44% de Repetición en Bachillerato ¿Qué significa esa cifra?

¿Qué significado tiene la cifra de 44% de repetición en Bachillerato? ¿Qué representa socialmente el hecho de que casi la mitad de los jóvenes no logren terminar el liceo en el tiempo estipulado?
La respuesta a estos interrogantes tiene que ver con las finalidades asignadas a la educación por parte de quienes detentan el poder en nuestra sociedad.



En el marco actual del desarrollo capitalista y de la lucha de clases a nivel mundial, el neoliberalismo asigna a los sistemas educativos dos grandes objetivos: por un lado, la conversión de la educación en una mercancía, fuente de posibilidades de inversión de capitales y de ganancia, y por otro lado el actuar como mecanismo de control social, que permita actuar , en conjunto con otros mecanismos (como planes de emergencia, planes trabajar, etc) buscando contener posibles focos de resistencia y lucha popular.

En un país como el Uruguay, totalmente sometido al imperialismo, cuya estructura económica se basa en la producción y exportación de materias primas y en el sector de servicios, especialmente turismo y comercio la burguesía no tiene ningún interés en que el sistema educativo que ella controla forme personas con conocimientos científicos, artísticos, humanísticos, y mucho menos que forme personas con capacidad para entender y cuestionar el orden establecido.

Todo el marco social, todos los valores culturales dominantes, todo lo que transmiten lo medios masivos de comunicación, como la televisión, la prensa, internet, etc apunta a generar una cultura de la apatía, del individualismo y la negación de todo cuestionamiento profundo de la realidad.
Esto se da en el marco de una sociedad con altos niveles de pobreza no solo económica sino también cultural que se acumulan desde hace décadas.

En ese contexto existe el sistema educativo uruguayo, cumpliendo la función primordial de reproducirlo.

En este sentido para el gobierno, el imperialismo y la burguesía, las cifras mencionadas significan que aún existen desajustes entre la función que ellos asignan al sistema educativo y las prácticas de los encargados de hacer que el mismo funcione, es decir los docentes.
De esta manera los porcentajes de repetición y deserción escolar se explican por el hecho de que los docentes no terminan de aceptar que sus instrumentos, formas, modos y herramientas de evaluación deben adecuarse a la finalidad de asegurar el mantenimiento de los jóvenes en los centros de estudio y la certificación de las habilidades y hábitos que el sistema reclama para la masa.

El reclamo de quienes dirigen el sistema educativo es que lo que debe valorarse en la evaluación, por parte de los docentes, son aspectos como: la disposición de los alumnos a llevar delante las consignas que se plantean si cuestionarlas, a realizar proyectos focalizados para atender problemas puntuales sin pretender realizar cuestionamientos generales acerca de las condiciones sociales en que los mismos se desenvuelven, a desarrollar el hábito de evitar los conflictos a nivel cognitivo es decir esquivar los problemas y buscar siempre el escape. Se reclama a los docentes que mantengan y que impulsen en sus alumnos una forma de pensar acrónica, es decir fuera del tiempo y por lo tanto de la historia, se busca que los alumnos vivan en un presente perpetuo eliminando procesos de largo plazo, por lo que el trabajo en el aprendizaje de teorías científicas, por ejemplo, debe ser sustituido por el trabajo centrado en los intereses concretos, limitados y puntuales que deben tener los jóvenes de tal o cual zona del país.

Por supuesto que esto nunca es dicho francamente, la clase dominante no muestra su dictadura en forma desnuda sino que siempre la misma es disfrazada y el caso de la educación no es ninguna excepción. Es así que para presentar estas exigencias, los jerarcas del sistema usan términos como “fortalecer los centros educativos” “atender la especificidad de cada zona” “adecuar los contenidos a la realidad de los jóvenes actuales que viven en un mundo dominado por las tecnologías de la información””evaluar a partir de competencias” “redefinir las prácticas de evaluación”,etc.

Es por esto que la vedette del discurso educativo actual por parte de los técnicos especializados, al servicio de los intereses de la burguesía y del imperialismo, es la evaluación. Hay una enorme presión por cambiar las formas y técnicas de evaluación por parte de los docentes de manera de que las mismas arrojen los resultados esperados.

La explicación del alto porcentaje de alumnos que repiten es que la evaluación que realizan los docentes no acompasa completamente a la política educativa actual, es decir que los docentes aún se resisten a aceptar que los alumnos no están en los liceos para aprender conceptos, procedimientos y metodologías de las diferentes disciplinas del saber, sino que están ahí para ser retenidos durante el mayor tiempo posible dentro del local y para potenciar su ignorancia de los grandes temas sociales impulsando en los mismos el desinterés y la apatía hacia toda actividad colectiva y de transformación de la sociedad.

Pero, planteado lo anterior, se hace necesario recalcar que el gran problema de la educación uruguaya no son estas cifras de repetición y deserción, sino que las mismas, si se las quiere considerar como un indicador de los aprendizajes de los estudiantes, si estas cifras representaran una medida de cuanto se han apropiado los mismos del conocimiento social, científico, artístico, físico, etc, las mismas se quedan totalmente cortas.

Es que la situación del sistema educativo uruguayo desde el punto de vista la generación y transmisión de conocimientos es mucho peor que lo que esas cifras muestran.
No es un 44% de los estudiantes solamente el que no genera un nivel mínimo de aprendizajes de las disciplinas fundamentales. No es solo un 44% de los estudiantes de bachillerato el que no aprende los elementos mínimos necesarios para conocer, entender y poder transformar la realidad, sino que esto ocurre con la casi totalidad de los estudiantes, aún con los que aprueban.

En la sociedad actual dominada por la burguesía, el acceso al conocimiento está cada vez más reservado a esa clase, para la cual existen colegios de elite donde se distribuye el conocimiento que la sociedad ha generado entre el puñado de hijos de la burguesía que pueden pagarlo.
En Uruguay la resistencia popular tanto de los trabajadores como de los estudiantes ha retrasado el establecimiento completo de este modelo pero el mismo avanza no solo en Educación Primaria y Secundaria sin también a nivel universitario donde cada vez avanza más la participación privada, sobre todo a nivel de captación de estudiantes de las capas de mayor poder adquisitivo.

En definitiva el sistema educativo del país no está al servicio del acceso al conocimiento y a una formación integral por parte de la población en su conjunto, sino que por el contrario su función es reforzar el empobrecimiento cultural que esta viviendo en general nuestra sociedad, al mismo tiempo que cumple un importantísimo rol en la contención de las contradicciones sociales que el propio sistema capitalista genera, y se convierte cada vez más en un espacio de lucro para el capital.

Baste un ejemplo. La niña mimada de los gobiernos frenteamplistas en educación, y aplaudida por todos los partidos de la oposición, es el Plan Ceibal, un Plan diseñado por la ONG One Laptop Per Child (OLPC) una organización del imperialismo detrás de la que se encuentran grandes multinacionales del sector informático y que impulsan este tipo de planes en todo el mundo como manera de impulsar el consumo de los productos que ellas venden especialmente entre los sectores más jóvenes de la población.
Un reciente estudio oficial, realizado por la Udelar probó que el mismo, luego de 7 años de funcionamiento y mas de 280 millones de dólares de gasto, no ha tenido ningún impacto positivo en los aprendizajes (el mismo se centró en los resultados de las pruebas de matemáticas y de lengua).
La respuesta del gobierno y los jerarcas del sistema educativo es redoblar la apuesta al Plan Ceibal, continuar gastando dinero en él y por supuesto echarle la culpa de los malos resultados a los docentes.

Lo volvemos a repetir, el sistema educativo uruguayo no esta pensado y no funciona para que los jóvenes aprendan y las transformaciones que el gobierno y sus aliados de la oposición impulsan pasan por profundizar el modelo actual.
Tanto el Frente Amplio, como el Partido Colorado, el Partido Nacional y el Partido Independiente, todos ellos firmantes del Acuerdo Multipartidario que da marco a la actual política educativa, están de acuerdo en poner el sistema educativo cada vez más al servicio del capital.

La única manera de cambiar esta realidad de la educación uruguaya pasa por la transformación de toda la sociedad, pasa por el derrocamiento, por parte de los trabajadores y demás sectores explotados, de la dictadura de clase de la burguesía aliada al imperialismo, no hay atajos ni salidas fáciles.

La resistencia y la lucha de los trabajadores de la educación y de los estudiantes en defensa de lo que es un derecho humano fundamental como lo es el derecho a aprender (indisolublemente ligado al derecho a enseñar) ha sido, es y será parte fundamental en la lucha general de nuestro pueblo por su liberación y solo terminará a partir de la conquista del socialismo.

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Publicado en CONSTRUYENDO N° 50. Octubre de 2013

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