“Neoliberalismo a la zurda” o neoliberalismo a secas

El balance político, económico y social del gobierno frenteamplista ha confirmado el continuismo con un neoliberalismo a la zurda, o sea, relaciones carnales con los organismos financieros internacionales, firma de cartas de intención, pago religioso y adelanto del pago de la deuda externa, tratados de protección de inversiones, tratados de libre comercio, privatizaciones del patrimonio y servicios estatales, instalación de zonas francas, reforma del estado, reforma impositiva, reforma de la salud, extranjerización de la tierra, proliferación de latifundios sojeros y madereros y las aristas punzantes de explotación sobre los sectores populares que genera el neoliberalismo (salarios mínimos y jubilaciones miserables, la emigración económica de decenas de miles por año, el 40% de los trabajadores en negro, el 70% de los trabajadores que no pagan IRPF por niveles salariales inferiores a 11 mil pesos cuando la canasta familiar trepa a los 35 mil pesos, las jubilaciones actuales que llegan al 50% de lo ganado en actividad, la carestía de los elementos de la canasta familiar, etc.) los ha limado con el clientelismo de la limosna oficial del Panes, los aumentos a las asignaciones, los consejos de salarios con techos de recuperación y una reforma integrada de salud con el mutualismo en crisis, donde se protegen los laboratorios y empresas médicas.



La socialdemocracia siempre recicla derechas y confunde al movimiento obrero.

Los partidos tradicionales llegaron desangrados a las elecciones del 2004, con el agotamiento de sus propuestas pro oligárquicas tras un centenar de años de gobierno y trasladaron las expectativas populares al Encuentro Progresista.

En el quinto año de gobierno, el progresismo ha desnudado su doble discurso, y esa hipocresía ha reciclado candidatos que hasta hace pocos años eran muertos políticos. Nos referimos a los que encabezan las preferencias como precandidatos a la Presidencia, Lacalle en el Partido Nacional y Bordaberry en el Partido Colorado.

La historia de la lucha de clases ha demostrado reiteradamente el papel que ha jugado la socialdemocracia, donde anestesia al movimiento obrero con la conciliación de clases, gobierna para la burguesía en nombre de los intereses de los trabajadores y recicla las derechas burguesas a las cuales vence circunstancialmente en el marco de procesos electorales.

Recientemente en América Latina, por ejemplo, en la Argentina, tras Alfonsín desembarcó el menemismo, tras el kirchnerismo se organiza como alternativa un bloque con Macri a la cabeza, en Perú tras Alán García vino Fujimori, y en Chile como alternativa a la gestión de Bachelet se recicla la derecha. En Brasil en las últimas elecciones Lula gana, pero pierde en los principales estados como San Pablo, Río Grande do Sul, Belo Horizonte, Santa Catarina y se salva con los votos del “Sertao” del nordeste donde el asistencialismo de la “Bolsa” generó el clientelismo electoral. Si siguiéramos recorriendo Latinoamérica proliferarían ejemplos semejantes. La generalización de este concepto, se confirma en nuestro país, ante la resurrección política de Lacalle, que por correligionarios leales a su persona y pertenecientes a su gabinete ministerial, que terminaron casi todos presos, no terminó en la cárcel. La corrupción campeó bajo su gobierno y las denuncias se generalizaron dentro y fuera del manejo del estado, siendo la frutilla de la torta de la corruptela los negocios forestales familiares. Tiene “chance” de ser el próximo presidente de los orientales, gracias al neoliberalismo a la zurda.
“Pedro” ha desplazado en el Partido Colorado a los tradicionales sectores batllistas y sanguinettistas, sin que pueda salvarlo del naufragio, sin embargo suma para una posible segunda vuelta.

En estos cinco años, las bancadas de los partidos tradicionales acompañaron las leyes sustanciales de afirmación del neoliberalismo.

El progresismo necesita cinco años mas para “consolidar los cambios” y para ello dispone de tres vertientes (derecha, centro e izquierda)

La integración al electoralismo y la mimetización con los partidos tradicionales del Frente Amplio es total. Del candidato único y un solo programa, han pasado a la acumulación múltiple de candidatos y de matices programáticos. Astori, defensor a ultranza del neoliberalismo a la zurda, es la derecha inteligente del FA.

El “tanto te digo una cosa como la otra”, donde Mujica no mantiene más de 48 horas una propuesta para luego predicar la contraria, oficia de centrocampista, descalifica a Astori, porque representa a los intelectuales que le ganaron, pero termina ofreciéndole la conducción económica. Los coqueteos con el secreto bancario, la terminación de las Afaps, la nacionalización de la banca, el frigorífico nacional, etc. genera polémicas y el gobierno se tira de los pelos llamándolo a silencio y cuando no de irresponsable. Mujica teniendo la bancada más numerosa votó disciplinadamente toda la entrega de la soberanía y la extranjerización del país. Bajo su ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, se extranjerizó la tierra en una extensión de cuatro departamentos y la mayoría de los frigoríficos. De puntero izquierdo, al mejor estilo de Vaillant en el Partido Colorado o Carlos Julio en el partido Nacional, barre por la izquierda el Partido Comunista. Mientras intenta ser la conciencia proletaria del frente y la defensa del programa histórico, su secretaria general oficia de Ministra del asistencialismo con el Panes, repartiendo 50 dólares por indigente (70 mil personas, aunque existan 400 mil necesitados, pues el FMI no permite mas de 200 millones de dólares), genera puestos de trabajo de salario mínimo (la burla de 4150 pesos) y es acreedora de la mayor condena post-dictadura de violación a los DDHH por el trato de los menores infractores. La alternativa es neoliberalismo a la zurda, fondomonetarismo o sea continuismo, reciclándose en medio de la profunda crisis del capitalismo con una mayor participación del estado en la economía. Al estado burgués, le corresponde, como instrumento de opresión de los trabajadores, salir al socorro de los patrones en dificultades. En todo el mundo se subsidian bancos y empresas, en medio del desempleo generalizado, el aumento de la pobreza y las caídas salariales. El progresismo se apresta a cumplir los preceptos imperiales.

La alternativa popular es un frente unido de la izquierda consecuente

Las Comisiones Unitarias Antiimperialistas – Artiguistas (COMUNA) por la Liberación Nacional y el Socialismo es apenas un escalón de unidad de la dificultosa tarea de unificar el espacio clasista, antiimperialista y anticapitalista. Se ha aglutinado en tres principios básicos de: unidad sin exclusiones, asumir el programa histórico de liberación nacional y social y ejercer la democracia directa en todos los niveles.

Los puntos programáticos no han sido ni son una dificultad para la unidad, las trabas se concentran en la construcción de la herramienta política.

La herramienta política para comuna, no es una confluencia electoral y somos respetuosos para quienes asi lo encaren.

La herramienta política de lucha debe sintetizar las diferentes vertientes de la izquierda consecuente, ni comuna, ni asamblea popular, ni el frente de los trabajadores del pt, ni el consejo de la unidad, u otros planteos unitarios sectoriales representan a todas las vertientes. es necesario, una nueva herramienta política basada en acuerdos, medidas programáticas y estilos de trabajo, para la acción política permanente, para operar cotidianamente en la lucha de clases, en el entendido que como lo estampara el acuerdo de febrero del 71 “ la insurgencia de los pueblos devendrá en la definitiva independencia”. Esta alternativa deberá recorrer los caminos de acumulación que otrora hiciera una izquierda que a principios del 60, que operaba con pocos representantes, desarrollaba la lucha revolucionaria, la inserción en las luchas populares de un movimiento de masas que enfrentaba decretos de servicios esenciales y medidas prontas de seguridad y que transitaba por la educación política de la unidad en un frente de izquierda que predicaban los partidos clasistas. El momento es propicio para construirlo y abrir un sendero de esperanza y aun tenemos tiempo para ello. Hay tiempo político y no lo marca el calendario electoral. Es un problema de voluntad y decisión política.

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