Argentina, situación política. El zorro de arriba y el zorro de abajo[1]


El año comenzó con un violento ataque al poder adquisitivo de la mayoría de los trabajadores. El ajuste no reconocido como tal por el gobierno, es la salida inevitable para la burguesía ante el final de un ciclo de acumulación del capitalismo local, que entró en un período de crisis. Ésta se enmarca en la crisis internacional, situación  que implica menores posibilidades de una salida rápida al estancamiento; la suba del dólar de 22% no logró revertir la caída en la competitividad de la industria local, en la única franja que aún está a la altura de la productividad media mundial, las materias primas.

La exportación de cereales sufrió un desplome de un 54% interanual[2], cabe aclarar que este rubro representa el 41% del total de los productos que se exportan. Esto es acompañado por el freno en distinto grado en el resto de las ramas industriales, como la automotriz, en las que ya se perfilan despidos y cierres de turnos.  

La salida ortodoxa de ajuste y nuevo proceso de endeudamiento, no es un viraje del gobierno nacional, sino la profundización de una política que en la última década, como en las anteriores, tuvo como principales beneficiarios a los grandes monopolios.

Lejos quedó la retórica de desendeudamiento y también lejos la pelea con la “corpo”. La crisis pone en vereda a la burguesía e inmediatamente se dejan de lado las contradicciones secundarias para abroquelarse y descargar la crisis sobre los trabajadores y el pueblo. Esto queda en evidencia en el arreglo con Repsol y búsqueda de cerrar el litigio con el club de Paris. Es por esa razón que la presidenta se reunió con el director del Fondo Fintech, socio de Clarín y actual dueño de Telecom, para que éste compre bonos del Estado por 1500 millones de dólares y compre también la deuda con el club de París y así poder llegar a un acuerdo con los llamados fondos buitre[3].

Existe también un acuerdo entre las cámaras empresariales y sus representantes políticos en la necesidad de sostener la gobernabilidad. El Kirchnerismo está agotado y sin una figura de recambio. Así lo demuestra la sangría de intendentes del conurbano y burócratas sindicales hacia el Frente renovador de Sergio Massa: la ausencia de un candidato detrás del cual alinearse y el miedo a provocar una crisis política que hubiese impactado de lleno en el gobierno fueron las causas que le permitieron a Cristina Kirchner imponer a Zamora sin romper la unidad de la bancada[4].Este escenario da cuenta de la pérdida de su base social, ahora acompañada de la imposibilidad de iniciativas “progresistas” como las que le dieron oxígeno años atrás y la urgencia de un ajuste de la economía que los deja más expuestos que nunca.

La situación cambió más allá de que el personal político siga siendo el mismo, porque se terminó el ciclo expansivo del capitalismo local (no hace falta esperar a 2015) y esta recesión a diferencia del 2001, se enmarca en una crisis generalizada del capitalismo que no permite esperar una salida a corto plazo, sin que medie un ajuste de proporciones descomunales, que estará determinado por el grado de resistencia que podamos ejercer los oprimidos.

El otro zorro…

La principal barrera para la clase dominante sigue siendo la lucha de clases. Como señalamos en anteriores artículos[5] la institucionalidad burguesa no logró recomponerse. Es decir, la crisis en la superestructura emergente en el 2001 continúa abierta. Las recientes movilizaciones de los trabajadores de la educación en la provincia de Buenos Aires dejaron en claro, el nivel de combatividad y  disposición a la lucha de nuestra clase obrera, la marcha de cerca de 50000 docentes fue de dimensiones no vistas en años y el aspecto principal, para nosotros, es que se evidencia aún más el deterioro de la burocracia sindical (que perdió distritos históricamente “oficialistas”, en las últimas elecciones) presionada por la extensión de las asambleas de base y los autoconvocados.

Esta huelga, más allá del resultado en materia salarial, condiciona y pone un piso al resto de los sindicatos (Las CGT opositoras están discutiendo un paro general para Abril) pero fundamentalmente, alecciona a miles de trabajadores sobre nuestra propia fuerza.

El eje de la lucha política, ha pasado nuevamente de los carriles institucionales a la calle, eso lo ve el gobierno y por esa razón tanto oficialistas como la oposición patronal, coinciden en la necesidad de frenar y reprimir la protesta popular, así lo declaró la presidenta, entre los aplausos del PRO, al decir que deben legislar contra los cortes de calles.

Es necesario, a nuestro entender, sacar lecciones de la reciente experiencia de lucha de nuestro pueblo. La nueva situación hace urgente la unidad de los que luchan, pero esta debe fundarse en bases sólidas y principalmente desde la independencia de clase, un programa y una acción clasistas son el reaseguro para superar la dispersión y  poner en pié una herramienta política que prefigure la superación del capitalismo. 

 
Frente de acción revolucionaria

Por la unidad y el socialismo
 
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[1] Novela del escritor peruano José María Arguedas (1911-1969) que narra las consecuencias sociales de la llegada del capitalismo a la región costeña de Perú.

 [2] Página12 21/03/2014

[3] Diario Perfil 22/03/2014

[4] La Nación 24/03/2014

[5] Documento  conjunto de Fogoneros y FAR, sobre situación política nacional, presentado en el VII encuentro guevarista.

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Publicado en CONSTRUYENDO N°54. ABRIL DE 2014

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