En defensa del Ferrocarril

Para un país que tiene una imagen fantasmal de los trenes. Para una nación que ha olvidado su pasado industrial, como si hubiera sido un sueño y que hasta sospecha de lo que tiene que ser un emprendimiento productivo, porque la urgencia de los problemas que enfrentamos en los primeros años del siglo XXI, puede darnos la impresión de que vivimos fuera de la historia. El futuro se presenta desconocido, el pasado como una tierra lejana, divorciada del teléfono celular y la internet. Pero en realidad las actuales circunstancias tienen su raíz en las décadas pasadas y para poder entender esos años, debemos entendernos a nosotros: ¿de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos?



Peñarol: barrio obrero con el martillo en la mano. “Pinta tu aldea y pintaras el mundo”

La historia de esta localidad es extensa, a fines del siglo XVIII era una zona de quintas cuyos pocos habitantes vivían de la agricultura y el ganado.
Ya en plena revolución patriótica (1813) bajo la conducción de José G. Artigas, Peñarol era uno de los 23 pueblos que enviaron delegados a las asambleas; en las que se elegían los diputados orientales, en el congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Ya en esos años la población había aumentado, pero el proceso se aceleró con la llegada de los ingleses en el año 1890.
Según el censo del año 2006, Peñarol tiene una población de 38 mil habitantes.
Gran parte de la historia de este barrio está construida en torno al ferrocarril. Su memoria atesora el legado que dejaron los ingleses, de su pasado industrial y de cómo la revolución industrial se manifestó en nuestro país.
Mientras en nuestra banda Oriental y en toda América del Sur se desarrollaban revoluciones emancipadoras, en Europa y en especial Inglaterra ocurría una revolución de otro tipo, una transformación que cambiaría el mundo para siempre y también al barrio Peñarol: “la revolución industrial”.
Esta revolución fue posible entre otras razones, gracias al descubrimiento de nuevas fuentes de energía y al desarrollo de nuevas máquinas, en especial la máquina a vapor.
Este ingenio es un motor que transforma en movimiento la energía del vapor de agua.
En el carbón mineral, está el origen del ferrocarril a vapor. El invento asociado para siempre a la historia de Peñarol.
Mientras que en los países desarrollados el ferrocarril dinamizó la economía, porque redujo los costos de transporte y contribuyó al poblamiento rural y el desarrollo agrícola e industrial, en Uruguay, las altas tarifas mantuvieron y consolidaron la estructura latifundista y una economía dependiente de los mercados capitalistas centrales (metrópolis).
Con la llegada de los ingleses en el año 1890, el presidente de esa época Julio H. y Obes, en un acto público manifestó que su trabajo como presidente era el de “Administrador de una gran estancia, cuyo directorio estaba en Londres”… (Breve Historia del Uruguay – Luis C. Benvenuto. Edit. Arca 1967).
En este mismo año, se instala el más importante enclave industrial del momento, los talleres del ferrocarril en el barrio Peñarol y con ellos llegaron los obreros y Peñarol pasó a transformarse en un enclave productivo, cambiando para siempre la historia de este rincón del Uruguay, quedando para siempre asociada con el ferrocarril.
En dichos talleres, se fabricaban desde pequeñas piezas hasta el ensamblado de locomotoras, entre los años 1900 y 1925 se construyeron 813 vagones, 86 salones de pasajeros y 80 furgones.
En esta época los ferrocarriles reunían la mayor masa obrera del país y tenían el sindicato mejor organizado de todo Uruguay, y el pueblo de Peñarol se transformó en un barrio obrero, con el martillo en la mano, donde se exaltaban las virtudes del trabajo y su influencia en el destino del hombre y la mujer.
Empujado por la fuerza del tren, Peñarol crecía y el 10/03/1913 era declarado oficialmente pueblo. Para este entonces 1500 obreros y empleados trabajaban en los talleres de Peñarol.
Un siglo después de la revolución artiguista, bajo el gobierno de José Batlle y Ordoñez (1915) creó la Administración de los Ferrocarriles y Tranvías del Estado. El Batllismo era la fuerza política dominante y se defendió con fervor el intervencionismo estatal.
El 10/03/1948 el presidente Luis Batlle Berres (sobrino de Don Pepe, padre del ex-Presidente Jorge Batlle) firmó el convenio de compra-venta del ferrocarril británico. En ese mismo año el estado uruguayo asumió la prestación de varios servicios, que estaban en manos del capital extranjero. Se emprendió la nacionalización y estatización del sistema nervioso de la economía nacional.
Al firmarse la compra-venta, el inventario de la época constaba que existían: 138 salones de pasajeros, 2397 vagones de carga, 48 furgones (todos construidos en los talleres de Peñarol) y 204 máquinas.
La crisis estructural que comenzó a padecer el Uruguay en 1957, obligaba bajo la presión de las empresas del transporte carretero al gobierno, que AFE debía comprar el combustible del estado al doble precio que lo pagaban aquellas.
En 1972 el sindicato ferroviario ante el desmantelamiento del ente estatal fue a una huelga durante 32 días: “En defensa del ferrocarril”… (esa era la consigna).
Bajo el gobierno de Sanguinetti (1985-1990) AFE, empezó a clausurar algunas líneas de pasajeros, hasta que el 30/12/87 se llegó a la supresión total de los servicios de pasajeros.
El último tren con pasajeros llegó a la estación central el 2/01/88 a las 11 hrs., procedente de Pan de Azúcar.
Este mismo día un grupo de vecinos, organizaciones sociales y políticas, junto al sindicato de AFE, organizamos un acto en la Plaza Peñarol bajo la misma consigna del año 1972: “En defensa del Ferrocarril”…
Ante el discurso del gobierno, aduciendo entre otras cosas que el cierre de servicios se debía a que el ferrocarril era un atraso, que era deficitario, que había que modernizarse, nosotros cuando hicimos uso de la palabra en nombre de la Juventud Comunista (UJC) en la cual militábamos en esa época, manifestamos: “Que el ferrocarril tiene que estar al servicio del país, no de las zonas francas, tiene que estar al servicio de su pueblo, en un circuito productivo de desarrollo y que los atrasados eran los que habían gestionado al ente durante las últimas décadas, que hicieron todo lo posible para que el ferrocarril fuera decayendo”…
Nobleza obliga que esa tarde 2/01/88, compartimos tribuna defendiendo los mismos postulados con los ciudadanos León Lev (actual presidente de AFE, ex dirigente comunista, ex preso político, ex cualquier cosa) y con Pedro Toledo (hoy fallecido).
Recorrer hoy los talleres de AFE de Peñarol, es una muestra de la magnitud del capital descuidado, rodeado de una atmósfera casi metafísica de una ruina industrial y abandono; acompañada por la desidia, la malversación, los remates y el robo, no solo de su patrimonio industrial sino también de su acervo cultural.
Hoy Peñarol posee muchos bienes inmuebles con capacidad ociosa. Lamentablemente la Intendencia Municipal de Montevideo, el Ayuntamiento de Gijón, la Junta de Andalucía, AFE y el Ministerio de Educación y Cultura, están colaborando decididamente con el nuevo destino de AFE y del Barrio Peñarol: “La creación de un gran museo”
Nosotros estamos convencidos que hay que generar un proyecto productivo-social, de transporte de pasajeros y de carga, en la que genere rentabilidad económica, social y cultural.
Desde un punto de vista económico, difícilmente encontremos un sistema de comunicaciones más influyente que el del ferrocarril, porque consideramos que es una industria en sí misma, que requiere de una inversión importante, pero que también los genera y los reproduce.
Por lo expuesto nosotros manifestamos que el ferrocarril en manos del estado es necesario e imprescindible par la economía del país, para el transporte de carga y de pasajeros, pero también en un aspecto menos visible pero relevante: es su capacidad de integrar pueblos, de acercar sociedades, costumbres, tradiciones productivas y mercados.
Al momento de terminar esta nota: lunes 1 de marzo/2010, próximo al cambio de mando donde estará al frente por los próximos 5 años, conduciendo los destinos del país el Sr. Mujica Cordano, nosotros como lo manifestamos hace 22 años – 58 días y 3 horas y en nombre de COMUNA (Comisiones Unitarias Artiguistas) levantamos la consigna:
“En defensa del Ferrocarril”
El ferrocarril es pasado, es presente y será futuro. Testimonio de un mundo que se fue, aunque no en forma irreversible, porque el ferrocarril es futuro, como desafío actualizado de un país, de una región que debe repensar urgentemente un sistema de comunicaciones, de transporte y ordenamiento del territorio, para resolver los enormes problemas de su vinculación entre su economía y su pueblo.


Raúl Rosas Abreu (Comuna Peñarol). Hijo de un ex trabajador de AFE

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Artículo publicado en el Construyendo Nº 38 de Febrero/Marzo 2010

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