El arte como resistencia: Nicolás Guillén, poeta cubano

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16.May.10 :: Cultura

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Nicolás Guillén nació en Camagüey, Cuba, el 10 de julio de 1902 y muere en La Habana, el 16 de julio de 1989, vive, por lo tanto todas las vicisitudes de la historia cubana del siglo XX, desde la pseudo independencia lograda en 1898 de España y tutelada por los Estados Unidos, hasta la revolución y su defensa.
Guillén “se compromete con las fuerzas sociales y políticas que se lanzan a la empresa libertadora de la dominación norteamericana y de la dictadura de su último epígono, Fulgencio Batista. Del poeta, la vida pública, las actividades periodísticas y culturales y la producción poética nunca estuvieron ajenas a su tiempo histórico. Su canto fue de rebeldía y esperanza, de combate y nostalgia, en cuanto pesó sobre Cuba el duro destino de tantas naciones hispanoamericanas. (…) Más de cincuenta años de hacer poético rendirán a la posteridad una vastísima y variada obra, en la cual se abarcan diferentes ámbitos: la política, la cultura popular, lo folklórico, lo negro y la formación racial cubana, lo amoroso, lo satírico, lo épico, la naturaleza, sus viajes por América Latina y por el mundo, y la Revolución Cubana. (…) Todo englobando un amplio espectro de emociones (alegría, esperanza, fe, amor, patetismo, curiosidad, incredulidad, desaliento, indignación, pérdida, luto), que convergen en los poemas con auténtica vivacidad.” (Darío Restrepo, Revista de LITERATURA CUBANA, 1993, Nro 20)
Cuando aparece Motivos de son, Mirta Silva escribe “Guillén estaba harto de blanquiños tostados por el sol; harto de la falsedad burguesa; harto de doctores que se escandalizaban en público y en privado no dejaban de incrementar el mestizaje de la isla. Y harto también de que por hipocresía y por prejuicio se estuviese perdiendo la maravillosa cantera plástica, musical y poética del mestizaje cubano”.
Y vaya si rescata todos estos elementos. Los poemas de Nicolás Guillén, más que leerlos hay que bailarlos. El ritmo contagioso parece trascender al papel. Pero este ritmo está acompañado de una profunda conciencia social, y de una lucha que el poeta da desde su oficio.

LA CANCIÓN DEL BONGÓ

Esta es la canción del bongó:
—Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
Unos dicen: Ahora mismo,
otros dicen: Allá voy.
Pero mi repique bronco,
pero mi profunda voz,
convoca al negro y al blanco,
que bailan el mismo son,
cueripardos y almiprietos
más de sangre que de sol,
pues quien por fuera no es de noche,
por dentro ya oscureció.
Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
En esta tierra, mulata
de africano y español
(Santa Bárbara de un lado,
del otro lado, Changó),
siempre falta algún abuelo,
cuando no sobra algún Don
y hay títulos de Castilla
con parientes en Bondó:
Vale más callarse, amigos,
y no menear la cuestión,
porque venimos de lejos,
y andamos de dos en dos.
Aquí el que más fino sea,
responde si llamo yo.
Habrá quién llegue a insultarme,
pero no de corazón;
habrá quién me escupa en público,
cuando a solas me besó…
A ése, le digo:
—Compadre,
ya me pedirás perdón,
ya comerás de mi ajiaco,
ya me darás la razón,
ya me golpearás el cuero,
ya bailarás a mi voz,
ya pasearemos del brazo,
ya estarás donde yo estoy:
ya vendrás de abajo arriba,
¡que aquí el más alto soy yo!

(Sóngoro cosongo, 1931)

En 1958 publica “Paloma de vuelo popular”, y en este libro se encuentra uno de sus poemas más conmovedores y profundos: “Little Rock”.
Algunos datos para tener en cuenta:
Litlle Rock es una ciudad de Arkansas, al sur de los Estados Unidos. El poema hace referencia a los sucesos que fueron denominados como “Central High Crisis”: En 1957, bajo orden de la corte federal, el liceo de Litlle Rock se preparó a admitir a nueve estudiantes negros. En la tarde del 2 de septiembre, el gobernador de Arkansas, Orval Faubus (mencionado en el poema), anunció durante un discurso televisado sus intenciones de prohibir la entrada de dichos estudiantes y de usar las tropas de la Guardia Nacional de Arkansas “para prevenir la violencia.” El 4 de septiembre, cuando los estudiantes, intentaron entrar en la escuela, la Guardia Nacional de Arkansas los rechazó. En los diarios de ese día se relata como la joven Elizabeth Eckford, de 15 años de edad, se encontró sola en medio de la muchedumbre. “Traté de buscar por una cara amable en la muchedumbre— a alguien que me ayudara. En el rostro de una mujer vieja me pareció encontrar bondad, pero cuando volví a mirarla, me escupió.” La entrada a la escuela se le fue negada por dos semanas.
En el poema se mencionan varios términos y nombres tristemente famosos, las leyes de Jim Crow, Charles Lynch y John Foster Dulles.
Se denominan leyes de Jim Crow a las leyes racistas estatales y locales que fueron promulgadas en Estados Unidos (entre 1876 y 1965), luego de la abolición de la esclavitud. Bajo el lema “Separados pero iguales”, no se les permitía la los negros usar los mismos lugares en el transporte público, en restaurantes o baños, ni hablar de las escuelas.
Charles Lynch (1736 - 29 de octubre de 1796) juez del estado de Virginia en el siglo XVIII, en 1780 ordenó la ejecución de una banda de conservadores sin dar lugar a juicio. Su nombre dio origen al término “linchamiento”. En el poema hace referencia a los reiterados linchamientos que sufrieron hasta no hace mucho tiempo los negros (en manos del Ku Klux Klan, u otras bandas organizadas o no) en aquel país que se arroga de ser el más libre del mundo.
John Foster Dulles, (o “Foster tonto”, como lo denomina Guillén), fue secretario de Estado de los Estados Unidos y abogado de la United Fruit. Fue, además una figura significativa en los primeros años de la guerra fría. Anticomunista a ultranza, fue contrario a la política de “contención” aplicada por la administración de Truman, desde su puesto lanzó una nueva política estratégica frente a la URSS (New Look) basada en la superioridad tecnológica norteamericana y en la adopción de represalias masivas nucleares en caso de una agresión comunista. El Aeropuerto Intenacional de Washington D.C. debe su nombre a este político.

En este poema Nicolás Guillén, gracias a su increíble capacidad para sintetizar a través de imágenes una multiplicidad de ideas y emociones, transmite, entre otras, el dolor por la injusticia y la desigualdades entre los hombres (de raza o de clase), la desesperación por la estupidez que conlleva el racismo, y la necesidad de un cambio radical, tanto en las cabezas como en las relaciones que han establecido los hombres en este mundo.

LITTLE ROCK

Un blues llora con lágrimas de música
en la mañana fina.
El Sur blanco sacude
su látigo y golpea. Van los niños
negros entre fusiles pedagógicos
a su escuela de miedo.
Cuando a sus aulas lleguen,
Jim Crow será el maestro,
hijos de Lynch serán sus condiscípulos
y habrá en cada pupitre
de cada niño negro,
tinta de sangre, lápices de fuego.

Así es el Sur. Su látigo no cesa.

En aquel mundo faubus,
bajo aquel duro cielo faubus de gangrena,
los niños negros pueden
no ir junto a los blancos a la escuela.
O bien quedarse suavemente en casa.
O bien (nunca se sabe)
dejarse golpear hasta el martirio.
O bien no aventurarse por las calles.
O bien morir a bala y saliva.
O no silbar al paso de una muchacha blanca.
O en fin, bajar los ojos yes,
doblar el cuerpo yes,
arrodillarse yes,
en aquel mundo libre yes,
de que hablar Foster Tonto en aeropuerto
y aeropuerto,
mientras la pelotilla blanca,
una graciosa pelotita blanca
presidencial, de golf, como un planeta mínimo,
rueda en el césped puro, terso, fino,
verde, casto, tierno, suave, yes.

Y bien, ahora,
señoras y señores, señoritas,
ahora niños,
ahora viejos peludos y pelados,
ahora indios, mulatos, negros, zambos,
ahora pensad lo que sería
el mundo todo Sur,
el mundo todo sangre y todo látigo,
el mundo todo escuela de blancos para blancos,
el mundo todo Rock y todo Little,
el mundo todo yanqui, todo faubus…
Pensad por un momento,
imaginadlo un solo instante.

Nada más que agregar.

Alba es militante de COMUNA Salto (Salto, ROU)

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Publicado en el Construyendo N.39 Abil-Mayo 2010

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