Argentina: Pasaron las elecciones… Reconstruir una identidad clasista

Los resultados electorales indican que el partido ganador lo hizo con el 45% de los llamados votos válidos (45% del 65% del padrón real), o sea, entre un 28% a 30% real. No muchísimo más que el 16% real que había obtenido Néstor Kirchner en las elecciones del 2003. Esta magnitud del abstencionismo de ninguna manera debe llevarnos a pensar en un voto de carácter revolucionario o anti-sistema, sino que refleja el hastío con el régimen político imperante de importantes franjas de la sociedad.



Otros datos importantes a destacar de este proceso electoral son:

1. Las sospechas generalizadas de fraude
Lo del fraude electoral es algo que ha caracterizado a este gobierno. Los resultados de Córdoba, la existencia de distritos donde los votos emitidos fueron más que los posibles electores y la perfomance de la candidata a presidenta con relación a la elección de su candidato a gobernador así lo confirman. En el mismo sentido se inscribe el robo de boletas rivales (la única que si estaba siempre era la de la candidata oficialista) y la demora del Correo (el único habilitado para entregarlas en las escuelas) en hacer llegar las listas de los otros partidos;
2. La derrota de la candidata oficialista en los principales centros urbanos. En Rosario, Córdoba, La Plata, Capital Federal, Mar del Plata y Bahía Blanca entre otros. Lo cual significa que su “victoria” se asentó en el conurbano bonaerense - fundamentalmente - y en el interior del país, en particular las zonas rurales;
3. La derrota de los sectores más recalcitrantes de la derecha
Tanto Blumberg, como Sobisch, candidatos de la mano dura, hicieron sapo. Al extremo que a los días estaban peleándose entre ellos, echándose la culpa mutuamente por la catastrófica derrota. Otro cultor de los sectores más conservadores, Mauricio Macri, fue barrido de la Capital Federal en estas elecciones. Y sin siquiera haber comenzado a gobernar. Si bien es cierto que él directamente no era candidato, no sólo no pudo meter a ninguno de sus hombres, sino que perdió dos bancas al Congreso;
4) La irrelevancia de los distintos sectores de la izquierda
En conjunto sumó apenas un 2,60% del 65% de votantes. Para tener en cuenta que si bien la unidad es imprescindible no es lo que resuelve todo, veamos los resultados en algunos distritos importantes a la hora de la movilización y reclamo social: Neuquén, donde se encuentra Fasimpa (fábrica sin patrones ex-Zanón) dirigida por sectores de la izquierda trotskista, donde es reconocida su influencia social así como la existencia de otras corrientes políticas con importante peso social, en estas elecciones de conjunto apenas suman el 2%. En Santa Cruz, provincia que fue protagonista de las mayores movilizaciones anti-gubernamentales de los últimos meses y que obligó a cambiar 3 gobernadores, el total de votos de los distintos partidos no alcanzó el 2%. En Salta, otro bastión de la lucha social, la izquierda toda orilla el 2,85%; en Capital Federal, epicentro del naciente MIC (Movimiento Intersindical Clasista) y caja de resonancia de la movilización, el 2,55%, lo mismo en Provincia de Buenos Aires.
Es decir, hay una clara escisión entre la representatividad social y la representatividad política. La primera no llega a plasmarse en opción cuando se trata de elegir quienes conducirán los destinos del país, y con qué programa.

Conclusiones políticas

Para la burguesía, uno de los problemas consiste en la persistencia de la imposibilidad de montar un sistema bi-partidario fuerte. Con lo que las diferencias al interior de los sectores dominantes avanzan a convertirse en internas del partido gobernante, el PJ, ya que los que en un momento aparecen con posibilidades de encarnar la alternancia en la próxima elección desaparecen. Esto obstaculiza la reconstrucción institucional en la que están empeñados.
Otro, es que para los sectores mas conservadores del “stablishment”, el peronismo –aun a pesar de su transformación pro-monopolista- despierta aversión. Estos núcleos del poder imaginan un régimen bi-partidario asentado en variantes identificadas con la generación de 1880 y no con el interregno de 1940 a 1955, o sea, con un sesgo más abiertamente liberal, incluso en el terreno de la liturgia política. Son los que plantean el reconocimiento del rol de las fuerzas armadas a lo largo de la historia, y en particular, en los últimos 30 años, entre otras cosas. Son justamente con los que vienen fogoneando una receta más decididamente fondo monetarista. Son los que internamente están reclamando por el aumento de tarifas, la reducción del gasto social, el aumento de precios y el congelamiento salarial, con un “desarrollo” supeditado a los capitales extranjeros, etc., etc.
Y no es que este gobierno haga todo lo contrario de lo que exigen, sino que no hace todo lo que ellos entienden debe hacerse en su beneficio. De hecho este gobierno ha mantenido numerosas reuniones antes de las elecciones, y en todas ellas ha enviado claros mensajes de satisfacer numerosos reclamos de la burguesía más concentrada, incluso, hasta en la posible conformación de la “nueva” CGT.

Pacto social: el programa de Cristina Kirchner

¿Qué significa? Un acuerdo por dos años en lo que se pauten aumentos de precios y aumentos de salarios.
La propuesta del gobierno será un aumento salarial igual a la inflación del año, más dos puntos de “recuperación”, más un porcentaje por productividad. Qué significa y como se determina la productividad es algo muy difícil de establecer. La inflación ¿Cuál? ¿La del Indec o la real?. El gobierno considera que el año próximo la inflación rondará el 12%, más un 2% por “recomposición” hacen un 14%. Por lo cual el aumento de los salarios el próximo año no debería superar las cifra del 15%.
Si la inflación de este año para el Indec es del 10% cuando todos sabemos que las cosas aumentaron casi cuatro veces esa cifra, no es difícil adivinar que sector está destinado a perder con el Pacto que propone Cristina Kirchner. De hecho varios gremios están reclamando ya una recomposición pues la inflación se comió el aumento que habían pactado para este año.
Esta complicada trama de aumentos en puerta y “reordenamiento” sindical son un cóctel de no fácil digestión para el régimen que deberemos tener en cuenta a la hora de forjar alianzas que pongan un freno al intento rapaz del capital y su gobierno de turno. Un gobierno que cuenta con el 30% real de apoyo y que deberá enfrentar una situación social de fuertes movilizaciones si pretende avanzar con los aumentos de precios y congelamiento salarial que anuncia.

La conformación de un Frente alternativo

Por su parte, los trabajadores y el pueblo -más precisamente sus destacamentos de avanzada- conscientes del ataque sobre sus condiciones de vida que se viene, debemos debatir la conformación de un Frente que ponga entre sus principales puntos la redistribución de la riqueza y del ingreso; la recuperación de los recursos naturales privatizados, la preservación del medio ambiente y la plena y efectiva vigencia de los derechos sociales, económicos y culturales de y para todo el pueblo.
Ese Frente no sólo debe ser declamativo, relator de la situación y de las injusticias; sino que también debe reivindicar un método: el de la lucha con conquistas, que aunque pequeñas sean visibles. Ello tonifica al ejército de luchadores. Los actos puramente testimoniales terminan desmovilizando al pueblo. Esto en lo táctico.
En lo estratégico, analizar críticamente la relación entre trabajo social/reivindicativo y trabajo político. Buscar de encontrar puntos comunes que nos permitan a todos avanzar. Entender que si no construimos cuestiones comunes a todos ninguno avanzará, o lo hará en una soledad que multiplicará las dificultades.
Aquí se inscribe nuestra apuesta al fortalecimiento territorial, a comenzar a disputar no solamente la representatividad social sino también la representación política.
Ese algo en común entendemos debe ser el desarrollo de una cultura proletaria. Hace falta reconstruir una identificación de clase, lo cual significa –entre muchas otras cosas- sentirse parte de un todo que busca un idéntico propósito (el socialismo y el comunismo) aun con distintas visiones de cómo alcanzarlo.
Esa visión del futuro social es lo que debe impregnar cada una de nuestras barriadas, cada una de las fábricas, cada una de las escuelas y universidades. Y para alcanzar ello es que necesitamos de artistas, de gente de la cultura que anhela el cambio.
Sin esa base –mínima- costará mucho más avanzar. Esa base mínima debe desarrollarse en todos los frentes, pero en particular, en los territorios.
Así como fuimos capaces de desplazar al aparato de las manzaneras en la cuestión social, así debemos imaginar el desarrollo de una cultura comunista, con todo lo que ella implica. Es difícil imaginar un avance general si el mismo no se asienta en determinados bastiones.

Aumento de salarios y planes. Congelamiento de precios y alquileres
No al Pacto Social!!
Por un gobierno de los Trabajadores y el Pueblo

Publicado en el Construyendo Nº 27 - Octubre 2007

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