Espacio Votamos Luchar: Gane Quien Gane… Pierde el Pueblo



“Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Albert Einstein

Pasaron las elecciones internas y se concretaron las formulas de los partidos del sistema, colorados, blancos, frenteamplistas e independientes ya tienen formada su convención y su fórmula, salvo los colorados que han dejado este detalle para más adelante. La oposición electoral de izquierda también pasó la prueba de las internas. El PERI, la UP-AP y el PT lograron los votos suficientes y ahora deberán encarar sus respectivas convenciones y pasar la prueba de la supervisión directa de la corte electoral para así llegar a las elecciones de octubre. Los resultados del escrutinio arrojaron varias sorpresas. El Herrerismo derrotó al sector de Larrañaga en el Partido Nacional. La lista de Raúl Sendic se colocó como la primera fuerza dentro del Frente Amplio, el MPP, la CAP-L y el PC tuvieron serios retrocesos en cantidad de votos y hubo una interesante cantidad de votos en blanco y anulados que han llamado la atención de absolutamente todos.
Sin duda ese llamado de atención tiene motivaciones e interpretaciones diferentes para los partidos y analistas del stablishment y para la oposición electoral de izquierda. Así lo han demostrado las distintas intervenciones realizadas ya sea en la prensa, como en las redes sociales. Pero ninguna de ellas ha logrado superar los límites de la particularidad y de las aspiraciones propias para octubre, hecho este que no es malo en sí, pues de eso se trata, de conseguir votos en el proceso electoral, para muchos a cualquier precio, para algunos no tanto y para muy pocos sin perder principios.
Desde algunos sectores de la izquierda extrafrenteamplista se han lanzado algunos análisis que intentan explicar la “inmadurez” del “votoanuladismo” o su “falsedad” o “inexistencia”, su falta de programa y perspectivas, concluyendo que el “esfuerzo” del heterogéneo espacio abstencionista es en vano, un desperdicio que puede y debe ser canalizado hacia colocar representantes populares en el parlamento. Hasta ha habido esfuerzos por establecer antecedentes y paralelismos históricos que justificarían la “necesidad” de parlamentarios que hagan de polea de transmisión y utilicen el parlamento como “caja de resonancia” de los reclamos obreros y populares.
Todo esto es cierto, pero también es falso.
Ningún partido, movimiento u organización alcanza su “madurez” por el hecho de tener o no participación electoral. Como tampoco “existe” como fuerza política por el simple hecho de tener planchas de candidatos “votables” por cierto número de ciudadanos en instancias electorales. Ni hablar de la heterogeneidad interna que prácticamente todas las expresiones electorales poseen, incluidas las de la oposición de izquierda, expresada no sólo en las motivaciones de sus votantes, sino también en los programas, tácticas y discursos de sus referentes y dirigentes. Y, llegando al punto de si es “necesaria” una representación parlamentaria para la clase obrera y el pueblo, representación que “amplifique” dentro de la “caja de resonancia” los reclamos más que justos y siempre postergados de los explotados y oprimidos, podemos ver ejemplos en todo el planeta, en toda la historia del capitalismo y en la actualidad, de que la afirmación de esta premisa o su negación no son verdades que den respuestas a los problemas centrales de la clase obrera y el pueblo explotado.
Para las organizaciones anticapitalistas, que luchan por el socialismo, por terminar con la explotación del hombre por el hombre, lo imprescindible (recordando a Marx) debería ser la construcción de la fuerza material que sea capaz de derrotar la fuerza material de la burguesía, desarrollando estrategia, tácticas, programas y organización que lo permitan. Hoy día la clase obrera y el pueblo explotado de nuestro país carecen de esa alternativa. Ni las fuerzas que se empeñan en tácticas electorales con candidatos, ni las que impulsan tácticas electorales abstencionistas, han logrado resolver esta situación y lejos están de hacerlo. Pues existen impedimentos que sobrepasan en largo su intencionalidad y capacidad para ello. Esos impedimentos están en la pérdida de capacidad analítica, en cierta infertilidad teórica que surca y atraviesa las corrientes y doctrinas, en la cesión a la influencia del posibilismo y su consecuente acortamiento de horizontes.
Es tan cierto que el “votoanuladismo” en general carece de un programa, como que los diferentes programas y los métodos desarrollados por la izquierda extrafrenteamplista han convencido a vastos sectores de masas. El “votoanuladismo” es tan “apolítico” o “conciente” como se lo pretenda mostrar. Y la izquierda electoral extrafrenteamplista es tan “única”, “verdadera izquierda” o “parte de la izquierda” según como la presenten sus propagandistas y referentes. La desafección no es una salida, pero la repetición mecanicista de las mismas tácticas en coyunturas diferentes tampoco.
La crisis actual del capitalismo está abriendo escenarios ya vividos, pero con peculiaridades que deben ser analizadas. Se aceleró el proceso de concentración del capital, aumentaron las guerras de rapiñas y existe un claro ascenso del fascismo principalmente en Europa; pierde prestigio la democracia burguesa como representación simbólica del capitalismo; la burguesía tiene cada vez más necesidad de romper las “reglas de juego” por ella misma impuestas en aras de la concentración de capitales y la realización de la ganancia; la clase obrera influenciada por la ideología del sistema y por las grandes organizaciones socialdemócratas carece de una perspectiva independiente; las organizaciones anticapitalistas, en su gran mayoría, carecen de estrategias claras; el ascenso del fundamentalismo religioso, sobre todo en Medio Oriente y Asia, tiene su correlato en el conservadurismo social que campea en occidente. Todo esto forma parte de una mezcla explosiva frente a la cual no existen salidas emancipadoras claras que sean visualizadas por las masas que no dejan de luchar, pues así lo muestran la infinidad de huelgas, movilizaciones y conflictos que se desarrollan en todo el mundo aunque la mayoría de ellas sean a la defensiva.
Se hacen necesarios análisis y debates estratégicos profundos, que posibiliten miradas más abarcadoras del qué hacer militante revolucionario. En estas coyunturas, donde se abren procesos de inflexión que comienzan a cerrar y abrir ciclos, se hace más que necesario el intelectual colectivo que logre romper el pensamiento dicotómico rampante, la táctica excluyente, la entronización del sectarismo, la soberbia y la hemiplejia políticas.
Sólo para dejar planteado el desafío para el debate: Atravesamos una situación en la cual todos podemos tomar partido sobre lo que hay unos metros por delante de nuestras narices evadiéndonos del debate ciertamente más esencial sobre que ni el abstencionismo, ni el logro de uno o dos diputados constituyen por sí mismos soluciones ante la ausencia de claridad en la construcción de fuerza material revolucionaria, en lo referente a la estrategia, la teoría, la organización y la conciencia.

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Publicado en CONSTRUYENDO N°56. Agosto de 2014

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