Centro derecha e izquierda del frente amplio al servicio del imperio y la oligarquía

La socialdemocracia esta colocada a contramano de la historia. Su función es la de retardar el desarrollo de la lucha de los sectores oprimidos por su liberación. Su método es el de la conciliación de clases, que en los hechos consiste en el sometimiento de la clase obrera y los demás sectores explotados, a los dictados de la oligarquía y el imperialismo, mediante la promesa de un futuro mejor, a costa de ceder en las pretensiones del presente, de la mano del supuesto pacto entre los explotados y los explotadores.



El avance y el predominio de los partidos socialdemócratas se da en base al logro de pequeñas mejoras en épocas de crecimiento económico (asegurando por otra parte el aumento de la ganancia capitalista en esas mismas épocas) o colocándose como oposición, a veces con un discurso radical, pero planteando siempre que la salida para los explotados está en el triunfo electoral de ese partido y a eso debe atarse todo el movimiento obrero.

En épocas de crisis económica, donde la lucha de clases se agudiza y la mentira de la conciliación de clases se desnuda como sometimiento de los explotados a los explotadores, estos partidos entran en crisis, más aun si son gobierno.

Nuestro país se ha caracterizado por contar a lo largo del siglo XX con una fuerte tendencia socialdemócrata, representada inicialmente, desde el punto de vista electoral por la corriente Batllista dentro del Partido Colorado.

Esta tendencia socialdemócrata, manifestada en el predominio de la política de conciliación de clases en la conciencia de las grandes masas populares, entra en crisis definitivamente en los años 50-60 con el estallido de la crisis económica que polariza la sociedad y lanza decididamente al Partido Colorado a defender los intereses oligárquicos ante el auge de las luchas populares, terminando este por imponer la dictadura terrorista de Estado contra los sectores populares.

El casillero vacante de la centro-izquierda, fue cubierto en esos años por la mayoría del Partido Nacional, liderada por Wilson Ferreira Aldunate y el naciente Frente Amplio.

El triunfo de Luis Alberto Lacalle en 1989, con un programa de reformas neoliberales, devolvió al Partido Nacional a su posicionamiento político histórico de derecha, dejando el espacio libre para el crecimiento del Frente Amplio que fue adueñándose del espacio de centro-izquierda.

De esta manera, la bancarrota del ala progresista del Partido Colorado no significó el fin del predominio de la tendencia reformista en el seno del movimiento obrero, sino que permitió que la posta la tomaran otros sectores, en particular los que pasan a conformar la mayoría en el Frente Amplio (Partido Comunista, Partido Socialista y sectores desgajados de los partidos tradicionales).

La llegada del Frente Amplio al gobierno significo el principio del fin para esa fuerza política socialdemócrata, ya que le ha llegado el momento de concretar lo que en el discurso había defendido durante décadas, o bien, que fue realmente lo que sucedió, ser consecuente con su política conciliadora y no encarar ningún cambio de fondo en nuestra sociedad.

El Frente Amplio mantuvo y profundizó el sometimiento de nuestro país al imperialismo y a su vez aumentó el grado de explotación de nuestro pueblo en beneficio de los sectores oligárquicos.
Amparado en un periodo de crecimiento económico, desarrolló una política de reformas neoliberales que significan un retroceso enorme para el pueblo.

De esta manera dentro del Frente Amplio los sectores de derecha, encabezados por Vázquez y Astori, fueron los que impusieron su política provocando que los sectores que defendían elementos del programa histórico (por lo menos en el discurso) entraran en profunda crisis.

El Partido Comunista lanzó la tesis del gobierno en disputa lo que es la base de su permanente política del NI. Es decir, que tiene un discurso para la militancia social, donde en ocasiones se opone supuestamente a las medidas más reaccionarias del gobierno (dice NO para la tribuna), pero termina apoyándolas en el plano político a través de su Ministra, sus Legisladores y otros funcionarios (pero finalmente da el SI).

El MPP, sector mayoritario del gobierno, puso sus mayorías parlamentarias y sus funcionarios encabezados por el ex Ministro de Ganadería, el guerrillero arrepentido José Mújica, totalmente al servicio de la política neoliberal impulsada por Tabaré Vázquez.
En este sentido las supuestas oposiciones de Mujica a algunos aspectos de la política del gobierno terminaron siempre con una retirada, ya que las mismas no eran otra cosa que maniobras que le permitieron ir consolidándose como aspirante a ocupar la posición de centro, de punto de equilibrio, en la interna del FA.

De esta manera llegamos al periodo electoral que se abre, donde el desgaste del Frente Amplio en el gobierno ante el pueblo aun es lo suficientemente leve como para permitirle presentar un sector, encabezado por el Partido Comunista, que se adueña del discurso socialdemócrata reformista, supuestamente opuesto a la derecha de Vázquez - Astori, y que encuentra en José Mujica la figura carismática adecuada para ocupar el centro, que concilie las posiciones y permita funcionar la cooperativa electoral.

No es casual que éste, mientras firma contra la ley de impunidad para arrimar votos por izquierda, plantea el indulto para los torturadores y asesinos. No es casualidad que luego de plantear que sería conveniente levantar el secreto bancario declara que eso era para negociarlo, por ejemplo si se lo pide Estados Unidos como condición para exportarle. No es casualidad que luego de criticar a Astori le ofrece el papel de jefe de gabinete.

Es la vieja técnica de afirmarse con la zurda para avanzar a fondo con la derecha, la que aplica Mujica.
La historia nos permite predecir como termina la película: Los sectores que defienden la postura socialdemócrata, de conciliación de clases, de sometimiento del movimiento obrero a la oligarquía, de sometimiento del país al imperio, supuestamente para cambiar mediante reformas graduales y profundizaciones de esta democracia para unos pocos, volverán a traicionar al pueblo.

La crisis económica que inevitablemente estallará en nuestro país polarizará las fuerzas de la sociedad y en esas ocasiones los partidos que se oponen al avance de las luchas del pueblo, por más que se embanderen con promesas de todo tipo, terminaran defendiendo los intereses de sus verdugos.

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