Día Internacional de la Mujer… De lucha contra la explotación y la opresión

Las mujeres trabajadoras, desempleadas y pobres, tienen muy poco para conmemorar, justamente porque su situación de oprimidas viene siendo usada por el capitalismo para aumentar la explotación de la “mano de obra femenina” que ya es más de la mitad de la fuerza de trabajo en el mundo.



Estamos ante un nuevo 8 de marzo que, en este 2008, coincide con la conmemoración del centenario del nacimiento de Simone de Beauvoir, quien escribió en 1949 un libro que fue referencia para la lucha de las mujeres: El Segundo Sexo. En ese libro, ella dice una de sus frases más famosas: “no se nace mujer, se vuelve mujer”. Con eso, Simone de Beauvoir cuestiona uno de los mitos más peligrosos sobre la mujer, el que hay una “esencia” femenina, de que existe la feminidad, el eterno femenino, el “ser mujer”, el misterio femenino, y otras cosas por el estilo. Palabras nada más, o peor, estigmas y trampas que aprisionan a la mujer en una supuesta diferencia, como se hace con el judío, el negro, el homosexual, para transformarlo “en el otro”, entendido como amenaza, diferente, “no común”. Incluso dichas con buenas intenciones, esas palabras son el pilar de la opresión y la tutela ejercidas milenariamente sobre la mujer.

::No somos todas iguales::

En cada 8 de marzo, la propaganda mediática que viene de arriba, de los dueños del poder y del dinero, se refiere a la situación de la mujer, resaltando sus “avances”, su “liberación”, sus “conquistas”. Se habla de las mujeres como un todo, como si fueran iguales. Es la imagen de que las mujeres están “emancipadas” y que la opresión llegó a su fin. Allí están los modelos de esa “emancipación”: Condoleezza Rice, Hillary Clinton, Michele Bachelet, Cristina Kirchner, María Julia Muñoz, Daisy Tourné, y tantas otras que aparecen ocupando cargos de “responsabilidad política”.

Pero las mujeres no somos todas iguales. Las mujeres burguesas, las patronas, las propietarias, las que gobiernan, son muy diferentes a las trabajadoras, a las pobres de la ciudad y del campo, a las desempleadas, a las clasificadoras, a las cartoneras. A pesar de ser mujeres, las explotadas tienen vida e intereses muy diferentes. No somos nosotras las que afirmamos esto. Hasta el órgano máximo del imperialismo mundial, la ONU, desmiente en su último informe anual todos los discursos sobre la “emancipación de la mujer”: ¡el 70% de los pobres del mundo son mujeres! Eso quiere decir que en el 2008, la pobreza tiene cara de mujer.

::Una lucha anticapitalista::

Entonces ¿qué tenemos para conmemorar en este Día Internacional de la Mujer? Muy poco. Porque está muy claro que las mujeres son cada vez más explotadas, y que vienen siendo usadas por el capitalismo como fuerza de trabajo barata en todo el mundo.

La continuidad de las políticas neoliberales (con disfraz derechista o “progresista”), reserva a las mujeres los empleos más precarios, más descalificados, más miserables. O sea, los peores pagos. En su gran mayoría, las mujeres continúan confinadas a los trabajos considerados “femeninos”: enfermería, enseñanza, telefonistas, vendedoras y, principalmente, trabajo doméstico. En la mayoría de los países del mundo, la proporción de mujeres en los sectores de punta de la economía y la industria, no pasa del 20%, siempre en puestos subalternos y con un salario 30% menor al de los hombres. Sin embargo, las mujeres son hoy más de la mitad de la fuerza de trabajo en todo el mundo, ocupan un papel cada vez más decisivo en la economía, sobre todo en el campo, y representan el 35% de los “jefes de hogar” en las familias.

En este 8 de Marzo, las mujeres trabajadoras y pobres continúan cargando sobre sus espaldas uno de los factores más graves de su opresión: las tareas domésticas. Millones de mujeres en el mundo entero dejan gran parte de su vida en la cocina, limpiando, haciendo las compras, es decir, en las tareas que la embrutecen, deterioran su salud y aplastan su auto-estima. La sociedad patriarcal, que se considera tan “moderna” y “avanzada”, sigue alimentando la ideología nefasta de que el “hogar es dominio de la mujer” y que le cabe a ella hacer la comida, lavar los platos, planchar la ropa y cuidar a los hijos.

Principales víctimas de la discriminación racial y sexual, de la persecución contra la inmigración, del fundamentalismo religioso, de las redes de prostitución, del trabajo semi-esclavo, en fin, de la sobre-explotación capitalista, las mujeres son un “sujeto” decisivo en la lucha por la liberación social de la clase trabajadora.

Por eso, las mujeres vienen participando cada vez más en las luchas políticas y sociales. De Palestina a Irak, pasando por los países musulmanes, por la China e India, por América Latina, las mujeres están presentes en las huelgas, en las tomas de tierras, en las marchas contra el terrorismo de Estado, en las grandes manifestaciones por los derechos democráticos. En algunos países, como México y Portugal, las mujeres conquistaron la legalización del aborto, una victoria fundamental en esa lucha histórica. Pero la lucha trasciende las reivindicaciones de género. Confluyen con las demandas clasistas, democráticas, antiimperialistas, porque se trata de una lucha de carácter anticapitalista, cuya perspectiva no es otra que la construcción de una sociedad libre, igualitaria, solidaria, en definitiva, socialista.

Publicado en el Construyendo Nº 29 de marzo de 2008

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