Relanzar las luchas sociales. Construir la izquierda anticapitalista

Editorial correspondiente al Construyendo Nº 28 de enero de 2008



El año 2007 quedó atrás. Es un momento en que trabajadores y luchadores sociales reflexionan colectivamente sobre sus experiencias y, a partir de allí, comienzan a imaginar los desafíos para el 2008.
El gobierno, por su lado, se ufana tanto del “sostenido crecimiento económico” como de su capacidad para mantener el “control social” sobre el movimiento obrero y popular (con la complicidad, claro está, de la dirección mayoritaria del PIT-CNT). Es decir, al tiempo que ofrece las mejores condiciones de acumulación y reproducción capitalista, asegura aquellos mecanismos institucionales que no solo formatean la “gobernabilidad”, sino que ponen freno a cualquier intento de “desborde radical” por quebrar el “consenso democrático”.
Pero el “progresismo” ya no consita entusiasmos populares o renovadas esperanzas. Ni siquiera en el frenteamplismo que militó, activamente, por el acotado “cambio posible”. En todo caso, el gobierno del Frente Amplio apenas se beneficia hoy de una adhesión pasiva que, golpeada entre otros factores por las últimas encuestas electorales, teme “una vuelta de la derecha” y se resigna a preferir el “mal menor”. Incluso, si esto tiene como terrible consecuencia el terminar aceptando que escándalos de corrupción como el de Bengoa y su banda de delincuentes o los numerosos “tráficos de influencia” denunciados, son el “precio a pagar por ser gobierno”.
Sin embargo, el descreimiento y la frustración, no han impedido que importantes sectores de la clase trabajadora, del movimiento popular, y de la izquierda, mantuvieran la resistencia social y el enfrentamiento político al gobierno. Asistimos, en este último período, a un rosario de luchas de diferente naturaleza y ámbito de extensión. Desde las masivas manifestaciones anti-Bush el 9 de marzo, hasta el acto del 1º de Mayo organizado por la Tendencia Clasista y Combativa; desde la marcha del 19 de junio contra el “punto final”, hasta los escraches y la campaña de firmas contra la impunidad del terrorismo de Estado; desde las incontables luchas sindicales, hasta las ocupaciones de tierras y liceos.
Así, el 2007 fue preparando el 2008. Y no solo por una secuencia del calendario. Sino porque el programa de continuidad neoliberal -con Astori o sin él en el ministerio- seguirá siendo el rasgo distintivo de la naturaleza capitalista del gobierno. O sea, que la protesta, la movilización y, en definitiva, la resistencia social, seguirán manifestándose como forma de oposición a una política económica que reproduce, diariamente, la superexplotación de la fuerza de trabajo, la masificación del empleo precario, y la extrema pobreza.
Obviamente, ninguna de las “reformas” que el gobierno ha lanzado o anuncia (tributaria, salud, educación, empresas públicas), ni los sucesivos “programas de inclusión” (Panes, Plan de de Equidad, Trabajo por Uruguay), afectan la “rentabilidad” de las patronales locales, ni del capital extranjero que compra tierras y frigoríficos, ni los intereses de transnacionales como Botnia y Ence. Mucho menos a las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial, BID) o los “acreedores” de la deuda externa, que se embolsan 2.000 millones de dólares anuales, robados de los bolsillos de la clase trabajadora.
Pero tampoco (lo que no es tan obvio para mucha gente) este programa económico del “progresismo” apunta a modificar radicalmente las miserables condiciones de vida de centenas de miles de trabajadores, con o sin trabajo. Por el contrario, la aplastante crisis social está allí y “vino para quedarse”. Alcanzaría con ver el detallado Informe de SERPAJ (Derechos Humanos en el Uruguay - diciembre 2007), para constatar, una vez más, las consecuencias desastrosas (económicas, sociales, culturales) de este “modelo” que se presentó con bombos y platillos bajo el eufemismo de “país productivo”. No por casualidad, altos funcionarios gubernamentales reaccionaron de manera destemplada contra dicho Informe, tildándolo de “parcial”, “injusto”, “inexacto”.
En este paisaje de continuidad neoliberal, derechización gubernamental, crisis socio-económica e insuficiente movilización popular, el reciente Congreso del Frente Amplio certificó su conversión como un partido supeditado totalmente a la estrategia del “progresismo”. Sin pasar por alto el pronunciamiento contrario a un TLC con Estados Unidos, o el favorable respecto a la campaña por anular la Ley de Impunidad (aunque ninguno de los dos pronunciamientos tendrán consecuencias sobre el curso del gobierno), el Congreso ratificó, más allá de las conocidas divergencias tácticas o en torno a los “procedimientos”, la hegemonía absoluta de las fuerzas mayoritarias que dan cuerpo político al “progresismo”. Es decir, la estrategia del Frente Amplio se mantiene en el campo de apoyo gubernamental y con el horizonte electoral como prioritario. De allí, que lo único que puede esperarse de la “interna” frenteamplista, sean más zancadillas y maniobras politiqueras, todas relacionadas con las peleas en torno a las candidaturas, sin descartar una vuelta de tuerca en la tan manida reelección de Tabaré Vázquez. Eso es todo.
Entonces, tan imprescindible como relanzar las luchas y la movilización social, lo es construir una alternativa política al frustrante “progresismo”. Ese notorio vacío que existe a la izquierda del Frente Amplio, debe cubrirlo un espacio anticapitalista. Que exprese tanto una amplia pluralidad de sectores políticos de intención revolucionaria, como un acuerdo mínimo en torno a un programa de acción, una estrategia, y una concepción organizativa compartida, que den sustento a una propuesta alternativa a la izquierda del campo gubernamental. Es decir, de carácter democrático, popular, antiimperialista, revolucionaria, socialista. Y que, como espacio de luchadores anticapitalistas se proponga, decididamente, desarrollar una actividad en todos los terrenos de la lucha política y social en el país. En esta tarea a todas luces impostergable, se comprometen las fuerzas que integran la CUR. Tal cual lo manifiestan nuestros documentos fundacionales y, tanto o más importante, nuestro accionar a lo largo de estos dos años de experiencia militante y unitaria.

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