Mujica: más de lo mismo

16.May.10 :: Editoriales

\"Fotocomposición En poco menos de dos meses, el gobierno ha dado señales claras de sostener el mismo modelo económico neoliberal, continuista y fondomonetarista. Las reservas del Banco Central serán volcadas para el pago de la odiosa Deuda Externa y si es posible adelantar pagos, como lo efectuó Astori y quiere emular su discípulo Lorenzo.

(Fotocomposición realizada por Enzo Moreno)



Escudándose en los plebiscitos Mujica no está dispuesto a anular la ley de impunidad, aunque esté en el programa del FA y al borde de una condena de las Naciones Unidas. La historia de las Fuerzas Armadas es la historia de un cuerpo punitivo del estado, que como instrumento de la clase dominante es responsable directo de las violaciones y tropelías contra el pueblo, sin embargo ante “una crisis política serán los garantes de la constitución y la democracia” (sic). Consciente que sectores del propio FA puedan desobedecer sus intenciones de “perdonatutti” se ha confabulado con los partidos de la gran burguesía en la repartija de cargos para tener siempre los votos suficientes para hacerle los mandados al FMI y al imperialismo. Con 400 mil trabajadores en negro y más de doscientos mil desocupados y centenares de miles fabricando su propio empleo, con un salario mínimo de 4.771.- pesos, solicita “trabajo voluntario” para implementar un plan de viviendas con inversión privada.

Los disparates del “Señor Presidente” en el tema de las Fuerzas Armadas

Mujica en su audición del 13 de abril del 2010, “Habla el Presidente”, declaró algunas “reflexiones” sobre temas “feos”, donde les entrega a las Fuerzas Armadas, responsable de todos los golpes de estado en la historia del país, a partir de 1880, la custodia de la democracia.

Dice Mujica: “Creo que ningún economista del mundo hoy puede vaticinarnos que el porvenir, la economía mundial, no vaya a tener en algún momento alguna crisis de esas a las que nos tiene acostumbrado. Que provocan una crisis en el comercio internacional, en la demanda, y que hacen caer el ingreso abruptamente en las naciones, como ha pasado tantas veces en nuestra historia. Y esas crisis cíclicas a las que nos tiene casi acostumbrados la marcha del capitalismo y de la economía se transforman en crisis sociales, en crisis por el reparto dentro de las sociedades. Porque naturalmente los sectores más fuertes de la economía tratan de trasladar el peso de esa crisis a los sectores asalariados. Estos se defienden como pueden y las sociedades crujen, entran en momentos, en instancias de grandes tensiones sociales.”

Sigue Mujica: “Entonces, a esta altura del análisis, la primera pregunta que uno tiene que hacerse es cuál es la honda garantía de la democracia institucional del país. Es nuestra visión, esas cosas que convencidos solemos decir: nunca más. Es la educación de nuestros muchachos, educación que propende, bien, mal o regular, al respeto institucional, al respeto del juego democrático, de mayorías y de minorías. Es nuestra cultura. Todos esos factores juegan y son importantes, y no es nuestra intención desmerecerlo. Pero la gran garantía es que los cuerpos armados, en la hora de las tensiones sociales, defiendan la estabilidad institucional. No permitan ser arrastrados a la aventura. No permitan alinearse atrás de aventuras golpistas o semi golpistas. Esta cuestión pasa a ser vital. No consideramos que los responsables de los golpes de Estado sean directamente los cuerpos armados. En el fondo hay otros factores que juegan. Pero esos factores hondos, si se quedan sin instrumento práctico, serán fuerzas negativas de nuestra sociedad, pero no mucho más. La verdadera garantía para una nación es que sus cuerpos armados, en los grandes momentos de tensión, cuiden y respeten el funcionamiento institucional. Esto no tiene vuelta y no hay que disimularlo”.

En su mensaje a las Fuerzas Armadas, en la Brigada Aérea N. 2 de Santa Bernardina, Durazno, donde Mujica había convocado a los alto mandos manifestó: “No hay vencidos ni vencedores”, exigiendo la unidad nacional entre víctimas y victimarios, entre torturadores y torturados, entre genocidas terroristas de estado y las mayorías golpeadas, a quienes hoy, las Naciones Unidas, exige se les brinde una reparación integral.

Calificándolos de “soldados de mi patria”, “con magros salarios”, “que navegan en la pobreza”, enfatizó que las “Fuerzas Armadas de hoy no deben cargar con ninguna mochila del pasado”, “hay gente que – con razón o sin ella – reclama que hay que dar vuelta la página y al mismo tiempo, gente de nuestro pueblo, tan válida como la otra, que grita por justicia”.

Mujica no ha escatimado esfuerzos de dar señales y gestos positivos a los militares: firmó contrariado en el 2008 para habilitar el plebiscito contra la impunidad, planteó sortear el pasaje a la justicia para aquél militar que pasara información de los desparecidos, manejó la idea de “facultar a los jueces para que puedan conceder la prisión domiciliaria o, en su defecto, decretar la libertad a los genocidas procesados mayores de 70 años”, no comparte la idea de la anulación de la ley de caducidad y en su alocución del 13 de abril manifestó: “convoco a los militares a que se comprometan en la lucha contra la pobreza”.

Lo que oculta hipócritamente Mujica es que siempre las Fuerzas Armadas se comprometieron contra la pobreza, es la razón de la existencia del aparato militar en nuestro país. Están para sostener el orden vigente, el orden de la explotación capitalista, son garantes del derecho de propiedad de las inversiones y patrimonios capitalistas, son incapaces de sostener por 24 horas una ofensiva de los ejércitos de los países limítrofes, no tienen infraestructura para vigilar las fronteras, ni el espacio aéreo y marítimo, el presupuesto militar se costea en parte con las dádivas de las Naciones Unidas en la complicidad de las aventuras imperiales en Haití y África. Son un fiasco internacional, pero verdugos implacables contra su propio pueblo.

En este período histórico de correlación desfavorable para las fuerzas del socialismo, corresponde denunciar el carácter de clase del estado y sus fuerzas represivas, levantar en el programa de liberación nacional y social la necesidad de desmantelar el aparato represivo y la disolución de las fuerzas armadas y educar a los trabajadores en que solamente mediante la revolución, que es la destrucción de ese estado que oprime a las mayorías, se iniciará un camino de auténtica justicia social.

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Editorial del Construyendo Nº 39 de Abril-Mayo de 2010

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