El arte como resistencia: “Gobernadores del Rocío” de Jacques Roumain

x Alba ::
13.Mar.10 :: Cultura

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“…Nacido en el seno de una familia perteneciente a la gran bur¬guesía haitiana, Roumain cursó primeras letras en el colegio San Luis Gonzaga, en Port-au-Prince. Luego continuó sus estudios en Suiza y Francia. Hablaba en español, alemán e inglés y cono¬cía profundamente el francés y el “creóle”.(…) Al terminar sus estudios en Europa, Roumain volvió a Haití, en 1929. Encabezó entonces con otros jóvenes el famoso Movimiento Indigenista, destinado a sustituir la tradicional y absorbente influencia francesa en la cultura nacional, por el conocimiento de los valores autóctonos, criollos. En el marco de ese movimiento, Roumain fue uno de los fundadores, tal vez el principal, de la “Revue Indigene”, (…) Frente a la ocupación norteamericana, que mantuvo subyu-gado al pueblo haitiano varios lustros, la actitud de Roumain fue inconmovible. Pronto se le vio entre los dirigentes más señalados de aquella lucha, en la que destacó su talento, la dureza de su carácter, su patriotismo violento y generoso. Preso en 1929 por primera vez, permaneció poco tiempo en la cárcel, pero no ocurrió lo mismo en 1934. Entonces fue juzgado por una Corte Militar que lo condenó a tres años de encierro. Roumain había fundado ya el Partido Comunista haitiano y era su Secretario General. En la prisión su salud se quebrantó para siempre, y enfermo partió hacia Europa de nuevo, en seguida que recobró la libertad. (…) Como ya se ha dicho, nació en cama rica. Todo conspiraba en él para convertirlo en uno de esos mulatos que forman la aristo¬cracia haitiana —el negro es pueblo menospreciado— y que hallan en la cominera política nacional o en los negocios a la sombra del imperialismo norteamericano, medios adecuados para alcanzar buen éxito. Nieto de un ex presidente, joven, instruido, de mane¬ras agradables y atrayente figura, el pequeño mundo de su país y de su clase estaba a sus pies.
Pero Roumain renunció a ese mundo. Tomó partido por el pueblo haitiano, por el negro explotado; se puso junto al campe¬sino que se encorva de sol a sol sobre los “combites”. En conse¬cuencia, fue un escritor realista. Tanto en sus poesías, como en sus novelas, domina la presencia de la tierra, con el hombre que vive sobre ella en conflicto no solo con la Naturaleza, sino también con el régimen social que lo esclaviza.(…) Su novela póstuma, “Los Gobernadores del rocío”, tiene por asunto la vida de los campesinos haitianos. En ella alcanza Rou¬main el punto más alto en su concepción de la literatura como un medio de servicio popular, y en todo caso de expresión hu¬mana, antes que simple juego y puro pasatiempo.
Murió al mes de haberla terminado, pues el texto de la edi¬ción haitiana, que es la primera, esta fechado en 7 de julio de 1944.” (Fragmentos del Prólogo del poeta cubano Nicolás Guillén de la edición cubana Nuestra América de 1961)
Gobernadores del rocío se inscribe en el contexto económico y político de Haití, luego de la ocupación norteamericana, en la década de los 40, cuando se vivió una, de tantas, crisis económicas. Pero ésta sin precedentes hasta entonces y fue provocada por la gestión de la política agrícola del presidente Elie Lescot (1941-1946). Para apoyar el esfuerzo de la industria de guerra norteamericana, Haití fue declarado zona estratégica y en 1941 se concedió una licencia de explotación a la compañía norteamericana Sociedad Haitiano-Americana de Desarrollo Agrícola (SHADA), destinados a cubrir las necesidades del ejército yanqui. Todo ello en detrimento de la producción tradicional que se hundió al explotar la SHADA su concesión en régimen de monopolio. Resultado: la expropiación y expulsión de los campesinos de sus tierras; la transformación de ricas zonas de cultivo en extensos campos de monocultivo y finalmente, una catástrofe ecológica sin precedentes que afectó casi al 22% de la superficie de tierra cultivable del país. Las consecuencias económicas y sociales de esa decisión no tardaron en llegar. La agricultura, base económica del país, colapsó: penuria alimentaría, pérdida de una forma de vida tradicional, emigración masiva a las ciudades, aumento de precios, con los consecuentes levantamientos populares.
Manuel, el protagonista de Gobernadores del rocío es el hombre que tras su retorno de Cuba encuentra a su pueblo en la miseria más absoluta, producto de la falta de agua y además dividida en dos bandos irreconciliables por una querella antigua. Se impone como objetivo encontrar agua (un ambicioso proyecto con connotaciones políticas, sociales y económicas), y organizar una gran concentración de campesinos (el cumbite) para llevarlos hasta el llano con el fin de que se olviden los rencores a partir de la necesidad de organizarse y unirse:“Iré a ver a los otros. Compadres, les diré, es ver¬dad lo que se cuenta, sí, compadres. He encontrado una fuente que puede regar todas las huertas de la llanura, pero para conducirla hasta aquicito es preciso el concur¬so de todo el mundo, un cumbite general, eso es lo que hace falta. Lo que una mano no es capaz de hacer, dos pueden hacerlo (…) ¿Qué ventaja tenemos en ser enemigos? Si ustedes tienen necesidad de una respuesta, mirad a vuestros hijos, mirad vuestras plan¬tas: la muerte está sobre ellos, la miseria y la desolación destruyen Fonds Rouge. (…) La sangre ha corrido entre nosotros, lo sé, pero el agua lavará la sangre y la nueva cosecha crecerá sobre el pasado y madurará sobre el olvido. No hay más que un medio para salvarnos, uno sólo, no dos: reconstruir la buena familia de vecinos, rehacer la unión de los Tra¬bajadores de la tierra entre hermanos y hermanos, com¬partir nuestras penas y nuestro trabajo entre camaradas y camaradas. ..”
Gobernadores del rocío es denuncia de la marginalización de la vasta mayoría de la población de Haití, pero también, y sobre todo, es una férrea denuncia de la mayor debilidad de la clase explotada de todas las épocas y de todos los lugares, no la ignorancia o la falta de inteligencia, no la falta de comprensión del mundo que lo rodea y de su trabajo sino su división, su falta de unidad, su falta de conciencia de clase.
Cuando Anaísa, la pareja de Manuel, le pregunta qué es la huelga porque no entiende la palabra: “Manuel le mostró su mano abierta:
—Mira este dedo, qué flaco es, y aquel tan débil, y ese otro, no más fuerte, y este infeliz, no muy fuerte tampoco, y ese último, completamente solo y por su cuenta.
Cerró el puño:
—Y ahora, ¿no es bastante sólido, bastante macizo, bastante lleno? Se diría que sí, ¿verdad? Y bien, el paro es eso: un NO de mil voces que no hacen más que una y que se abate sobre la mesa del patrón con el peso de una roca. No, digo yo: no, y es no. Nada de trabajo, nada de zafra, ni una brizna de hierba cortada si no pagas el justo precio, del esfuerzo y el vigor de nuestros brazos. Y el patrón, ¿qué puede hacer el patrón? Llamar a la policía. Eso es. Porque los dos son cómplices como la piel y la camisa. Y cárgueme a esos bandidos. No somos ban¬didos, somos trabajadores, proletarios, es así como se lla¬man, y uno se queda en filas obstinadas bajo la tormenta; algunos caen, pero el resto se mantiene firme a pesar del hambre, de la policía, de la prisión, y durante ese tiempo la caña espera y se pudre bajo los pies, la Central espera con los dientes de sus molinos desocupados, el patrón espera con sus cálculos y todo lo que había descontado para llenar sus bolsillos, y al fin del fin está obligado a transigir: ¿entonces qué?; que dice él, ¿no se puede con¬versar? Seguro que se puede conversar. Se ha ganado la batalla. ¿Y por qué? Porque se está soldado en una sola línea como los hombros de las montañas y cuando la voluntad del hombre se hace alta y dura como las montañas no hay fuerza sobre la tierra o en el infierno para quebrarla o destruirla.”

Otras denuncias se entrelazan en la trama de la novela: los intereses a los que responde el estado y la corrupción del mismo (planteados a través del policía rural Hilario Hilarión), la alianza entre la iglesia y el poder, de lo infructuoso de la esperanza del pueblo en la religión, cuando la única salida se encuentra en su unión. Pero es también una historia de amor conmovedora, no solo de pareja sino del amor de Manuel por su pueblo, por sus hermanos, por sus iguales.
Roumain no pudo encontrar un elemento más significativo que el agua para ahondar en la razón más profunda de la necesidad de unión de los explotados: el agua es símbolo de vida, y en este planeta en donde el capital se adueña y destruye cualquier recurso natural que necesite, en donde la mayoría de los hombres viven en la miseria más absoluta y en donde mueren aproximadamente 30.000 personas de hambre cada día… en este mundo al que le quedan pocas posibilidades de salvación, como dice Manuel “No hay más que un medio para salvarnos, uno sólo, no dos” y lo que está en juego es la vida misma.
El agua, símbolo de vida, de abundancia y de purificación, que aparece simbolizada en las diminutas y frágiles gotas de rocío sobre las plantas al amanecer. El agua cuya ausencia en los primeros capítulos se evidencia en la tierra árida, en los rostros secos de los campesinos, y cuya conquista, hará de los hombres los dueños de la aurora (símbolo de un nuevo comienzo), Gobernadores del rocío.

Alba es militante de la Agrupación Salto del MRO-FRAS

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Artículo publicado en el Construyendo Nº 38 de Febrero/Marzo 2010

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