El hospital del Pueblo: el gran postergado.

A más de un año de entrar en funcionamiento el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), el Hospital de Clínicas sigue sin integrarse al mismo. Dos posiciones encontradas entre los que deciden su destino han impedido que esto se concrete. Una de ellas impulsa la creación de un Hospital de tercer nivel con Institutos de Medicina Altamente Especializada (IMAES) donde se prioricen los trasplantes, cirugía cardiovascular, neurocirugías, etc. resaltando las “fortalezas del hospital” según la Dra. Ubach. Por otro lado quienes quieren que el hospital se desarrolle como un hospital general más (ej. Maciel y Pasteur) y que tenga una población referenciada.



La primera posición, impulsada principalmente por la Dra. Ubach y los profesores con intereses en los mismos, se lleva adelante por la vía de los hechos mediante la creación de institutos con características que lo sacan de la órbita estatal bajo la figura jurídica publica no estatal o institutos descentralizados dejando a la Universidad fuera de su rol de gestionar, administrar y decidir las políticas de asistencia, docencia y laborales. Estos institutos, de muy alto costo, generan recursos extrapresupuestales, los cuales hasta la fecha han sido muy cuestionados por la falta de transparencia, la arbitrariedad con que se utilizan, dando lugar a altos sueldos por medio de dedicaciones compensadas e hipercompensadas y otras irregularidades. Esta posición provoca inevitablemente el “achique” del hospital, donde ya se puede ver el desmantelamiento de áreas de internación. Los servicios básicos (limpieza, mantenimiento, lavadero, centro de materiales, intencionalmente desprovistos de presupuesto, serán llevados indefectiblemente a su tercerización. Para la salud de la población significa un importante recorte porque las camas y las policlínicas que se pierden en el HC no se reponen en otro centro de salud. Para los estudiantes significa no poder formarse en la universidad pública (pregrado).

La segunda posición obliga al hospital universitario a perder la misión para el que fue fundado hace más de 50 años como centro de referencia nacional en docencia y asistencia en la salud, dejando la alta tecnología en manos privadas. Para los estudiantes significa no poder formarse en la universidad pública (postgrado).

En medio de esta “guerra interburguesa”, pues ambas posiciones defienden intereses de los capitalistas médicos, están los trabajadores y los usuarios. A los trabajadores les aplican la represión más cruel si no se alinean a sus intereses, con hostigamiento laboral (guerra psicológica, traslados arbitrarios, no promoción, presionando con mayor tarea de la posible), llegando a despidos arbitrarios, ejerciendo abuso de poder. En su objetivo de reducir el personal no importan los medios utilizados. Cuenta la Dirección con la colaboración cómplice de los Directores de Departamentos como Recursos Humanos, Recursos Financieros y Contables, Jurídica, así como la mayoría de los mandos medios a quienes beneficia económicamente. Esta política se ejerce especialmente en los sectores obreros, ej.: en Higiene Ambiental los funcionarios son supervisados simultáneamente por 8 capataces, en el Dpto. de Vigilancia les imponen un régimen militar. Los militantes sindicales clasistas son perseguidos, ante la mínima falta o error son sancionados con suspensión de 6 meses o despido.

Mientras tanto, los usuarios, los más necesitados, tienen que esperar hasta agosto para conseguir una hora en policlínica, fisiatría está inundado con aguas servidas, en los pisos no hay servicios higiénicos, los acompañantes calientan agua con un “zum” para bañar a los pacientes, en laboratorio los pacientes esperan en un corredor helado para su extracción de sangre, en farmacia se cae el techo, en CTI no hay monitores suficientes, en block quirúrgico no se mantiene la cadena aséptica, hay un cerrajero para más de 2000 puertas, no hay médicos después del mediodía, una enfermera atiende 60 pacientes, y un largo etcétera.

¿Entrar al SNIS cambiaría esta situación? Estamos convencidos que no. Es una reforma de la salud que sigue los lineamientos del BID y del BM, fundamentada en principios económicos de rentabilidad y beneficio, donde la salud se transforma en una mercancía y no en un derecho, que produce el vaciamiento de la capacidad política, técnica y operativa de las instituciones públicas. Para lograrlo se basan en la flexibilización laboral. Solo un sistema público y estatal con un fuerte incremento del gasto público donde cada centro sea controlado por sus trabajadores y usuarios y puede garantizar que no se siga cometiendo OMISION DE ASISTENCIA y ATROPELLO A LOS TRABAJADORES.

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Isabel Figari es militante de la Coordinadora de Militantes Clasistas del Hospital de Clínicas

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