La aceleración de la crisis y la necesidad de la revolución  

Argentina: “El problema principal de toda revolución es el problema del poder del Estado”)[i]



Como lo señalamos en publicaciones anteriores, el capitalismo local culminó un ciclo de crecimiento y está entrando a paso redoblado en una crisis profunda.
Tanto los datos oficiales del INDEC, como consultoras de estadísticas privadas coinciden en el advenimiento de la crisis que ahora se manifiesta como un proceso estanflacionario (inflación combinada  con estancamiento de la producción). En la industria automotriz, en abril hubo 1100 trabajadores suspendidos entre las empresas IVECO (FIAT) y Renault de Córdoba, pero para los primeros días de mayo la cifra de suspensiones ascendía a 12000[ii].
Las automotrices -junto con la construcción- fueron el pilar de la magra recuperación del empleo en los últimos años. Recuperación sostenida por la demanda externa, fundamentalmente de Brasil, destino del 80 % de la producción. El sostén de dicha producción se garantiza por los subsidios estatales provenientes del ingreso de dólares vía soja.     
En este marco, con una crisis internacional no resuelta, se hace improbable una salida como la del 2002, es decir una recuperación de la estrecha competitividad mediante una más violenta baja de salarios. Es entonces que el Estado, tan reclamado por los populistas de todos los colores, comienza a mostrar su carácter sin maquillaje aplicando el inicio del ajuste. La realidad es que la clase dominante ya cerró filas y todas las variantes políticas patronales coinciden en la necesidad de cirugía  mayor: “el ajuste aún no se materializó, recién estamos comenzando a ver las primeras consecuencias. Básicamente, porque no ha habido hasta ahora un ajuste importante en el sector público (nacional, con algo más en las provincias)”.Ámbito financiero 14/5. En ese sentido, para muestra basta un botón: el presidente de la Unión Industrial Argentina fue muy explícito: “La renuncia también incluye al Estado porque si el Estado me pide sacrificios y no los hace en su propia administración no sería ético”, aseguró Méndez. Y agregó: “Hace falta un ajuste” [iii]
 
Pero el otro aspecto particular de la crisis es que transcurre luego del 2001, es decir, con posterioridad al mayor quiebre institucional  de la historia (desde los cordobazos), del que la clase dominante no logró recomponerse o mejor dicho no consiguió recomponer la institucionalidad con las características anteriores a la rebelión popular de diciembre. Muestra de ello es el fracaso del kirchnerismo en la reconstrucción del bipartidismo: a pesar de la reforma política del 2009 hay en la actualidad 72 partidos políticos nacionales inscriptos. Las principales expresiones políticas de la burguesía no consiguen hegemonizar la intención de voto, que decrece para todos y ya ni siquiera el peronismo se siente seguro de garantizar la gobernabilidad en futuras tormentas.
Esto llevó al adelanto de la carrera para llegar a la casa rosada el año que viene.  Así, el   escenario electoral para el 2015 se puede prever con más de una versión del peronismo, Macri y el rejunte UNEN, repartiéndose los sufragios. También es probable que quien gane, lo haga con un porcentaje magro, hecho que contribuirá a debilitar más la institucionalidad y aumentar el descreimiento de la población.
Luego de la década “ganada”, la situación  salarial y de precariedad de los trabajadores es similar a la década del 90. Según el informe difundido por Ecolatina, los salarios reales cayeron 6,5% en el primer trimestre del año a causa del combo “precios nuevos y sueldos desactualizados”. La caída es una de las mayores caídas del poder adquisitivo desde la crisis de 2002.[iv]
La debacle del capitalismo local es producto de la imposibilidad estructural del sistema para evitar las crisis y desarrollar las fuerzas productivas en este período histórico de agotamiento. A pesar de los discursos sobre desarrollo y el relato, la política económica de los años kirchneristas, estuvo centrada al igual que en los gobiernos anteriores, en el endeudamiento (mediante la emisión de bonos) y la búsqueda de inversiones como el caso de YPF-Chevron, profundizando un modelo de fuerte dependencia y privilegio de los grandes capitales, orientado a la primarización de la estructura productiva. “Distintas investigaciones recientes muestran cómo la IED (Inversión extranjera directa) hacia América del Sur y Argentina no se orientó mayormente a rubros que permitan una importante sustitución de importaciones ni a promover las exportaciones no tradicionales, sino a actividades extractivas, relacionadas con la explotación de recursos naturales”[v]. Y para que no queden dudas de la farsa sobre la “sustitución de importaciones,” el mismo diario oficialista revela que “entre 2005 y 2013, el déficit comercial argentino en manufacturas de origen industrial (MOI) con 15 de los 19 miembros del Club llegó a 104.485 millones de dólares”.[vi]
Lo que podemos ver hoy es un salto en esa política: el acuerdo con el Club de París lo deja bien en claro, al que le seguirá la negociación con los fondos buitre. Será el paso necesario para desbrozar el camino a la siguiente administración, que de todas maneras, no podrá evitar el costo político de la crisis irresuelta.
El gobierno conoce la historia reciente aunque la distorsione, y sabe que nuestro pueblo tiene una enorme tradición de lucha. El 2001 nos dejó enseñanzas a los trabajadores pero también a los capitalistas. Hace ya unos años que vienen preparando el terreno para un nuevo ascenso de la lucha popular con la ley antiterrorista, el proyecto de ley anti piquetes y principalmente con el despliegue de fuerzas represivas en todo el país, incluido el ejército (La Nación 15/04/2014).
 
La única salida
 
Ante el plan de ajuste en marcha, acordado por todas las fracciones de la burguesía, los trabajadores nos veremos lanzados a una constante lucha para defender el salario e incluso nuestras organizaciones ante el despliegue represivo. Pero la enseñanza fundamental de la rebelión popular del 2001 y los años de resistencia que le precedieron, es que  debemos centrar nuestros esfuerzos en crear una organización para la lucha política, es decir la construcción de un partido revolucionario. En ese proceso de construcción, del que nos consideramos uno de los afluentes, entendemos que hay que levantar un programa  más allá de reivindicaciones parciales; un programa que contemple la recuperación de los bienes comunes, el no pago de la deuda externa, la nacionalización del transporte bajo control de los trabajadores. Y fundamentalmente desenmascarar el carácter de clase del Estado señalando la necesidad de una nueva institucionalidad, de la democracia directa y el fin de los privilegios sostenidos por el actual aparato de Estado.
El camino hacia la superación del capitalismo estará sembrado de diferentes formas de lucha. Determinar en un período cuál de esas formas es la principal requiere un profundo análisis de la situación concreta. Desde este punto no podemos aferrar nuestra actividad política a determinado método de lucha en el plano de la táctica. En el mismo sentido, establecer y llevar adelante una táctica correcta o no, implica la posibilidad de avances o retrocesos para una organización  y a veces para toda la clase trabajadora.
Partiendo de la reciente experiencia histórica y principalmente del análisis de la situación actual y de lo que consideramos las tendencias fundamentales, entendemos que el centro de la acción de las masas pasará por las manifestaciones callejeras. Así lo demuestran las estadísticas: todos los meses hay record de piquetes a lo largo y ancho de nuestro país con más de 20 cortes por día. Además, las últimas elecciones presidenciales estuvieron atravesadas por huelgas y protestas de diferentes características. Con esto queremos señalar que ese período de “expectativa” de las masas ante un nuevo gobierno prácticamente no existió. El partido que asuma el comando del Estado en 2015, lo hará luego de un fuerte ajuste, si es que el kirchnerismo lo concluyó, pero en cualquier caso lo hará probablemente en medio de una creciente protesta popular.
En una situación de crisis económica y política, la tarea de quienes luchamos por el socialismo es contribuir a profundizar las grietas en la superestructura del sistema. En el marco señalado consideramos que la táctica debe ser la denuncia del régimen a través de una fuerte campaña que desenmascare el Estado burgués, canalizando los conflictos en la acción directa. Esto implica no depositar ninguna expectativa en el parlamento, todo lo contrario, fortalecer en las masas la idea de que ninguna ley ni ningún cargo ministerial garantizará mejoras las condiciones de vida. Sólo el pueblo trabajador organizado y luchando puede arrancar conquistas. Para esto es necesario unir a todas las fuerzas que luchan por el socialismo (y compartan este análisis), como ya señalamos, bajo un programa común que vaya más allá de las reivindicaciones parciales y ponga sobre la mesa la superación política del Estado burgués: superación que sólo es posible por medio de la revolución socialista.
 
Por la unidad y el socialismo
 

[i                 Lenin; Acerca de la dualidad del poder. Obras escogidas T XXIV
[ii]              Infobae 07/05/2014
[iii]              La Nación 01/06/2014
[iv]             Revista Fortuna 14/5/2014
[v]              Pàgina12 14/05/14
[vi]              Página 12 01/06

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Publicado en CONSTRUYENDO N°56. Agosto de 2014

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