Venezuela en el ojo de la tormenta.

Guerra con Colombia o la paz del narcoparamilitarismo.



Trompetas y sirenas desandan el país. El peligro de una seria confrontación armamentística hizo que empresas clave en el Estado dieran alerta amarilla (de prevención de guerra) y se prepararan para lo peor.
Las aguas no llegaron hasta el cuello y la conciliación Chávez-Santos dejó un sabor amargo a la gran mayoría de luchadores por el socialismo de la región.
¿Cuál fue la agresión que derramó el vaso?
El origen de esta disputa está perfectamente situado en las declaraciones de Luís Alfonso Hoyos en la OEA, que como embajador de Colombia ante esa institución, se dedicó a enunciar una serie de infamias sobre el proceso bolivariano, el supuesto apoyo a las FARC con cifras histéricas sobre campamentos “terroristas” en el país. Las afirmaciones de Hoyos encolerizaron al chavismo y este se dispuso a cortar las relaciones
diplomáticas. Así, se hicieron ciertos despliegues militares y el chavismo ordenó enfilar su batería mediática contra el genocida de Uribe y sus narco-para-funcionarios.Días de ataque que de pronto se tradujeron en la sensación de que todo había sido una provocación colombiana,para impulsar el gobierno entrante de Juan Manuel Santos, tan para-asesino como su espantoso antecesor.
¿Cómo se solucionó todo? ¿Qué discurso se manejó?
La burguesía siempre intenta –como dijo Marx- hacer ver sus intereses particulares, como intereses de todo el “pueblo”. La clase capitalista –Marx dixit- trata de engañar a otras clases con la idea de que lo mejor para ella, es lo mejor para un todos. De esta forma, se fue cocinando la propaganda que estriba en el amplio comercio entre naciones y la multitudinaria afluencia de desplazados colombianos a Venezuela. Se nos
dijo que debemos pensar en un interés común y buscar acuerdos de paz. Así, se fraguó una reunión entre el ex ministro de defensa y de hacienda (entre otros)de Uribe y ahora devenido en presidente Colombia y Chávez. La cumbre de Santa Marta, arrojó una serie fotos donde ambos (respaldados por Néstor Kirchner, presidente de UNASUR) se juraron amistad, alianza y cumplir una serie de acuerdos para integrar a las economías.
¿Era lo ideal firmar acuerdos de esta forma con esa andanada de criminales?
No. El gobierno “socialista” de Chávez, avaló la petición de la CIA que estriba en el desarme de las FARC y del ELN. Se abandonó el discurso en pro de exigir el estatus no de terroristas, sino de beligerancia, a los combatientes por el socialismo en Colombia y además se obvió el tema de las bases militares y la militarización de EEUU en la frontera de ambos países. Peor aún, se avaló a un gobierno colombiano fruto de fraudes masivos, accionar de motosierras para desmembrar en vida a miles de personas. Se apoyó a un gobierno cimentado en fosas comunes donde ejército y paramilitares asesinaron impunemente a miles de personas inocentes. Se congratuló a un gobernante cuyo mérito es servir de
continuación a la narcoparapolítica –más de 80 senadores incursos en delitos relacionados al paramilitarismo- de Uribe. No hay ninguna razón para ocultar la verdad sobre quien es la clase que oprime al pueblo colombiano. No hay cognición diplomática que esconda la naturaleza genocida de esa caterva de vándalos.
Qué lejos le queda el horizonte socialista a estos personajes.

Manuel Sutherland. Asociación Latinoamericana de Economía Política Marxista. (www.alemistas.org)

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Publicado en el Construyendo N.40 AGOSTO-SETIEMBRE 2010

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