Colombia: Luces en la negrura de la guerra… Comienza otra lucha

El jueves 6 de marzo, cientos de miles de colombianos (casi un millón según diversas fuentes) marcharon por las principales calles y avenidas del país. Respondieron a la convocatoria del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE). Denunciaron los crímenes del paramilitarismo, la parapolítica y el terrorismo de Estado. Desafiaron las amenazas del régimen asesino presidido por Alvaro Uribe, gendarme de Bush en la región. Dieron por tierra con las mentiras y las intoxicaciones mediáticas. Derrotaron el miedo impuesto por una atmósfera de guerra con Ecuador y Venezuela. En más de 100 ciudades del mundo, marchas multitudinarias extendieron la mano solidaria.



La marcha tenía todo en contra. El clima de impune violencia tras la masacre del comandante Raúl Reyes y otros 20 combatientes de las FARC. La crisis con Ecuador y Venezuela que “distrajo la atención de los medios”. Los intentos del gobierno por deslegitimar la convocatoria. Además, la mayoría de las víctimas del paramilitarismo y el terrorismo de Estado, son campesinos, indígenas, trabajadores, mujeres pobres, que no tienen los medios para viajar a la ciudad a protestar.
Sin embargo la marcha se hizo visible, expresando un rechazo contundente a la guerra y a la política de “seguridad democrática” del régimen uribista. Hubo sindicalistas, educadores, movimientos campesinos, partidos políticos, organizaciones de derechos humanos, representantes de desplazados de todas las regiones que marcharon a Bogotá desde Flandes y desde Villavicencio, estudiantes con pancartas y consignas contra el gobierno, movimientos feministas que desde el inicio impulsaron la marcha. Miles de otras personas salieron a la calle en forma espontánea: amas de casa de clase media, ejecutivos, transportistas y empleados de comercios.
Los cientos de testimonios dieron cuenta de la barbarie, como el leído por una locutora de la marcha: “Nicolás tenía 15 años el 1ª de mayo de 2005. Marchaba junto con estudiantes y gente del común, de manera tranquila, cuando el ejército empezó a tirar gases lacrimógenos, arbitrariamente, porque no había disturbios (…) Nicolás, que tenía asma, quedó paralizado por los gases y fue acribillado a golpes por ocho Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios). A los pocos días murió en la clínica. Y su padre, que está aquí con nosotros, ha sido amenazado de manera constante por la policía y le hicieron un atentado”. Historias dramáticas que se repiten a lo largo de los años, en medio de una guerra sucia contra el pueblo trabajador y sus organizaciones sociales.
Con la masiva marcha del 6 de marzo, el movimiento popular colombiano volvió a mostrar su enorme dignidad y vitalidad. Confirmó que está harto de la violencia, que repudia la impunidad y los crímenes del paramilitarismo y de los aparatos de seguridad del Estado. Que rechaza el Plan Colombia y el Plan Patriota, instrumentos contrainsurgentes promovidos y financiados por Estados Unidos. Y, sobre todo, desmintió, categóricamente, la propaganda manipuladora que reduce todo a un “conflicto armado” donde los actores esenciales son el narcotráfico, los paramilitares y la guerrilla.
La guerra en Colombia es una guerra de clases, donde la oligarquía y su Estado, el imperialismo, las multinacionales y las instituciones financieras internacionales, desatan una ofensiva política, económica y militar, para mejor imponer los intereses de las clases dominantes. A esta estrategia de explotación y represión, se enfrentan los sindicatos que resisten las privatizaciones, los movimientos campesinos que se levantan contra el TLC con EEUU, las comunidades negras e indígenas que defienden sus demandas históricas, las mujeres que reivindican sus plenos derechos democráticos, los estudiantes que dicen no a las contrarreformas liberales en la educación. No por casualidad, más del 80% de las víctimas de esta guerra de clases, son luchadores sociales, activistas de los movimientos populares, y militantes de los partidos de la izquierda legal.
El balance de la marcha es más que positivo. Como afirma Iván Cepeda Castro, representante del MOVICE e hijo de Manuel Cepeda, un destacado líder del Partido Comunista que fue asesinado el 9 de agosto de 1994 por sicarios paramilitares: “Este es el comienzo, no el fin de nuestra lucha (…) La gente quiere verdad, justicia y una reparación efectiva para las víctimas. Los manifestantes marcharon por eso, por que hay una colectividad que quiere el desmantelamiento total del paramilitarismo y están contra la parapolítica. Se izaron consignas de toda clase, pero la mayoría coinciden en eso” (Entrevista en la Revista Semana, Bogotá, 6-2-08).

POR LOS DESAPARECIDOS
POR LOS DESPLAZADOS
POR LOS MASACRADOS
POR LOS EJECUTADOS

En Colombia han sido desplazadas cerca de cuatro millones de personas, en su mayoría por los grupos paramilitares. Estos grupos, solos o en conjunto con miembros de las fuerzas militares, han desaparecido al menos a 15.000 compatriotas y los han enterrado en más de 3.000 fosas comunes o han arrojado sus cadáveres a los ríos; han asesinado a más de 1.700 indígenas, 2.550 sindicalistas, y cerca de 5.000 miembros de la Unión Patriótica. Regularmente torturan a sus víctimas antes de matarlas. Entre 1982 y 2005 los paramilitares perpetraron más de 3.500 masacres, y robaron más de seis millones de hectáreas de tierra. Desde 2002, después de su “desmovilización”, han asesinado 600 personas cada año. Llegaron a controlar el 35% del Parlamento. Desde 2002 hasta hoy, miembros del Ejército Nacional han cometido más de 950 ejecuciones, la mayoría presentadas como “positivos”. Tan solo en enero de 2008, los paramilitares cometieron 2 masacres, 9 desapariciones forzadas, 8 homicidios, y el Ejército ha cometido 16 ejecuciones extrajudiciales. En Colombia, agentes del Estado y paramilitares violan los derechos humanos y el derecho humanitario. Muchos grupos paramilitares no se han desmovilizado. Ahora se hacen llamar Águilas Negras. Muchos parapolíticos están en cargos públicos y diplomáticos.

¡Nunca más fosas comunes - Nunca más desplazamientos forzados - Nunca más paramilitares - Nunca más parapolíticos - Nunca más crímenes de Estado!

Publicado en el Construyendo Nº 29 de marzo de 2008

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