentar tendencias reaccionarias de los sectores que fueron la base social de los años neoliberales, quienes se resistirán al trastocamiento de su estilo de vida. Ya empezamos a verlos en quienes acusan a Obama de querer “redistribuir la riqueza” (ante el amague de un supuesto alivio impositivo a los sectores empobrecidos) y “robarle a los ricos para darle a los pobres”. Esta resistencia que se expresa de forma política y como reacción cultural, adquirirá formas más extremas de las que hoy conocemos.
La única fuerza capaz de enfrentar la barbarie y la degradación que prepara el capitalismo es la clase social más poderosa, los más de 150 millones de trabajadores y trabajadoras. En ese camino, la clase obrera de EEUU tendrá, no sólo que sacarse de encima la enorme traba de la burocracia sindical pro patronal, sino unirse a los sectores más explotados, mujeres, jóvenes, latinos y afroamericanos, y al conjunto de oprimidos y explotados dentro y fuera de Estados Unidos, cuya movilización fortalece su lucha.

Tomado de La Verdad Obrera, Buenos Aires, 6-11-08.

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