El populismo del siglo XXI y los desafíos del sindicalismo clasista

Que la clase obrera y el pueblo explotado se encuentran ante situaciones y hechos nunca antes vividos por estos lugares y que hay militantes y colectivos que se esfuerzan por comprenderlos apelando a paralelismos históricos puede llevarnos, y en cierta forma lo ha hecho, a caer en lugares comunes o simplificaciones en el intento de dar respuestas a esta particular coyuntura. Y si bien debemos huirle como a la peste al dogma o las prácticas que adecuan los contenidos a las formas, tampoco debemos caer en simplificaciones de análisis en la pretensión de una comunicación más directa y llana con las grandes masas bastante golpeadas en el planos de las ideas, deseos y aspiraciones.



Los cambios en la estructura sindical uruguaya han sido cuasi imperceptibles o precarios y por ende inestables. Claro que esta afirmación no es concluyente, lo que demuestra que estamos frente a un proceso incipiente y que la disputa de la correlación de fuerzas entre las distintas corrientes está abierta en los sindicatos, no llegando a tener una expresión clara aún en la conducción del movimiento obrero, donde la hegemonía reformista es contundente.

Estos cambios en la estructura sindical están en ciernes y van de la mano y a impulso de los cambios en la legislación laboral y tienen un signo netamente conservador a pesar de los esfuerzos del gobierno y su brazo sindical por demostrar lo contrario y de los gritos histéricos de la burguesía autóctona que no desea aceptar regulación alguna de las relaciones de producción que no sean las impuestas por el mercado. La inclusión en la legislación de ciertos derechos sindicales antes excluidos imprime una apariencia de progreso, ocultando que la esencia de estos cambios es el mantenimiento del statu quo, la exaltación de la democracia burguesa como régimen de consenso ínter-clasista por excelencia, la resolución de las contradicciones por la vía de la conciliación y la colocación del interés nacional por sobre los intereses de clases en pugna y su antagonismo. Pues es claro que todo lo que conduzca hacia la institucionalización del sindicalismo no significa otra cosa que llevar a la clase obrera a jugar con las reglas de la burguesía, siempre dispuestas a cambiar las mismas cuando sus intereses se vean amenazados.

A esto debemos agregar la prédica y la práctica de cuatro décadas de neoliberalismo asociando la democracia al mercado, lo que lleva, en el manejo del sentido común (pensamiento extendido en las grandes masas de trabajadores), a que las reivindicaciones, aspiraciones y anhelos de los trabajadores y el pueblo explotado no excedan en lo más mínimo los estrechos márgenes del pensamiento liberal burgués.

El crecimiento económico hasta el 2008, relativo crecimiento del empleo (precario y mal pago), la extensión del seguro de desempleo en varias ramas de la producción y los servicios, el manejo de las cuentas fiscales y del asistencialismo y la manipulación mediática gubernamental comparando la gestión Vázquez con la gestión Batlle, fueron la base para la consolidación de tal pensamiento y acción en la conducción mayoritaria del movimiento obrero; sedimentada además durante 25 años apostando a la conciliación, la seriedad y el dialogo, y de cómo ha perneado esto en las grandes masas, aún en el marco de la precariedad de las condiciones materiales para ello.

Por supuesto que nada de lo ocurrido ha sido gratuito y a la hora de hacer las cuentas el diagnostico es claro. Luego de los primeros cinco años de progresismo en el gobierno la burguesía se ha enriquecido y los trabajadores empobrecido. Se han transferido, según los cálculos de economistas frenteamplistas, unos 2000 millones de dólares de los bolsillos obreros a las arcas burguesas. La recuperación del poder adquisitivo ha sido escasa, no alcanzando los niveles del año 1998. Los niveles de precarizad laboral no han descendido y más de un 35% de los trabajadores permanecen fuera del circuito laboral formal.

El manejo de la crisis por parte del gobierno, con control de cambio, inversión pública, captación de inversiones extranjeras, privatización vía concesión a multinacionales y aumentando los niveles de endeudamiento externo, permitió que los impactos de la misma se suavizaran, tirando hacia delante el desenlace de los mismos.

La subjetividad de masas generada en el proceso electoral ayudó a cosechar un voto de confianza al progresismo ante contendientes desprestigiados como representantes directos de la oligarquía vernácula.

Muchos trabajadores sintieron que la opción Mujica representaba un giro a la izquierda en el FA y el inicio del caminote concreciones de aspiraciones que se lograron concretar en los primeros cinco años.

En forma inteligente se lograron ocultar los programas de gobierno, especialmente el del FA que no contenía diferencias sustanciales en sus propuestas centrales a los impulsados por los partidos de la burguesía, la situación actual, en medio de la asunción del otrora guerrillero como presidente, como figura principal de la junta de gerentes de los negociados burgueses, así lo demuestra; se prepara el cogobierno ínter partidario en los entes estatales y empresas públicas, se debate la creación (a propuesta del partido nacional) de una nueva universidad pública, pero sin autonomía ni cogobierno como la UDELAR y, como máxima expresión del concubinato político, el discurso gubernamental en el hotel Conrad de Punta del Este ante 1500 empresarios extranjeros y autóctonos fue saludado por Lacalle, Larrañaga, Sanguinetti, Bordaberry, López MENA, Eurnekian, entre otros.

Si bien el pasado fue un gobierno con los índices más bajos de conflictividad, ya comenzamos a ver como en muchos lugares los trabajadores ya no están dispuestos a esperar más y se han cansado tanto manoseo empresarial y de tantas postergaciones por parte del gobierno.
Más allá de la ausencia de cobertura por parte de los grandes medios de comunicación, absolutamente comprometidos con el gobierno para rescatar mayores porciones de la propaganda estatal, hoy se están desarrollando varios conflictos en el país. Los trabajadores contratados de la refinería de ANCAP desarrollan medidas de paros y cortes de rutas; la UCRUS (recicladores) también cortó rutas en San José; los trabajadores del transporte de pasajeros tienen enfrentamientos con las patronales en varios departamentos del interior por persecuciones anti sindicales y por respeto a los laudos establecidos; La ceramista Metzen y Sena continúa ocupada y no parece haber solución viable para sus 750 trabajadores; los municipales de Montevideo vienen desarrollando varios conflictos sectoriales ante los atropellos de la administración frenteamplista; también los trabajadores de la empresas de limpieza están en conflicto; la empresa más grande de radio taxis del país y centro político de las patronales del sector persigue y despide a delegados sindicales, encontrando la firme respuesta de los trabajadores que paralizan tareas y se movilizan. Estos datos, que no agotan la reseña de conflictos, muestran claramente que no ha sido un cheque en blanco lo que firmaron los trabajadores cuando apoyaron por segunda vez al FA. Además muestran que la realidad y el discurso oficial corren por carriles paralelos y que las políticas de ajuste para hacer frente a los vencimientos de la deuda, que promedian los 3000 millones de dólares anuales para 2010, 2011, 2012, chocarán sin dudas con las necesidades y aspiraciones de los más desposeídos aumentando las tendencias hacia la lucha y el enfrentamiento al gobierno, aún en un marco de confusiones, mediatizaciones, conciliaciones y traiciones varias.

Es pues en el marco del agotamiento de las recetas neoliberales como proyecto de crecimiento económico con derrame y de la continuidad de la crisis a nivel mundial, que los sectores sindicales y sociales clasistas están llamados a superar las contradicciones secundarias que aún los mantienen dispersos y sin lograr la unidad de acción necesaria para levantar una alternativa de conjunto.

La ruptura política a nivel de las conducciones ya está instalada, no son tiempos estos de moderar el discurso y el accionar debido a la correlación de fuerzas adversa. Sino por el contrario, más que nunca deben delimitarse los campos entre el sindicalismo gubernamental y el sindicalismo clasista y combativo. Y lo que resuelve no es el discurso pirotécnico pero inocuo, sino un accionar consciente, coherente e independiente, pues no son pocos los sectores inconformes. Una de las debilidades fundamentales está en la confusión de tácticas y estrategias que surca transversalmente a las organizaciones y sus direcciones, provocando la segmentación de las luchas y el internismo como modelo de construcción.

Unidad programática, acuerdos metodológicos, lucha acérrima contra la conciliación y los conciliadores y actitud unitaria en las luchas son tareas principales que nos impone la coyuntura.

Sergio Pereira es integrante de la dirección del Sindicato de Trabajadores del Taxi (SUATT). Militante de la Tendencia Clasista y Combativa (TCC)

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Artículo publicado en el Construyendo Nº 38 de Febrero/Marzo 2010

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