A propósito de la muerte de dos estudiantes en Valparaíso


“La desvalorización del mundo humano crece en razón directa a la valorización del mundo de las cosas.”

Karl Marx

Durante la jornada de movilización y protesta popular convocada el día de ayer, la lucha de clases en nuestro país vivió uno de esos escalofríos que tanto trabajadores como estudiantes sufren angustiosamente por todo el cuerpo.

Rabia, confusión e impotencia se podía sentir en las calles durante las marchas y velatones que se realizaron para conmemorar a los dos jóvenes estudiantes que recibieron impactos de bala en las calles de Valparaíso.

Independientemente de los tintes políticos, la sensación de injusticia, esa cotidiana y recurrente impresión de que las cosas en este sistema no dan para más, la vivimos con fuerza. No tan solo por el hecho de si se tiene una mercancía, una propiedad o si se posee la forma de conseguirla, cuestión clásica del capitalismo, sino también por los niveles en que ese mundo de mercancías se ha apoderado de la conciencia de miles y miles de personas.

Cuando decimos que la derrota después de la dictadura fue, sí, militar y política, pero principalmente ideológica y moral, nos referimos a lo que hoy se expresa en esa situación de caos y de lucha de intereses durante la marcha estudiantil realizada en Valparaíso y en todo Chile.

Es decir, junto al problema de la criminalización brutal de la protesta social -donde los medios de comunicación burguesa algo tienen que decir- y la represión propia de la política burguesa, hoy cristalizada en que el Ministro del Interior sea uno de los mandamases de la Oficina (Órgano Estatal que Reemplaza la Central Nacional de Inteligencia -CNI- durante la “transición” a la democracia), padecemos una enfermedad bastante profunda que trasciende lo anterior. El problema de la alienación, el problema a la vez de la fetichización capitalista hoy nos atormenta y no nos deja proyectar una apuesta transformadora de la educación y la sociedad tranquilamente. El desarrollo de una falsa y atrofiada conciencia en nuestro pueblo nos conduce a presenciar de manera impotente cómo en una Jornada de Protesta entre sectores populares se es capaz de disparar a sangre fría, a quemarropa.

Ya ha sido bien señalado por todos, el problema de otorgar superioridad a la propiedad privada por sobre la vida humana –al margen del “acto” que se cometa- es un problema ideológico del capital, el que la vida de un ser humano se conciba como una mera cosa extraña, inferior, ajena a mí, es propio de esa alienación capitalista, el dotar de afectos y elementos propios de las relaciones humanas a una pared, a un negocio, a un celular, a un auto. Tener sobre nuestras conciencias un componente de falsedad, eso que es esencial a la existencia del capital. Y algunos puerilmente pensarán “pero esa pared, ese celular me costó dinero”, no compañeros, esas mercancías como todo lo que reproduce el capital tiene un costo principal, la fuerza de trabajo y las relaciones de producción de los seres humanos.

El problema de la conciencia. Es esta nuestra gran tarea, saber construir una fuerza política que nos permita erradicar desde la raíz y desde el árbol completo todos estos elementos atrofiados que nos lega la existencia del capital. No nos debemos confundir, la tarea de desarrollar un proyecto Socialista, sólido e integral, inmiscuido del más profundo humanismo comunista, implica al mismo tiempo que pensar en quiénes y cómo le arrebatamos el poder a la clase dominante, en transformar la conciencia de algunas sustancias podridas -principalmente esos componentes de conciencia pequeñoburguesa, aspiracionales, competitivos que hoy rodean a gran parte de nuestro pueblo-, ya falseadas en una triste realidad inventada por la burguesía. Lo central, como bien señala el Che, no está meramente en si se desarrollan las fuerzas productivas o se socializan los medios de producción -¡vaya “marxismo”-. Tal proyección no nos interesa si no se acompaña de la lucha por el cambio de conciencia, de lo contrario nuestra tarea está inacabada.

Sabemos que estas palabras poco y nada ayudarán a soslayar la pena inmensa que estarán viviendo las familias de los estudiantes asesinados, sus amigos y cercanos. Entendemos que es muy poco probable que ese sentimiento del “folklore popular” de justificar todo tipo de defensa producto del “vandalismo” poco y nada cambiará con esta pequeña declaración, pero debemos tener claro que lo principal está en que nosotros, los sectores que nos venimos organizando y luchando sepamos tener claridad en cuanto a los cambios y el carácter de las transformaciones que requiere lo que nosotros definimos como una Revolución Socialista, Anticapitalista y Antiimperialista. La confrontación contra los ricos y poderosos, reproductores de esta podrida sociedad es un problema a desarrollar hoy, no a esperarlo el día de mañana.

A su vez hacemos un llamado a las organizaciones a demostrar con esa misma rabia e impotencia, solidaridad no solo con los compañeros Diego y Exequiel, sino también con todos los caídos en esta democracia burguesa, Manuel Gutiérrez, Juan Pablo Jiménez, Alex, Matías, Claudia y tantos otros.

La tristeza nos agobia, pero a su vez nos llena de convicción la certeza y la claridad, más que nunca, que la lucha no es meramente por una mejor educación, sino por la transformación absoluta de la sociedad capitalista, como diría el Che, “luchar contra la miseria y a la vez luchar contra la alienación”.

¡¡Diego y Exequiel, luchando los recordaremos!!

¡¡A desatar la crisis de los ricos y poderosos!!

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Publicado en CONSTRUYENDO N°58. Mayo de 2015

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