Adelantamiento de las elecciones en Argentina: Se aceleraron los tiempos políticos

\"\" La inteligente jugada del gobierno de adelantar las elecciones cambió el escenario político. Con esta iniciativa se acrecientan las posibilidades de triunfo del kirchnerismo en las elecciones parlamentarias, aunque no podrá revertir el paulatino debilitamiento del poder K. Sin adversario de peso por arriba, y nada serio que lo desafíe por abajo, con poco le alcanza al kirchnerismo, pese a todo, para sostener su primacía política en junio. Sin caer en posiciones principistas, debemos aprovechar esta coyuntura multiplicando las iniciativas de agitación y propaganda para llegar con una perspectiva socialista y revolucionaria a sectores más amplios del pueblo trabajador.



En el número anterior de A Vencer, en esta misma sección, señalábamos que el kirchnerismo debilitado se esforzaba por poner un freno a la “diáspora” iniciada en sus filas, a través de la implementación del “operativo clamor” para instalar la candidatura de Néstor Kirchner en provincia de Buenos Aires. El adelantamiento de los comicios para el 28 de junio, aprovechando el anuncio en similar sentido efectuado previamente por el macrismo para Capital Federal, constituyó una inteligentísima iniciativa que permitió a los K dar un salto cualitativo en esta orientación. Con esta jugada el kirchnerismo acortó drásticamente los plazos de resolución, marcó de forma inmediata los marcos de acción para la coyuntura y forzó a todos los referentes de la oposición burguesa a bailar al ritmo impuesto desde la Casa Rosada.

Pergeñada en la mesa chica de discusión K, y rápidamente instrumentada a través de la bancada parlamentaria, la decisión de adelantar las elecciones consolida las posiciones y favorece las chances del kirchnerismo, por diversos motivos: acorta el tiempo de desgaste al que está expuesto el gobierno nacional en un contexto de crisis económica mundial que ya se hace sentir en nuestro país, le quita tiempo de armado al archipiélago opositor, al mismo tiempo que evita la fuga de más “kirchneristas sin otro remedio” -de los que abundan en el conurbano bonaerense-, tentados por la abultada billetera y las duras manos de Francisco De Narváez, quien cuenta con el apoyo de Eduardo Duhalde. En este escenario, la línea argumentativa y la lógica de campaña que propondrá Kirchner es la que se explica ampliamente en el editorial del presente número de AV (ver “La única respuesta es la lucha y la organización”, en página 3)

Sin embargo, esta maniobra no saldará por si sola una tendencia que parece irrefrenable: el paulatino debilitamiento del poder político del kirchnerismo. Este declive ni siquiera se revertirá con el esperable triunfo del oficialismo a nivel nacional, ya que el mismo se logrará con demasiada “tropa ajena”: será un triunfo notoriamente pejotizado y ese precio indefectiblemente se paga con el tiempo. ¿O acaso Kirchner podrá considerar como propio un eventual triunfo de Reutemann en Santa Fe, quien pese a romper con el gobierno nacional evalúa un acuerdo electoral con Agustín Rossi, referente K en esa provincia?, ¿o del dasnevismo en Chubut?, ¿o un triunfo peronista en Entre Ríos en yunta con la tropa del ex gobernador (siempre cercano a Duhalde) Jorge Busti? A lo que deberá sumarse las seguras derrotas en Ciudad de Buenos Aires y en Córdoba, a manos de Macri y Luis Juez, respectivamente. Incluso en la misma provincia de Buenos Aires no faltarán los intendentes que por lo bajo jueguen a dos puntas, metiendo sus principales fichas en las listas del Frente Para la Victoria-PJ y a las de segundo orden en las del neo-duhaldismo.

Como se ve, el cuadro que tendremos el 28 de junio por la noche no le ofrecerá a los K motivos fundados para desplegar un exultante y eufórico triunfalismo. En verdad, la mayor fortaleza del kirchnerismo tiene su origen hoy en dos causas de raíz diversa pero que coadyuvan en sus efectos: por un lado, la notoria debilidad y fragmentación de la oposición burguesa en el plano nacional; por el otro, la marginalidad y escasísima incidencia de las fuerzas obreras y populares que proponemos una transformación revolucionaria de la sociedad. Sin todavía un adversario de peso por arriba, y sin nada serio que lo desafíe por abajo, con poco le alcanza al kirchnerismo, pese a todo, para sostener su primacía política.

Una vez más, la ausencia de alternativa

Por momentos parece un lamento quejoso o una muletilla que se repite de tanto en tanto, pero lo cierto es que es un dato contundente de la realidad la carencia de un proyecto político de transformación revolucionaria, con cierto arraigo de masas, que pueda convertirse en una opción tangible para un sector importante de la clase trabajadora y el pueblo.

Frente a este panorama adverso, en las coyunturas electorales suelen ser habituales las posiciones “principistas” de los que creen mantenerse puros por denunciar el agotamiento histórico de la democracia burguesa entre 50 personas que ya piensan lo mismo y a las que no hay que convencer de nada (con esto se quedan tranquilos y vuelven a sus casas con la satisfacción por la tarea cumplida). Sin embargo, como enseña la sabiduría popular, “perro que ladra no muerde” o, en el mejor de los casos, esa pirotecnia verbal más que a una mordida se asemeja a la picada superficial de un mosquito anémico. Es que sólo una mirada muy estrecha puede ubicar exclusivamente las causas de esta ausencia de opciones en el electoralismo de la izquierda tradicional (que existe efectivamente y produce repulsión, pero no explica por si solo este fenómeno). Como enseñara el tantas veces citado, pero bastante menos comprendido, V.I. Lenin “manifestar el ´revolucionarismo´ sólo con injurias al oportunismo parlamentario, sólo condenando la participación en los parlamentos, resulta facilísimo; pero precisamente porque es demasiado fácil no es la solución de un problema difícil, dificilísimo” (“La enfermedad infantil del ´izquierdismo´ en el comunismo”, 1920).

Por nuestra parte, ante la aceleración de los tiempos políticos que produjo el adelantamiento de las elecciones, debemos prepararnos para aprovechar esta coyuntura a través del desarrollo de una intensa labor de propaganda y organización; estimulando incesantemente la lucha de clases y las formas extraparlamentarias de pelea allá donde podamos; multiplicando al mismo tiempo las iniciativas de agitación y propaganda para llegar con una perspectiva socialista y revolucionaria a sectores más amplios del pueblo trabajador.

La forma táctica concreta que adopte esta política la definiremos en las próximas semanas a través del debate democrático en nuestra organización y con otras fuerzas del campo obrero y popular, con las que compartimos militancia y lucha en diversos ámbitos de construcción y con las que intentaremos coordinar esfuerzos para intervenir de forma conjunta.

¡Por una alternativa revolucionaria y socialista de la clase trabajadora!

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Publicado en A Vencer Nº8, Abril de 2009. Periódico del Movimiento de Izquierda Revolucionario (Argentina).

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