“A veces, no es necesario prohibir algo, con silenciarlo es suficiente”


El domingo 24, en la Zitarrosa actúo Paxti Andión. La sala estaba llena de gente que de alguna manera anhelábamos coherencia, compromiso cultural.

Por lo menos algunos, necesitamos sentir, que alguien en algún sitio sostenga una ética alternativa, que trate la memoria como memoria viva, ¡ella está tan azotada por desertores!
 El teatro, estaba coronado de ikurriñas y boinas vascas. Muchas, muchos lloraron, lloramos, cuando Patxi cantó Con toda la mar detrás, Padre, El maestro y las nuevas canciones que reflejan la horrenda cara del capitalismo, sin perder la musa de una poesía cargada de futuro.

Me volví con la cabeza llena de vascos queridos. De amadas compañeras que resisten en las cárceles por el mundo. En España. En Grecia. En Argentina. En Colombia. En México.
Buscando a Patxi hoy, me topé con una frase suya que me terminó de convencer sobre lo que nos hace la estrategia del silencio. Él le dijo a un periodista “A veces, no es necesario prohibir algo, con silenciarlo es suficiente”.

¡Cuántas cosas callan! ¡Cuántas callamos. ¡Cuánto le sirve al sistema las verdades dichas a media! En el camino de regreso a casa, volví a nuestra propia historia.
Debo condenar al que antes tuve de dirigente y hace décadas consideramos compañero. Hoy es el vocero, la cara horrenda de una impunidad que no acabamos de derrotar.
Debo autocriticarme por haber atravesado tantos años de lucha en una organización que lo tenía de dirigente. Que los tenía de dirigente a él, a Mujica y a tantos alcahuetes que se cobijan en sus sombras. Densas y oscuras.  Para tramar las traiciones que obviamente acompañan aquellas que quedaron silenciadas.
El monumento a las armas conjuntas, suena a mandado directo de las Fuerzas Conjuntas.  Huele a podrido. Y no tienen nada que ver con que Pepe se bañe o no. Está podrida su cabeza y su mano que firmó el decreto asesinando una vez más al Gallego Mas , a Laura, a Diana, a Alter a Arteche, al Gato Sosa, a Elena.

El Gallego Mas, contó que el Pepe en la tortura le gritaba: ¡Aguantá, gallego, aguantá!´ El Gallego, estaba acusado de haber ejecutado al agente de la CIA Dan Mitrioni. Un familiar  narró así el martirio del Gallego:
Antoni lo pasó muy mal en la cárcel. Se ensañaron con él. Y me contó muchas cosas para desahogarse. Los electrodos que le aplicaban en los genitales, la práctica de sumergirle en una bidón lleno de excrementos hasta que no podía hacer otra cosa que respirar en medio de las miasmas o, lo que más le extenuaba, la tortura psicológica que suponía escuchar a las nueve de la noche por los altavoces de la prisión que ese día iban a ejecutar a cinco tupamaros y esperar la llegada de los verdugos hasta que, a las dos de la madrugada, irrumpían violentamente en su celda y procedían a infligirle nuevos martirios…
Obvio, Sr. Huidobro, no se trata de ofrecerles dádivas  a los genocidas, garantías, para que hablen como pide Guillermo Cedrés y el general Bonilla, como pide el general en jefe Guido Manini Ríos. ¿Y cómo se atreve  Ud. a decir que se estigmatiza a las FFAA, después de todo lo sucedido?

Debo autocriticarme porque no me disculpa la juventud, la clandestinidad, la compartimentación y la verticalidad que nos impedía ver el todo. ¡No!, debo ser crítica por haber creído no solo que la revolución estaba esperándonos a la vuelta de la esquina sino en que podíamos desde adentro cambiar a los eleuterios.  En junio de 1989; me fui del MLN (T) que se había reorganizado. Dejo ante ustedes mi autocrítica.    

Él, Fernández, en la década del 60,  se creyó con poder suficiente –como muchos- de que se podía confrontar con todas las FFAA el imperialismo y los burgueses con una guerrilla urbana y derrotarlos.  Elaboró documentos, estrategias y tácticas. Acciones memorables. Pero,  como hoy, subestimó el rol de la gente.
En abril de 1972, negoció su salvación gritándole al represor Campos Hermida: “Campitos, soy el Ñato, no tires”, este comisario declaró ese día “Vamos ocho a cuatro y ganamos nosotros”, en referencia a los ocho compañeros acribillados el 14 de abril. Allí fue ejecutada Ivette Giménez y Luis Martirena.

Ya en el cuartel Florida, se creyó con capacidad y fuerza de negociar treguas. Mientras a su lado,  se mataba, desaparecía y torturaba. Se tragó y defendió la patraña de los Comunicados 4 y 7.  Vio peruanistas entre los genocidas que salían a secuestrar, torturar y desaparecer.
Jugó partidas de ajedrez con la banda de la OCOA y su derrota fue más que categórica. Es cierto, no solo él lo veía así. Fue la falta de un enfoque de revolución social, de falta de definiciones de clase, de falta de un enfoque sobre el Estado como herramienta de opresión. Los que coincidimos en el mismo espacio político que él, éramos ilusos, ingenuos, con una visión inmadura de los cambios revolucionarios.
Creímos que era posible, enfrentar a las vacas sagradas del MLN (T) y cambiar esa indefinición.
Creímos que la honestidad era el arma para formarnos como revolucionarios. Que los Valores Ideológicos Básicos nos encaminaban a transformarnos en mejores seres humanos. Creo, que en la diáspora revolucionaria muchos, están agazapados y no huimos de la responsabilidad histórica de proseguir el camino de la emancipación.

Pero… ¡Esos hombres –pocos, pero notorios-excepcionales, capaces, jugados, ex rehenes pusieron al servicio del sistema de opresión su formación y capacidades! Quedó demostrado que la cárcel prolongada  los recuperó para el  sistema.

Nos opusimos  a la ofensiva militar del 72. A que había una forma superior de lucha, la armada, deformando la necesidad de apropiarnos de la violencia revolucionaria, como pueblo. Deformando la idea de que debíamos cuestionar al Estado el monopolio de la violencia y que ningún poder se entrega solo, que hay que derrocarlo. Y que lo pacífico y electoral solo sostiene el régimen de opresión.

Nos opusimos a que sacaran a los referentes sociales y los metieran en el aparato militar. A la tregua. A las negociaciones. A los Comunicados 4 y 7. A la visión sobre el golpe. Al levantamiento de la Huelga General. Al Pacto del Club Naval. A la Concertación Nacional Programática. A la ley de impunidad.
A la disolución del 26M. A la legalización. Al ingreso al FA. A la formación del MPP. A la ambigüedad de la definición ideológica. A la conciliación de clases. A la tolerancia de los valores intolerables. Al todo vale. A los oportunistas y al amontonamiento que no distinguió nada, que no reconoció que la derrota era derrota. Que el enemigo había convertido a muchos en portavoces de su moral y sus intereses.
Que la tortura, la cárcel prolongada, el exilio y el insilio habían vuelto a  muchos en seres incapaces de volver a la revuelta social.  Enfrentamos la teoría de los dos demonios. La concepción del perdón y la reconciliación, nada de eso fue nuestro lema. 

Al comienzo en mayo de 1985, no entendía que dentro de ese MLN (T) que se estaba reorganizando no era posible el rearme de otra hipótesis de revolución. Que allí solo se orquestaba la contra-revolución. Porque tomando la leyenda de una guerrilla urbana que impactó por sus acciones espectaculares, que fue referencia en diversos sitios del mundo, se estaba produciendo concluyentemente la asimilación al sistema de opresión. No solo se propuso el camino electoral, sino se entregaron las banderas sociales. El proyecto social revolucionario.

Él, a fines de la dictadura creyó que el pacto del Club Naval era todo lo que podía hacer. Lo único.
Él, Huidobro, a los pocos años de salir de un aljibe, ya convertido en sapo humanoide, con disculpa en lo que respeta a los batracios, creyó en la perestroika  y la glasnost, en las elecciones y los sillones,  en los palacios y logro su meta: llegó al mando del Ministerio de Defensa, que como “mariscal de derrota” aspiró y trabajó para ello.

A él, a Eleuterio se le quedó el monstruo adentro. Se lo comió. Se nota que en los calabozos, húmedos y devastadores el ingirió mucha bufotoxina, sustancia que generan los sapos. Ese veneno, causa irritación, hipersensibilidad, provoca  anormalidades cardiacas, comezón, depresión, debilidad, derrumbamiento pulmonar, además de paro cardiaco y convulsiones, mareo, diarrea y vómitos. La toxina le pegó en plena cabeza a Eleuterio Fernández Huidobro –aunque se podría considerar toda su vida como una excéntrica metamorfosis. 

Ahora es hombre de confianza de los terroristas de Estado y la mano segura del Pentágono, la idea de la CIA, la corriente sádica de la escuela de las Américas. Ahora les redacta leyes y ejecuta las reestructuras de los aparatos represivos.
Todo a imagen y semejanza de la OTAN y la 4ta Flota yanqui.   Incluido el puerto de aguas profundas que en los planes socialistas del 60 habría los caminos al mar para el pueblo boliviano y la comunicación revolucionaria hoy les draga el camino a los gendarmes imperialistas.

Ahora, él cree que todos somos enfermitos, él está más allá. Ataca a la gente que resiste y protesta.
Ahora él subestima el pensamiento y práctica de miles de jóvenes. Sin duda no tiene otra que apoyarse en  saber de todo, opinar de todo y no valorar nada. Ni siquiera el asesinato de Rony Scarcella. Ni siquiera los asesinatos del Filtro. Ni siquiera el asesinato estatal en las cárceles y centros siquiátricos. 

Obvio, Eleuterio, dice una obviedad la dictadura fue cívico militar. No lo descubrió él. Los grupos económicos, las multinacionales, la reorganización del capital produjo los genocidios. Obvio, Fernández, afirma  que todos fueron parte de la represión. Por eso Sr. Fernández,  planteamos un solo juicio oral y público contra todos los efectos del golpe. No pago de la deuda externa. Expropiación de todos los latifundios, fuera las multinacionales.

Juicio y condena y expropiación a todos los que se enriquecieron con el golpe. Pero obvio Huidobro, usted, habla de los civiles para no enjuiciar a nadie. Enjuiciemos a todos civiles y militares que ejecutaron el Terrorismo de Estado y a sus cómplices de ayer y hoy. Incluido Ud.

TODOS EL 27 de JUNIO al Ministerio de Defensa, a repudiar el Terrorismo de Estado, de todos los Estados que los han guarecido tras riquezas, leyes, silencios y secretos. Si el terrorista Ministro Huidobro cae antes mejor. Pero, donde vaya lo iremos a buscar. Muera el pacto con los genocidas. Condena a los cómplices. Condena a los que callan.  Repudio a los que los amparan. La memoria está viva y alerta.

En el momento que se haga justicia, leeremos su prontuario cargado de infamias y propongo que pensemos epitafios.

Presento este:
Aquí yace alguien que estúpidamente se denominó “mariscal de derrotas” y desertó del amanecer revolucionario. Tenía sus manos y conciencia sucias y  fue a  lamerles las manos ensangrentadas a los genocidas y lustrar sus botas. Consagró el final de su vida a la opresión.

Ir.
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Publicado en CONSTRUYENDO N°59. Junio de 2015

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