El arte como resistencia: “Espartaco” de Howard Fast

x Alba ::
08.Ene.10 :: Cultura

Howard Fast (1914-2003), mucho habría para decir de este escritor, pero sólo queremos dejar constancia de unos pocos datos biográficos relevantes para este artículo:
En 1944 se une al Partido Comunista de los Estados Unidos, y fue llamado por el Comité de Actividades Anti-Americanas. Al negarse a divulgar datos que le requerían lo encarcelaron por tres meses en 1950 por desacato al Congreso. Mientras estaba en la cárcel comenzó a escribir su trabajo más famoso, “Espartaco”. Tuvo problemas para publicarlo ya que Hoover interviene. Finalmente lo publica con sus propios ahorros y vende 40.000 ejemplares que pasan a ser varios millones al finalizar el Macartismo. En 1952, trabaja para el Partido Laborista Americano. Durante los años 50 también trabajó para el periódico del partido comunista, el Daily Worker. En 1953, le concedieron el Premio Stalin de la Paz. En 1956 abandona el partido en protesta por la política de la Unión Soviética con Hungría.
“Espartaco”: También mucho hay para decir de esta novela, sin embargo aquí van solo unas líneas de reflexión. A través de esta novela histórica, que narra la rebelión de los esclavos del Imperio Romano, el más poderoso hasta entonces, Fast nos habla del hoy. Con la excusa de relatar aquellos hechos históricos lejanos el autor define y analiza la sociedad actual regida por el Imperialismo. En su dedicatoria dice: “La he escrito de manera que quienes la lean (mis hijos y otros) puedan extraer de ella fortaleza para su futuro y luchar contra la opresión y el mal, para que el sueño de Espartaco se convierta en realidad en nuestros días”. Sus intensiones están claras.
En el fragmento seleccionado, que va a continuación, define de un plumazo, la función del sistema político, del ejército, de la ilusión de la libertad y de la democracia en una sociedad dividida en clases, y deja clara la necesidad imperiosa de los oprimidos de un cambio en el orden de las cosas.
Este diálogo se da entre dos personajes poderosos: un senador romano, Graco, y el joven Cicerón, que están siendo transportados en literas por esclavos, camino a Roma:

“- Ya que usted es político -dijo sonriendo Cicerón- le ruego que me diga qué es un político.
- Un simulador- respondió Graco.
- Por lo menos habla con franqueza.
- Es mi única virtud, y sumamente valiosa. En el político, la gente confunde franqueza con honestidad. Como ve, vivimos en una república. Eso significa que hay muchísima gente que no tiene nada y un puñado que tiene mucho. Y los que no tienen nada deben estar dispuestos a morir por la propiedad de gente como usted y yo (…). Además, la gente como nosotros tiene muchos esclavos. Esos esclavos no nos quieren (…) Por lo tanto, los esclavos no habrán de protegernos contra los esclavos. Por lo tanto, la mucha, mucha gente que no posee esclavos, tiene que estar dispuesta a morir para que nosotros tengamos nuestros esclavos. Roma cuenta con un cuarto de millón de hombres bajo las armas. Esos soldados tienen que estar dispuestos a ir a tierras extranjeras, a marchar hasta arruinarse los pies, a vivir en la inmundicia y la escualidez, a vadear en sangre para que nosotros no corramos peligro y vivamos en la comodidad y au¬mentemos nuestras fortunas personales. Cuando esas tropas salieron a combatir a Espartaco, tenían menos que defender que los esclavos. Sin embargo murieron a millares luchando contra los esclavos. Se podría ir más allá. Los campesinos que murieron peleando contra los esclavos, estaban en el ejército ante todo porque habían sido desalojados de sus tierras por los latifundios. La plantación esclavista los convierte en pobres sin tierra, y entonces mueren para mantener intacta la plantación. Ante todo uno se siente tentado a decir reductio ad absurdum. Porque considere, mi querido Cicerón, ¿qué perdería el bravo soldado romano si triunfasen los esclavos? En realidad lo necesitarían desesperadamente, porque no hay suficientes esclavos para labrar la propiedad de la tierra. Habría tierra para todos, y nuestros legionarios tendrían lo que más sueñan: su parcela de tierra y su casita. Sin embargo salen a destruir sus propios sueños para que dieciséis esclavos lleven a un puerco viejo como yo en una litera. (…)
Nosotros (los políticos) convencemos al pueblo de que la realización más grande en la vida es morir por los ricos. Nosotros convencemos a los ricos que deben desprenderse de un poco de sus riquezas para conservar el resto. Somos magos. Proyectamos una ilusión, y la ilusión es a prueba de tontos. Decimos al pueblo: el poder sois vosotros. Vuestro voto es la fuente de la gloria y fortaleza de Roma. Vosotros sois el único pueblo libre del mundo. No hay nada más precioso que vuestra libertad, nada más admirable que vuestra civilización. Y vosotros la controláis; vosotros sois el poder. Entonces votan por nuestros candidatos. Lloran por nuestras derrotas. Ríen de gozo por nuestras victorias. Y se sienten orgullosos y superiores porque no son esclavos. No importa cuán bajo se hundan, que duerman en la alcantarilla (…), que estrangulen a sus hijos cuando nacen, que vivan de la limosna pública y nunca levanten la mano para trabajar un día desde que nacen hasta que mueren; sin embargo son esclavos. Son polvo, pero cada vez que ven un esclavo su ego se agranda y se sienten henchidos de orgullo y poder. Entonces saben que son ciudadanos romanos y que el mundo los envidia. Y éste es mi arte particular, Cicerón. Nunca subestime al política.”

¿No les suena familiar? Si el lector se toma el trabajo de sustituir algunas palabras: legión romana por ejército, Roma por Washington, ciudadano romano por su equivalente yanki… cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia.
Pero ¿por qué no realizar una novela ambientada en nuestros días y poder ser más explícito en la denuncia? Por muchas razones, acá van algunas:
En primer lugar al lograr que el lector se identifique con la lucha de Espartaco (alguien tan ajeno y lejano como un esclavo del S I a.c.) y que identifique a su vez la situación política y social en la que vive, se da un mensaje ideológico y político: la historia se desarrolla en espiral y no hay cambio posible mientras la humanidad esté dividida en clases sociales… Pero hay esperanzas: durante toda la novela se reitera insistentemente (como una guiñada continua al lector) que Roma es eterna, nunca será vencida, su poderío es absoluto y no hay fuerza humana capaz de derrotarla… bueno, ya sabemos cómo les fue… ¿Y no es ese el discurso que nos repiten hasta la nausea? “Las cosas son como son”, “no se pueden cambiar”, “esto es lo que hay”, etc, etc… nosotros mismos, quienes creemos fervientemente en que hay que crear un nuevo mundo ¿no nos sometemos a veces y nos abrumamos al contemplar el poder de nuestro enemigo?
En segundo lugar: Un señor llamado Sklovsky (Formalista Ruso) decía que la función fundamental del arte es el extrañamiento… para lograr fijar nuestra atención sobre algo cotidiano (que de tan cotidiano no lo vemos), hay que desautomatizarlo, volverlo algo extraño. Un recurso extremadamente utilizado en el arte, para lograr esto, es plantear el tema del que se quiere hablar en una situación distinta a la cotidiana, otra época (pasada o futura), u otro lugar (real o fantástico).
Otra buena razón: Darle una apariencia inofensiva que le permita llegar a lugares donde no lo haría si se fuera más explícito. Un compañero, que estuvo preso durante la dictadura, me contó que leyó la novela en la cárcel, la censura no detectó ningún mensaje peligroso… después de todo hasta los estudios de Hollywood hicieron una adaptación cinematográfica de la novela protagonizada por Kirk Douglas…

En la dedicatoria que citamos más arriba se habla del sueño de Espartaco… Acá va un diálogo entre el protagonista y Varinia, su pareja:
“- ¿En qué sueñas, entonces?
- Sueño que haremos un mundo nuevo.
Entonces ella tuvo miedo, pero él, suavemente, le dijo:
- Este mundo ha sido hecho por los hombres. ¿Acaso sucedió por casualidad, querida? Piensa. ¿Hay algo en él que no hayamos construido los esclavos: las ciudades, las torres, los muros, los caminos y los barcos? ¿Entonces, por qué no hemos de hacer un nuevo mundo?
- Roma- dijo ella, y en esta palabra estaba implícito el poder, el poder que imperaba en el mundo.
- Pues destruiremos Roma- respondió Espartaco- El mundo tiene el vientre harto de Roma…”

¿Verdad que sí?

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Alba es militante del MRO-FRAS en la ciudad de Salto, Uruguay.
Publicado en Construyendo N.37 de diciembre 2009.

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