Gane quien gane el que Pierde es el Pueblo



Este era el titular principal de tapa de nuestro periódico Los Orientales de la edición de junio-julio de 2004. Tal afirmación era compartida por un espacio militante muy reducido de la izquierda clasista y de intención revolucionaria en nuestro país. Aunque buena parte de ella no osara hacerlo público, tal cual lo hizo el MRO, aun a costa de ganarse la antipatía de vastos sectores de la clase obrera y el pueblo explotado. En el editorial analizábamos al imperialismo y el comportamiento de cada una de las fórmulas presidenciables salidas de las internas partidarias, tanto de los partidos burgueses, como del Frente Amplio. También analizábamos cuál sería su comportamiento de ganar las elecciones y sosteníamos: “Se impone la reconstrucción de una izquierda revolucionaria, se necesita levantar bien alto las banderas de la revolución y el socialismo, se hace imprescindible que luchemos y nos organicemos teniendo como eje el programa histórico de liberación nacional y social”.

Para las elecciones de 2009, después de haberse frustrado por diversas razones, tanto ajenas como propias, una nueva oportunidad de alcanzar la necesaria unidad de los revolucionarios que pudiera vertebrar un frente programático electoral que impulsara, entre otras, una táctica electoral que pudiera marcar un espacio de oposición a los partidos del sistema,.
En el 48 Aniversario del MRO la consigna era: ANTE LA CRISIS CAPITALISTA LEVANTEMOS UN PROGRAMA POPULAR REVOLUCIONARIO

Y para las elecciones de octubre del 2009:
DECLARACIÓN MRO-COMUNA SOBRE PROCESO ELECTORAL.
Llamamos a votar en blanco con apoyo al plebiscito contra la impunidad.
Seguir luchando por la unidad de la izquierda consecuente que se dará sin lugar a dudas en el transcurso de la lucha contra las políticas neoliberales y por la liberación nacional y social.
14 DE OCTUBRE DE 2009

En este 2014 nuevamente el calendario electoral está marcando, nos guste o no, la agenda política nacional y las consecuencias que de ello se derivan. La campaña se lanzó hace rato y, como de costumbre, no hay alusión alguna de soluciones estructurales a los padecimientos de la clase obrera y el pueblo explotado, salvo las excepciones marcadas por los partidos de la izquierda extra-frenteamplista que no tienen ninguna posibilidad de incidencia en la política nacional, aun logrando colocar representantes en el parlamento. Los únicos que desde el stablishment parecen preocupados por la situación económica, en un sentido reaccionario sin dudas, son los economistas burgueses que alertan sobre serios problemas a corto plazo y su receta de salida es más neoliberalismo, es decir, peores condiciones de vida para los trabajadores en aras de sostener la tasa de ganancia.

Han pasado 10 años de gobierno del “progresismo” con mayorías parlamentarias y el balance no puede ser más claro. Quienes accedieron al gobierno montados en las ansias de las grandes mayorías por alcanzar cambios profundos, se revelaron como los peores estafadores de esos anhelos y los mejores servidores del imperialismo y el capital trasnacional. El saldo es más que aleccionador: duplicación del endeudamiento externo e interno; extranjerización y reprimarización de todas las áreas de la economía; achatamiento de la pirámide salarial y reducción de la participación del salario en la renta nacional; déficit habitacional y especulación inmobiliaria; aumento de la carga impositiva a los salarios y jubilaciones y exacciones impositivas a casi la totalidad de las cámaras empresariales y, especialmente a las multinacionales; desmantelamiento de la salud pública y subsidios al empresariado médico; desmantelamiento de la educación pública con el objetivo de su privatización a semejanza del modelo chileno; mantenimiento de la ley de impunidad y de la impunidad de los violadores de los DDHH; aumento exponencial de la represión multiplicando la población carcelaria obteniendo la condena internacional por las condiciones infrahumanas de reclusión; persecución y judicialización de la oposición política y social; mantenimiento de tropas de intervención de Haití; nepotismo y corrupción en repetidos casos denunciados y juzgados, tanto a nivel municipal como nacional (casinos municipales, Pluna, etc.); han domesticado al sindicalismo institucionalizando sus organizaciones y estrategia, transformándolas en trampolines políticos hacia cargos en los ministerios, entes y parlamento, cooptando a la mayoría absoluta de la dirigencia sindical, estudiantil y social.

Las medidas y programas focalizados de carácter asistencialista dirigidos a los sectores más desposeídos, la dispersión de la izquierda y el viento de cola de la economía, permitieron al progresismo aplicar el programa neoliberal y fondomonetarista sin mayores sobresaltos, pero esos vientos se agotan rápidamente. Por otra parte, del resto de partidos burgueses no se puede esperar más que la profundización de medidas antipopulares y la izquierda extrafrenteamplista, de lograr representación parlamentaria, quedará subsumida dentro de los mecanismos de una institucionalidad democrático burguesa cada vez más burguesa y menos democrática.

La crisis capitalista se está trasladando del centro a la periferia y la burguesía mundial no duda demasiado en romper sus propias reglas para mantener la tasa de ganancia, pues necesita derribar toda barrera social, legal, política o administrativa para lograr su objetivo. Esa es la tendencia mundial expresada en las guerras, golpes de estados, anexiones, derrocamientos y nombramientos y, está más que demostrado que en América latina no habrá excepciones. A la par del agotamiento de los llamados “modelos alternativos al neoliberalismo” se agotan rápidamente las vías institucionales para los cambios, sean estos en el sentido reaccionario o en el sentido revolucionario. En muchos países la burguesía ya lo comprendió, Colombia, Paraguay, Honduras y Venezuela son muestras de ello. En otros países, la clase obrera y el pueblo van llegando a esas conclusiones de manera visceral, inconsciente, espontánea, mucho más por desafección que por comprensión. Este cambio de situación en ciernes nos llama a la reflexión sobre el programa y las tácticas a desarrollar, como también sobre los marcos de acumulación y de unidad política que debemos privilegiar los revolucionarios, continuando y profundizando la batalla teórica y política contra el reformismo y la conciliación en todas los frentes.

Esta es la tarea táctica principal que nos ocupa en este 2014, año del 53 aniversario de nuestra organización. Tarea para la cual no estamos solos, sino que nos vamos encontrando con otras fuerzas y militantes que, quizás por distintos caminos, van llegando a las mismas conclusiones. Se impone la tarea de impulsar un programa de soluciones populares inmediatas, un programa de liberación nacional y social, junto a una estrategia de lucha por la revolución y el socialismo por fuera de la institucionalidad, sin desmerecer los espacios institucionales, que servirán para potenciar aquellos. Un programa y una metodología que logren plantarse como alternativas a la trampa institucional y convoque a los militantes más activos y honestos de la clase obrera y el pueblo a recorrer los caminos de unidad de acción que desemboquen en la unidad de los revolucionarios.

barrapunto  Tuenti  twitter  facebook  Meneame  google