Congo: Una guerra de saqueo

\"\" Es el conflicto más letal desde la Segunda Guerra mundial. Alrededor de 5 millones de personas han muerto en los últimos 10 años y 250 mil han sido desplazados tan solo en los últimos meses. El corazón de esta guerra son los recursos naturales que posee el país y las corporaciones multinacionales que los extraen. En el Congo, África central, la ONU mantiene una fuerza de ocupación de 17 mil “cascos azules”, integrada por soldados de India, Pakistán, Bangladesh Sudáfrica y Uruguay. Ahora, la “misión de paz” tiene permiso para “disparar contra los rebeldes”.



La ONU otorga licencia para matar

¡Fuera las tropas uruguayas de ocupación!

Dos años después de celebradas unas elecciones libres, democráticas y trasparentes en la República Democrática del Congo (RDC), el pueblo congoleño de las provincias del este del país, Kivu-Norte y Kivu-Sur, sigue viviendo una pesadilla de violencia, inseguridad y violación permanente de los derechos humanos. Los asesinatos, violaciones, saqueos, batallas, huída de la población, resurgen de nuevo y se multiplican, alejándose así toda esperanza de restauración de la paz, condición necesaria para comenzar a mejorar las condiciones de vida de una población sumida por décadas en la pobreza y la inseguridad.
El artífice de tanto sufrimiento es Laurent Nkunda, tutsi congoleño, dirigente de la guerrilla que asola esta zona de la RDC. Nkunda y sus hombres están apoyados claramente por el gobierno de Ruanda que, a su vez sirve los intereses de grandes potencias imperialistas (Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica, Holanda).
Pero ¿por qué se interesan estas grandes potencias por el este de la RDC? La respuesta es evidente: en esa zona existen importantes minas de coltán (80% de las reservas mundiales, de alto valor para la tecnología de punta, como la telefonía celular), casiterita, diamantes, oro, petróleo. Los minerales que salen del país en camiones y helicópteros, vía Ruanda, y terminan en las manos de las multinacionales de occidente.
Lo que hasta hace poco era sólo una sospecha o parecían hechos aislados, ha ido tomando cuerpo gracias a las numerosas denuncias de la sociedad civil: la MONUC, (Misión de la Organización de Naciones Unidas), no está cumpliendo con los objetivos de su “misión de paz y de protección” a la población. Fuentes fidedignas sobre el terreno acusan a estas “fuerzas de paz” de trasladar soldados ruandeses en sus helicópteros, entregarles uniformes de la MONUC, permitir el paso de la frontera a militares ruandeses y trasladarlos a los lugares donde están las guerrillas de Nkunda; les acusan, de permanecer inactivos cuando atacan las guerrillas, de no dar su apoyo al ejército gubernamental cuando éste más lo necesita. Ante todo esto se comprende que la población se haya manifestado estos últimos días contra las fuerzas de la MONUC acusándolas de apoyar al enemigo y pidiéndoles que se marchen del Congo.
Se trata de un país inmensamente rico en recursos naturales aún sin explotar. En la región este abundan los minerales estratégicos. No obstante, la población se encuentra en las condiciones de vida más atroces. El ingreso anual per cápita es de US$ 120; la expectativa de vida apenas alcanza los 45 años para los hombres y 48 para las mujeres; el analfabetismo llega al 65%; y la mortalidad infantil es de 205 cada 1.000 nacidos vivos. En las minas el trabajo esclavo y semi-esclavo es masivo, incluyendo a niños y mujeres embarazadas.
Mientras tanto, las multinacionales norteamericanas, europeas y los traficantes ruandeses saquean las riquezas naturales, explotando sin límite alguno a la clase trabajadora congolesa. Al precio de millones de muertos, mutilados y desplazados. Según datos de la consultora Crisis Group, con sede en Bruselas, unas 1.000 personas al día mueren como consecuencia de la guerra, tanto en enfrentamientos como por enfermedades, hambre y violencia indirecta.
En este país sometido salvajemente, está las tropas de ocupación de la ONU. Que nada tienen que ver con la “ayuda humanitaria”, ni con la “estabilidad” del país. Por el contrario, juegan como en Haití, Camboya y otros tantos lugares, como una fuerza a favor de la guerra y de los intereses imperialistas. Son el brazo armado de la “comunidad internacional” que asegura las ganancias de multinacionales y clanes de traficantes.
Allí están metidos los “cascos azules” uruguayos enviados por el gobierno del Frente Amplio. Como peones del tablero geopolítico imperialista. De nada sirve que el Ministro de Defensa, José Bayardi, diga -ante la decisión de la ONU de que la soldadesca tiene licencia para matar- que “fuimos a una misión de paz (…) no fuimos como un Ejército a imponer soluciones militares”. (El País, 6-11-08). Nada justifica la ocupación de otro país. Ni prestarse a las guerras sucias del imperialismo y las multinacionales.
Desde Construyendo, hacemos un llamado a las organizaciones populares, clasistas y revolucionarias para denunciar, movilizarnos y exigir el fin del genocidio. “No a la ocupación! ¡Fueras las tropas uruguayas del Congo!

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