La táctica electoral en el marco de una estrategia revolucionaria

\"\" Sin teoría revolucionaria no puede existir acción revolucionaria. La teoría revolucionaria es el materialismo dialéctico e histórico, teoría científica de la clase trabajadora. Aplicando estos principios, toda organización antiimperialista y de lucha por el socialismo debe asumir que el proceso de liberación nacional y social únicamente se logrará con la toma del poder político de los sectores populares conducidos por la clase trabajadora. La historia de la lucha de clases demuestra irrefutablemente que la violencia organizada de las masas es la partera del nacimiento de nuevos sistemas económico-socio-políticos. Vivimos, entonces, el período histórico de una contradicción antagónica e irreconciliable, entre el capitalismo y el socialismo, contradicción que se resuelve con la destrucción del capitalismo que es el polo viejo, del cual se ha engendrado lo nuevo que lo eliminará, que es el socialismo.



La ideología materialista dialéctica e histórica orienta una política revolucionaria de clase.

LA LUCHA ELECTORAL COMO MEDIDA TÁCTICA EN EL MARCO DE UNA ESTRATEGIA REVOLUCIONARIA

Si el camino fundamental de los pueblos en su lucha contra el imperialismo desde un punto de vista estratégico (largo plazo) es la lucha revolucionaria ¿qué papel juegan los demás métodos de lucha hacia la conquista del poder?

Por la más importante ley dialéctica que es la lucha y unidad de los contrarios, si un polo de la contradicción es “principal o único”, se encuentra unido y en lucha con su contrario, o sea “secundario o todos”. Por lo expuesto, un método de lucha de liberación único o principal llevará unido y en lucha su contrario y por lo tanto el contrario de único o principal es todos o secundario.

El método de liberación (uno-todos o principal-secundario), a su vez es una contradicción de carácter no antagónico, que significa que el método principal y los secundarios luchan entre sí, sin que uno de los polos deba desaparecer. Lo que debe prevalecer siempre es la necesidad de que cada paso táctico (corto plazo) debe apuntar a acumular hacia la estrategia de toma del poder (largo plazo). La lucha ideológica-política entre los métodos (uno-todos) se resuelve mediante el análisis de la estructura económica-social y política del imperialismo, la región y el país; en definitiva de la correlación de fuerzas y de clases a nivel mundial que define la estrategia y el análisis de la coyuntura económica-social y política del imperialismo, región y país, o sea la correlación de fuerzas y de clases a nivel coyuntural mundial define la táctica.

Los métodos secundarios como la lucha ideológica, la sindical, la política, la social, la cultural, la electoral, etc., se priorizan en cada etapa histórica, teniendo siempre presente que esa tarea debe servir para hacer avanzar más rápido en el seno del pueblo la conciencia y organización del programa revolucionario. De ahí, el sumo respeto a las variantes tácticas de cada organización revolucionaria, pues la elección de la táctica en cada situación concreta, es una de las decisiones más complejas y generalmente ponen a prueba a esas organizaciones en cada viraje táctico.

LA LUCHA SOCIAL Y LA LUCHA POLÍTICA

En el desarrollo de la lucha de clases, la lucha social de los sectores populares con sus plataformas reivindicativas está unida y en lucha con la lucha política de los frentes, movimientos y partidos políticos clasistas. Esta contradicción de carácter no antagónico entre la lucha social y la lucha política, entre las organizaciones sociales y las organizaciones políticas solamente se puede resolver mediante la discusión, persuasión, paciencia y tolerancia en el seno de la clase trabajadora organizada (organizaciones sociales).

Entendiendo que la clase trabajadora es el sujeto social de los cambios, sus intereses están por encima de cualquier partido, expresión que por definición significa “parte” o “tomar parte o partido”, lo que para nosotros significa un sector de clase organizado. El instrumento político clasista es un medio y el fin, unido y en lucha, es la clase con su programa de liberación nacional y social.

No se puede separar nunca, es anticientífico, la lucha social y la lucha política. Lo que sí debe quedar claro siempre, que los intereses del proletario internacional están por encima de los intereses de la clase de un país y que dentro de ese país, los intereses de los trabajadores están por encima de los partidos clasistas.

A partir de estos principios dialécticos, entonces, un partido clasista debe ponerse al servicio de la clase y su papel será, la de fusionar la ideología con el sujeto social revolucionario. Partiendo de la base que las ideas correctas están en el seno del pueblo, una organización política con elementos de análisis teórico y con su inserción debe encontrarlas, analizarlas y convertirlas en ideas de acción política. Esa tarea de ir hacia el pueblo en un mutuo aprendizaje con el derivado de aciertos y errores, genera una práctica cotidiana de eliminar la tentación de poner a las organizaciones sociales y los intereses cardinales del proletariado como polea de transmisión de las estrategias y tácticas partidarias.

Si la lucha social y la lucha política están unidas en la lucha de clases, no se puede separar una de otra. Cualquier movimiento clasista no debe desatender ninguno de los dos aspectos, lo que sí en cada coyuntura de la lucha de clases, es preciso priorizar uno sobre otro. Se avanza, dando un paso, donde una pierna precede a la otra.

LA LUCHA SOCIAL EN LA ACTUAL COYUNTURA

El movimiento obrero organizado tiene en su seno la lucha de dos tendencias históricas: la tendencia reformista (conciliación de clases) y la tendencia revolucionaria (lucha de clases).

La tendencia reformista se basa en la conciliación de clases o sea que entiende que los obreros y los patrones tienen intereses comunes y esa comunidad de intereses se refleja en los pactos sociales, mejoras graduales, un tibio o cuasi inexistente antiimperialismo y apoyo a gobiernos que llevan adelante propuestas capitalistas, ya sean neoliberales, social-liberales, keynesianos, desarrollistas, etc.

La tendencia clasista se basa en la lucha de clases, donde los intereses de los patrones y de los trabajadores son antagónicos y que no puede haber paz, tregua, conciliación entre un explotador y un explotado. Se opone a todo tipo de gobierno capitalista, en todas sus variantes y tiene los objetivos del antiimperialismo, de la revolución y el socialismo.

En nuestro país, existen vertebradas estas dos tendencias, la primera o sea la reformista, es la mayoritaria en casi todas las organizaciones sociales. Ha llevado adelante el pacto social y es firme defensora del actual gobierno que practica una política neoliberal, fondomonetarista y continuista.

La segunda, la tendencia clasista, es minoritaria en las organizaciones sociales y tiende a efectuar coordinaciones para dar las luchas en una correlación de fuerzas desfavorable.

La crisis económica profunda que presenta el sistema capitalista es promesa cierta de la agudización de la lucha de clases. Las maniobras de freno a las luchas por parte de los conciliadores serán inoperantes ante la miseria, el desempleo, la caída salarial de las grandes mayorías. Se avecinan movilizaciones, ocupaciones, huelgas, paros y la posibilidad de estallidos sociales.

Existe la firme posibilidad del desarrollo de un espacio clasista ante la necesidad imperiosa de los trabajadores de luchar para evitar que sean los más perjudicados por la crisis.

Cuanto más unido se encuentre el espacio clasista, más posibilidades de logros en la plataforma de reivindicaciones y de victoria en los conflictos tendrá la clase trabajadora.

Es la unidad para luchar que levantan los clasistas que se opone a la unidad para pactar que proponen los conciliadores.

LA LUCHA POLITICA EN LA ACTUAL COYUNTURA

La lucha política abarca varios frentes y uno de ellos es la lucha programática electoral que incluye la lucha parlamentaria.

En cada período histórico, en un proceso electoral se pueden optar por participar con candidatos, abstenerse, votar en blanco o nulo, votar en blanco levantando un programa de liberación nacional y social, etc.

La coyuntura, tras el período de un gobierno que se llamara progresista y de izquierda, ha entrado en un proceso de descomposición ideológico-programática, ha liquidado la participación de las bases y se ha sumergido en un carnaval de opciones de candidaturas al mejor estilo de los partidos tradicionales. Ni programa, organización y candidatos se diferencian de los gobiernos anteriores, se disputan el aparato del estado, como instrumento de opresión de las grandes mayorías.

Se abre así un período histórico de vertebración de toda una izquierda clasista, consecuente al programa de liberación social, circunstancialmente fragmentada en una veintena de grupos que tienen diferentes ideologías, algunos que son desprendimientos de diversas vertientes del FA y otros que nunca lo fueron y con métodos de trabajo donde algunos incursionaron en lo electoral, otros con voto en blanco, etc.

Esta unidad tiene varias características marcadas por el programa histórico de liberación de la clase trabajadora en su lucha por el socialismo.

Es una unidad que trasciende lo electoral, es una unidad para luchar en el plano social y político, es una unidad sin exclusiones y es una unidad de participación democrática.

En la conciencia de la mayoría del pueblo, no hay ningún método de lucha que opaque la opción democrática burguesa de las elecciones. La lucha social y sindical no sustituye a la lucha electoral como opción táctica para hacer avanzar el programa, aún con la profundización de la crisis.

No existe la lucha armada revolucionaria como opción frente a las masas.

El pueblo transitará el proceso electoral sin pena ni gloria con tres opciones burguesas y la posibilidad de la creación de un frente de la izquierda consecuente de carácter referencial, testimonial y de cara a las masas.

El materialismo histórico (experiencia popular en la creación de frentes y la búsqueda de la unidad de izquierda) como instrumento de apoyo a la aplicación de las leyes de la dialéctica (lucha y unidad de los contrarios, calidad y cantidad y viceversa, y negación de la negación) nos enseña que dicha unidad fue forjada con la construcción de instrumentos superadores a los ya existentes.

En el año 1962, se crea la Unión Popular que sintetiza la unidad de varias vertientes lo mismo que el Frente de Izquierda de Liberación (Fidel), en 1967 se gesta el Acuerdo de Época y en el año 1971 se crea el Frente Amplio que unifica como sigla a diferentes movimientos y partidos.

En la actualidad, la veintena de organizaciones, grupos, y desprendimientos les espera la unidad programática electoral en la construcción de una síntesis que supere todo lo existente. Quien aspire a hegemonizar atrás de si esta construcción, lo único que conseguirá será atrasar la unidad tan necesaria para las luchas. Esa unidad se dará indefectiblemente tras los enfrentamientos que se acercan en el horizonte de la crisis.

Movimiento Revolucionario Oriental
Frente Revolucionario Alternativa Socialista
MRO-FRAS

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