Por un puñado de monedas

El oportunismo ha ganado totalmente a la conducción mayoritaria del PITCNT que se adhirió teórica y materialmente a la consigna lanzada por Eleuterio Fernández Huidobro en el congreso del FA de 2003: “podemos renunciar todo, menos a la victoria”.



En aras de un primer gobierno del FA se rebajó el programa de los trabajadores para que pudiera ser asimilado por la fuerza política. El PC desarrolló la tesis de “gobierno en disputa” (conferencia del Partido Comunista año2004) para adormecer la lucha de clases y los sectores de la derecha sindical definieron que ya no eran representantes de los trabajadores frente al gobierno, sino representantes del gobierno en los sindicatos. Para lograr el segundo gobierno del FA, era y fue indudable que la posición adoptada en 2003 (corolario de una larga marcha hacia la abdicación de clase), se profundizaría pasando de la justificación a la defensa activa de las políticas burguesas continuistas implementadas desde el Poder ejecutivo. Si hubo alguna posibilidad de “disputar” el gobierno o si tal disputa verdaderamente existió, no hay dudas de quiénes salieron airosos de la misma y quiénes han caído en la bancarrota total, producto de un posicionamiento de clase erróneo que ha provocado la ruptura política en la conducción del movimiento obrero.

“El marxismo admite las formas más diversas de lucha; además, no las “inventa”, sino que generaliza, organiza y hace conscientes las formas de lucha de las clases revolucionarias que aparecen por sí mismas en el curso del movimiento. El marxismo, totalmente hostil a todas las fórmulas abstractas, a todas las recetas doctrinarias, exige que se preste mucha atención a la lucha de masas en curso que, con el desarrollo del movimiento, el crecimiento de la conciencia de las masas y la agudización de las crisis económicas y políticas, engendra constantemente nuevos y cada vez más diversos métodos de defensa y ataque. Por esto, el marxismo no rechaza categóricamente ninguna forma de lucha. El marxismo no se limita, en ningún caso, a las formas de lucha posibles y existentes sólo en un momento dado, admitiendo la aparición inevitable de formas de lucha nuevas, desconocidas de los militantes de un período dado, al cambiar la coyuntura social. El marxismo, en este sentido, aprende, si puede decirse así, de la práctica de las masas, lejos de pretender enseñar a las masas formas de lucha inventadas por “sistematizadores” de gabinete”. V. I. Lenin, Proletari Nº 5, 30 de septiembre de 1906.

Comenzamos este artículo con una cita de Lenin porque consideramos que ha sido y es uno de los luchadores acérrimos contra el oportunismo en el seno del movimiento obrero y quién mejor sistematizara la polémica contra esta plaga que ha corroído y corrompido los procesos de emancipación social en la época de la lucha por el socialismo.

Es desde Lenin que debemos debatir contra las direcciones políticas y sociales autodenominadas “marxistas”, “de izquierda”, “comunistas”, “progresistas”, etc., manteniendo, como no existe duda alguna debe ser, el mayor de los respetos por las bases obreras de esas organizaciones o que simpatizan con ellas. Pues el centro del debate no puede estar en el calificativo fácil, la adjetivación, la calentura o la impotencia, sino en el análisis del porqué existen esas tendencias, éstas coyunturas y cómo debemos actuar quienes no hemos renunciado a la revolución social ni de palabra ni de hechos, quienes porfiadamente insistimos que no es dorando y remachando las cadenas de explotación que se avanza hacia una sociedad sin explotadores ni explotados.

No ahondaremos en descripciones sobre lo ocurrido en los últimos 5 años, sobre eso existen muchos materiales (desde los números anteriores de Construyendo, la llamada “gran prensa”, las publicaciones sindicales clasistas y partidarias de la izquierda consecuente). Sólo decir que existió una coherencia trascendental entre la esencia del discurso partidario “progresista”, sus políticas y la inacción sindical de la conducción mayoritaria, que pasó rápidamente de cierta “ociosidad” al más flagrante colaboracionismo con un gobierno que no modificó, ni siquiera en forma cosmética, el modelo de explotación capitalista neoliberal.

De una posición que revestía cierta postura de “independencia de criterios” entre el gobierno y la conducción sindical, como la mil veces repetida frase que “independencia no quería decir apatía”, se pasó a sostener que la “responsabilidad” del movimiento obrero era “colocarse a la vanguardia del pueblo para definir entre la vuelta al neoliberalismo de la década del 90 o la continuidad de los cambios estructurales emprendidos por este gobierno” (palabras del Secretario de organización del PIT-CNT, Marcelo Abdala).

No ha habido ningún cambio estructural en ninguna dependencia del gobierno. No ha habido ningún cambio estructural en la tenencia de la tierra, las fábricas y los bancos. La estructura de clases del país es prácticamente la misma que, con su perpetuación, dio sustento a las estrategias de emancipación social que convirtieron a la izquierda revolucionaria como una alternativa posible para grandes sectores de la clase obrera y el pueblo hace 5 décadas. Los cambios que se han producido fueron a manos de la banca internacional y las multinacionales, es decir el gobierno y su brazo sindical han sido, (siendo sumamente inocentes, que no lo somos) por lo menos, impotentes ante el proceso natural de los mercados, el de la concentración del capital. Pero, más allá de la representación subjetiva de las masas, que colocan al FA en la administración del Estado por otro período de 5 años, como una fuerza de cambio, la situación económica, política y social que se está consolidando, tanto local como regional, no es la de una curva de crecimiento, sino la de continuidad de estancamiento. Esto nos lleva a interpretar la frase del camarada Lenin, planteándonos algunas tareas fundamentales en el próximo período. Entre ellas destacamos la de dar una lucha sin cuartel ante las concepciones garantistas y de sometimiento impulsadas por la conducción mayoritaria del PIT-CNT, profundizando la ruptura política que esa conducción inició este año al colocarse como agentes del gobierno en el movimiento sindical. Desarrollar el más amplio debate dentro del clasismo que posibilite grados mayores de unidad de acción, sobre todo de cara al próximo primero de mayo, hacia la unificación de los conflictos, a la lucha por presupuesto, contra la reforma del Estado, por el salario y contra el desmantelamiento de la educación.
Claro está que cualquiera de nuestros esfuerzos que logre cierto avance, será enfrentado con virulencia desde el amarillismo sindical, de ahí que debamos comenzar a debatir nuevamente que a la fuerza material se le debe enfrentar la fuerza material, colocando límites a la patota sindical que ha mostrado su accionar en varios conflictos (AFCASMU, Saint Bois, Magisterio, etc.). De ahí la necesidad de incorporar al debate cuáles son las formas organizativas y de lucha adecuadas para la actual coyuntura.

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Sergio Pereira es miembro de la Agrupación 1º de Mayo y dirigente del Sindicato de Taximetristas (SUATT)
Publicado en Construyendo N.37 - Diciembre

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