96 Aniversario de la Revolución Rusa de Octubre de 1917

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26.Nov.13 :: Socialismo

El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre según el calendario juliano), los cañonazos del crucero Aurora dieron la señal para el comienzo del asalto al Palacio de Invierno. Esa noche la Guardia Roja tomó el control del edificio donde estaba la sede del gobierno provisional de Rusia, mientras se aseguraban todos los puntos claves de San Petersburgo. Poco después el Soviet de Petrogrado lanzaría el siguiente mensaje “El Gobierno provisional está derrocado. El comité revolucionario militar se encuentra a la cabeza del proletariado y de la guarnición. La causa por la que lucha el pueblo; es decir la proposición de paz democrática, el control de los obreros sobre la producción y la constitución de un Gobierno del Soviet está asegurada. ¡Viva la revolución de soldados, de obreros, de campesinos!”.

Llegaba así a su momento culminante el proceso revolucionario que ya en febrero había logrado el derrocamiento del Zar, pero había dejado en el poder a los partidos de la gran y de la pequeño burguesía que se mostraron totalmente incapaces de resolver los grandes problemas del país, la guerra, la hambruna, la crisis económica, el tremendo atraso que el mismo vivía.

La lucha ideológica llevada adelante por Lenin al interior del Partido Bolchevique logra lanzar al mismo al enfrentamiento decidido contra el gobierno, primeramente disputándole la dirección de las masas obreras y populares, para pasar posteriormente a la lucha abierta por la toma del poder.

La consigna “Todo el poder a los Soviets” encabezó la insurrección que terminó derrocando no solo las viejas instituciones monárquicas, sino también las que se habían establecido por parte de la burguesía al tomar el poder, sustituyéndolas por la nueva institucionalidad soviética, basada en la democracia de los obreros y campesinos.

Inmediatamente de esta victoria a clase obrera Rusa debió defender su revolución ante la agresión de los ejércitos imperialistas en una guerra que terminó de devastar el país, y costo la vida de muchos de los mejores dirigentes revolucionarios.

La victoria de la clase obrera, aliada al campesinado fue la base para la construcción del primer Estado socialista de la historia. Una construcción, que logró transformar un país atrasado, arrasado por la guerra, sumido en relaciones sociales precapitalistas, en una potencia económica y militar que se enfrento en pie de igualdad a las mayores potencias imperialistas de la historia.

La posterior disolución de la URSS, mas de sesenta años después, le reconversión capitalista de los países que la componían, los errores y desviaciones de sus dirigentes, el proceso de burocratización que vivió y la llevaron al colapso, de ninguna manera invalidan los enormes logros de la Revolución, sino que por el contrario deben ser analizados críticamente, tal cual enseñaba su principal líder Vladimir Lenin, para que esas experiencias sigan nutriendo a los procesos revolucionarios que se seguirán dando hasta la victoria final del socialismo a nivel mundial.

El principal dirigente revolucionario bolchevique siempre lucho porque no se olvidara el rol que la historia asignaría a la Revolución Rusa, el de primer gran experiencia, el de primer gran batalla ganada por la clase obrera en una lucha mucho más larga, a muerte contra el capitalismo en todo el planeta.

“Debemos ser una parte de los destacamentos, una parte del ejército proletario y socialista de todo el mundo. Nos hemos dado siempre cuenta de que si hemos tenido que empezar la revolución, que imanaba de la lucha de todo el mundo, no ha sido en virtud de méritos algunos del proletariado ruso o en virtud de que él estuviera delante de todos; antes al contrario, sólo la debilidad peculiar, el atraso del capitalismo y, sobre todo, las agobiadoras circunstancias estratégicas y militares nos hicieron ocupar, por la lógica de los acontecimientos, un lugar delante de otros destacamentos, sin esperar que éstos se acercasen, se alzasen.”1

(…)

“No importa que los perros y los cerdos de la moribunda burguesía y la democracia pequeñoburguesa que los sigue nos cubran de improperios, maldiciones y burlas a montones por los desaciertos y los errores que hemos cometido al construir nuestro régimen soviético. No olvidamos un momento que, en efecto, hemos tenido y tenemos aún muchos desaciertos y errores.

¡Y cómo no íbamos a tenerlos en una obra tan nueva, nueva en toda la historia mundial, como es la de crear un tipo de régimen estatal sin precedente! Lucharemos sin cesar para corregir nuestros desaciertos y nuestros errores, para mejorar la forma en que aplicamos los principios soviéticos, que dista aún mucho, muchísimo, de ser perfecta. Pero podemos estar y estamos orgullosos de que nos haya caído en suerte la felicidad de iniciar la construcción del Estado soviético, de iniciar así una nueva época de la historia universal, la época de la dominación de una clase nueva, oprimida en todos los países capitalistas, de la clase que avanza por doquier hacia una vida nueva, hacia la victoria sobre la burguesía, hacia la dictadura del proletariado, hacia la liberación de la humanidad del yugo del capital y de las guerras imperialistas.”2

La Revolución Rusa de 1917 tendrá siempre el lugar en la historia de haber sido la primer revolución socialista triunfante. Todos los procesos revolucionarios posteriores, los victoriosos y los derrotados, son continuadores de la misma.

En ella quedo claro por la fuerza de la práctica social que la clase obrera dirigiendo al pueblo explotado puede derrotar al ejercito opresor, puede destruir la maquinaria estatal que la oprime y puede reorganizar completamente la sociedad y lanzarla a un desarrollo inimaginable en el marco capitalista.

Esta revolución demostró la veracidad de la tesis de que en la fase imperialista del capitalismo es precisamente en los países oprimidos, los países más atrasados, los eslabones más débiles de la cadena, donde comenzará a destruirse la base de sustentación del capitalismo. Fue también la primer demostración de que en la época imperialista todo proceso de liberación nacional, solo puede llevarse a cabo consecuentemente si enlaza de forma ininterrumpida con la revolución socialista.

“El contenido democrático burgués de la revolución quiere decir depurar de todo lo medieval, de los elementos de servidumbre, de feudalismo, las relaciones sociales (el orden de cosas, las instituciones) de un país.

¿Cuáles eran las principales manifestaciones, supervivencias y vestigios del régimen de la servidumbre en Rusia en 1917? La monarquía, la división en estamentos, las formas de propiedad y usufructo de la tierra, la situación de la mujer, la religión, la opresión de las naciones.”

(…)

“No hemos dejado piedra sobre piedra ni ladrillo sobre ladrillo en el edificio secular de la división estamental (¡los países más adelantados, como Inglaterra, Francia y Alemania, no se han desembarazado todavía de los vestigios de esa división!) Hemos arrancado definitivamente las raíces más hondas de los estamentos, a saber: los restos del feudalismo y de la servidumbre en la propiedad de la tierra. “Puede discutirse” (en el extranjero hay bastantes literatos, democonstituciona-listas, mencheviques y eseristas para dedicarse a esas discusiones) lo que resultará “al fin y al cabo” de las transformaciones agrarias de la Gran Revolución de Octubre.

No somos partidarios de perder ahora el tiempo en esas discusiones, porque las dirimimos todas, y cuántas de ellas se derivan, luchando. Pero lo que no se puede poner en entredicho es que los demócratas pequeñoburgueses estuvieron ocho meses “entendiéndose” con los terratenientes - los cuales guardaban las tradiciones de la servidumbre-, mientras que nosotros, en unas cuantas semanas, hemos barrido por completo de la faz de la tierra rusa a esos terratenientes y todas sus tradiciones.”

(…)

“Tomemos la religión, o la falta de derechos de la mujer, o la opresión y la desigualdad de derechos de las naciones no rusas. Todos ésos son problemas de la revolución democrática burguesa. Los entes vulgares de la democracia pequeñoburguesa se pasaron ocho meses hablando de ello; ninguno de los países más avanzados del mundo ha resuelto hasta el fin estos problemas en sentido democrático burgués. En nuestro país, la legislación de la Revolución de Octubre los ha resuelto hasta el fin. Hemos luchado y luchamos de verdad contra la religión. Hemos dado a todas las naciones no rusas sus propias repúblicas o regiones autónomas. En Rusia no existe nada tan vil, infame y canallesco como la falta de derechos o la desigualdad jurídica de la mujer, supervivencia indignante de la servidumbre y de la Edad Media, que la burguesía egoísta y la pequeña burguesía obtusa y asustada retocan en todos los países del globo, sin excepción alguna.

Todo eso es el contenido de la revolución democrática burguesa. Hace ciento cincuenta y doscientos cincuenta años, los dirigentes más avanzados de esta revolución (de estas revoluciones, si hablamos de cada variedad nacional de un solo tipo común) prometieron a los pueblos liberar a la humanidad de los privilegios medievales, de la desigualdad de la mujer, de las ventajas concedidas por el Estado a una u otra religión (o a la “idea de religión”, a la “religiosidad” en general), de la desigualdad de las naciones. Lo prometieron y no lo cumplieron. Y no podían cumplirlo, porque lo impedía el “respeto”… a la “sacrosanta propiedad privada”. En nuestra revolución proletaria no ha habido este maldito “respeto” a esa, tres veces maldita, Edad Media y a esa “sacrosanta propiedad privada”.”

(…)”Resolvimos los problemas de la revolución democrática burguesa sobre la marcha, de paso, como “producto accesorio” de nuestra labor principal y verdadera, de nuestra labor revolucionaria proletaria, socialista. Hemos dicho siempre que las reformas son un producto accesorio de la lucha revolucionaria de las clases. Las transformaciones democráticas burguesas -lo hemos dicho y lo hemos demostrado con hechos- son un producto accesorio de la revolución proletaria, es decir, socialista.” (…)“La primera se transforma en la segunda. La segunda resuelve de paso los problemas de la primera. La segunda consolida la obra de la primera. La lucha, y solamente la lucha, determina hasta qué punto la segunda logra rebasar a la primera.”3

A 96 años de la primer revolución obrera triunfante de la historia, su ejemplo sigue alumbrando la lucha por la libertar de los oprimidos en todo el mundo y mantiene siempre viva, a pesar de las derrotas y retrocesos circunstanciales, la perspectiva final del triunfo definitivo de la revolución socialista a nivel mundial.

“Sabemos que las fieras del imperialismo son todavía más fuertes que nosotros, que pueden volcar sobre nosotros y nuestro país las violencias, las atrocidades y tormentos más desenfrenados, pero no pueden vencer a la revolución mundial. Están posesos de un odio cerril, y por ello nos decimos a nosotros mismos: pase lo que pase, cada obrero y cada campesino de Rusia cumplirá con su deber y entregará la vida si así lo exige la defensa de la revolución. Decimos: pase lo que pase, cualesquiera que sean las calamidades que nos envíen los imperialistas, no se salvarán. ¡El imperialismo sucumbirá, y la revolución socialista internacional triunfará contra viento y marea!”4

NOTAS:

1 y 4- V.I Lenin. Discurso sobre el aniversario de la revolución pronunciado ante el VI Congreso Extraordinario de los Soviets de Toda Rusia. 6 de noviembre de 1918.

2 y 3- V.I Lenin. Discurso con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre. 14 de octubre de 1921

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Publicado en CONSTRUYENDO N°51. Octubre de 2013

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