Nosotras queremos decidir… Aborto libre y gratuito, sí

Finalmente, la cámara de senadores aprobó por mayoría, la despenalización del aborto. Aunque todavía falta el pronunciamiento de la cámara de diputados, todo parece indicar que allí también estarían los votos. Sin embargo, queda pendiente la amenaza (antidemocrática) del veto presidencial. Veremos si ocurre. De todas maneras, cualquiera sea la decisión, la lucha de las mujeres por el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos continuará. Como una lucha democrática, imprescindible, en defensa de nuestra identidad de género.



El debate sobre el derecho al aborto, su legalización y despenalización, ha crecido en los últimos años a raíz de casos paradigmáticos en donde la criminalización de las mujeres que quieren interrumpir su embarazo se puso en evidencia de la forma más cruda. Hoy se sabe que en Uruguay se practican más de 33 mil abortos por año (90 por día) y que ésta es la principal causa de muerte materna en el país. Ante esto, la lucha por el derecho democrático de las mujeres a decidir sobre nuestros propios cuerpos, como derecho humano fundamental, necesita reafirmarse todos los días.

La despenalización del aborto es muy importante, porque implica que interrumpir un embarazo no sea delito y que ninguna mujer puede ser sancionada criminalmente, como lo es actualmente. Sin embargo, los avances introducidos en el proyecto de salud sexual y reproductiva, no son suficientes: no podemos permitir que la práctica de un aborto quede sometida a las leyes del mercado, porque un sector muy importante de las mujeres, que no cuentan con medios económicos para pagarlo, quedan privadas de acceder a un aborto seguro. En efecto, aun cuando el aborto está prohibido por una anacrónica ley de 1938, se sabe que quienes pueden acceder al aborto “de forma segura”, son las mujeres de las capas sociales de mayor poder adquisitivo.

En el caso de las mujeres con “menos recursos” (trabajadoras, desempleadas, pobres), no se trata sólo de enunciar el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, sino de que estén garantizadas las condiciones para que pueda practicárselo. Teniendo en cuenta las condiciones económicas y la necesidad de un aborto seguro, es que debemos plantear, como demanda y eje de lucha, la legalidad del aborto y su gratuidad en los hospitales públicos. No solo como derecho democrático de las mujeres, sino como forma de poner fin a esa hipocresía de la despenalización “light” o de “baja intensidad” que de hecho se consuma por la vía de un negocio paralelo y clandestino.

El derecho a la libre elección

Nuestra posición sobre el tema es clara: no alcanza con despenalizar el aborto, sino que hay que luchar porque sea un derecho libre y gratuito, es decir que sólo la mujer interesada pueda tomar la decisión de abortar sin la tutela de otros y que se realice de manera gratuita, en los hospitales públicos y preservando la salud psicofísica y la dignidad de la mujer. Por supuesto, consideramos que el derecho al aborto debe acompañarse de una real y efectiva aplicación de una ley de salud sexual y reproductiva que garantice información, educación sexual y acceso gratuito a los distintos métodos anticonceptivos a todas las mujeres sin distinciones, preservando su intimidad y sin necesidad de que un tercero tenga que involucrarse en esta decisión, ni los padres, ni los maridos, ni nadie más que la mujer misma.

Como luchadoras feministas, revolucionarias y socialistas, reivindicamos el derecho de las mujeres a la autonomía, a decidir sobre nuestro propio cuerpo y nuestras vidas sin que otras personas, ni el Estado, ni los órganos judiciales, ni la iglesia, nos ordenen lo que debemos hacer. Es en este sentido, que nuestra lucha desde las organizaciones populares y de izquierda donde militamos, pasa por instalar en el movimiento de mujeres no solamente la necesidad de garantizar el derecho a un aborto gratuito y seguro, sino a la elección sobre el propio cuerpo, sobre la sexualidad y sobre la maternidad, no como “mandatos” de la sociedad capitalista sino, justamente, como libres opciones humanas. Esta reivindicación, va asociada a la lucha por la igualdad (en todos los terrenos), en un país que tiene los peores índices de desigualdad entre hombres y mujeres del continente latinoamericano.

Publicado en el Construyendo Nº 27 de octubre de 2007

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