14 de agosto, Mantener viva su memoria es luchar

14.Ago.19    Jóvenes
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Indudablemente la organización y las luchas de las décadas del 60 y 70 son tiempos que cualquier joven estudiante añora frente al actual estado de las masas, donde el nivel de conciencia de las mismas ha sido impregnado de una constante práctica que se forja desde la educación en la conciliación entre opresores y oprimidos negando y enterrando la lucha de clases. Desde las esferas del gobierno, desde la burocracia sindical, y desde las direcciones cooptadas del movimiento estudiantil se educa en la humanización del capitalismo, en las conquistas que no sobrepasen el marco de un sistema de explotación, el horizonte queda estanco allí. La coyuntura a nivel
continental y mundial no escapa a esta realidad. Con retrocesos en procesos a nivel continental como el cubano, con la entrega de las armas de las FARC, con expresiones a diestra y siniestra en el plano europeo de experiencias socialdemócratas que embaucan y fracasan ante los intereses de la clase trabajadora, no se visualizan procesos que den luz y calor al camino de la liberación social de nuestra clase.

No se puede entender la dinámica de lucha de aquellas décadas sin visualizar el fuego que recorría el mundo y como se avanzaba en el enfrentamiento contra el imperialismo y se abonaba en el camino revolucionario y en la construcción del socialismo. La larga y cruenta guerra de Vietnam, el mayo francés, la revolución cubana, y las miles de expresiones que sacudían las estructuras capitalistas y educaban en la práctica en el enfrentamiento al enemigo, en el odio que hay que tener
a quien condena la vida de miles y miles de personas sin distinción de nacionalidad, edad ni sexo, con la condición común de pertenecer a la clase trabajadora y sectores populares.
En el aquel contexto nuestro país no fue una excepción. El agotamiento de la democracia burguesa se fue gestando dando lugar a su verdadero rostro ya sin tapujes ni maquillajes avanzada la década del 60 con énfasis en los 70. Se podía apreciar la figura consolidada de una dictadura de clases, en este caso de la burguesía en su rol de clase dominante. En el marco de gobiernos elegidos según las pautas de la democracia burguesa comenzaron las primeras medidas y síntomas a nivel político,
militar y social de lo que sería la arremetida violenta y ejemplarizante ante cualquier intento de levantamiento y enfrentamiento frente a la autoridad burguesa. Medidas prontas de seguridad, persecuciones, hostigamientos, represiones, las libertades democráticas burguesas bastardeadas
frente al avasallamiento del imperialismo y la burguesía local. Las fuerzas coercitivas, brazo armado de un estado burgués, cumplían allí su rol protagónico de salvaguardar los intereses de la burguesía como perros falderos. Enfrentados a estos, se alimentaba nuestra clase, los trabajadores, los estudiantes, de aquellas ideas guías para la lucha, llevadas en todos su métodos a la práctica. Se leían los clásicos, Marx, Engels, Lenin, Ho Chi Min, Mao, Bakunin, Proudhon y se encontraban los
ejemplos en vida de Fidel, el Che y una enorme cantidad de hombres y mujeres que en todas partes del mundo levantaban las banderas de revolución y destrucción del sistema capitalista.

Los estudiantes muertos en la deteriorada democracia burguesa y la consolidada dictadura terrorista de estado son un ejemplo de esta situación. Para ello vamos a ejemplificar con algunos de aquellos mártires, aquellos que con su lucha regaron nuestra historia.
Líber Arce fue el primer estudiante asesinado. Militante de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay.
Hugo de los Santos, asesinado era estudiante de Ciencias Económicas y militante de la Juventud Comunista.
Susana Pintos, estudiante de la IEC y también militante de la Juventud Comunista. Fue herida cuando se intentaba sacar a Hugo para ser atendido, dada la gravedad de su estado. Falleció ya entrada la madrugada del 21 de setiembre en el Hospital de Clínicas. Su traslado hasta allí se demoró dado que hubo que esperar a que se levantara el cerco policial.
Heber Nieto, estudiante y militante de la Resistencia Obrero Estudiantil, ROE, fue asesinado por un francotirador el 24 de julio de 1971, por parte de la Policía y el escuadrón de la muerte. Cuatro rifles modelo 70 calibre 225 que la Agencia Internacional para el Desarrollo (norteamericana) donó a la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII) de la Policía uruguaya fueron utilizados por el Escuadrón de la Muerte. Participó en el MLN Tupamaro hasta principios de 1971, cuando se desvincula por el apoyo al proceso electoral de esta organización política. Se integra a la FAU y se reencuentra con los compañeros de la Agrupación Militante de la UTU, integrante de la Resistencia Obrero-Estudiantil.
Nelson Santiago Rodríguez Muela había nacido el 4 de octubre de 1947 en el seno de una sencilla familia de trabajadores, con un padre empleado en la ANCAP y una madre dedicada a las tareas del hogar. El joven, que a los 21 años se había casado con Susana Escudero, era militante del Partido Comunista Revolucionario (PCR) y trabajaba en la misma empresa pública que su padre, pero además estudiaba en el Liceo Nº 8 nocturno. Entre abril y agosto de 1972 se registraron 230 atentados de corte derechista contra liceos, facultades y comités de base del Frente Amplio, en los que se pintaron consignas como: “Viva Pacheco, Hitler volverá”, firmados por la MNG (Movimiento Nueva Generación), el CREI (Coalición Renovadora de Estudiantes Independientes) y la JUP (Juventud Uruguaya de Pie), que encabezaría el ataque al Liceo 8 en el marco de otros atentados a centros de estudios.
Rodríguez Muela fue asesinado de un balazo en la noche del 11 de agosto de 1972 por una patota armada de la JUP que encabezaba Enrique Mangini Usera (sobrino del jefe del Servicio de Información y Defensa, coronel Ramón Trabal).
Manuel Ramos Filippini, estudiante del IAVA, militante del MLN, secuestrado y asesinado. Ramos Filippini fue ultimado en lugar desconocido mediante 12 balazos en su cuerpo. Cabe resaltar que los primeros disparos fueron dirigidos hacia sus extremidades, fracturándole ambos brazos, para luego sí darle el golpe de gracia en tórax y cráneo.
Ibero Gutiérrez, poeta y estudiante de Humanidades, que militaba en la FEUU y en el Movimiento 26 de Marzo, a quien asesinaron en 1972 los escuadrones de la muerte.
Julio Spósito, asesinado durante la represión policial contra una manifestación en las inmediaciones de las Facultades de Medicina y Química. Julio fue, desde que tuvo uso de razón, un militante de la vida. Luchaba por un cambio social y político profundo y radical y sostenía, con su convicción y con su práctica, que una sociedad nueva, sin injusticias ni explotación del hombre por el hombre, debía contar, para ser realmente posible, también con un hombre nuevo. Militaba en el FER (Frente Estudiantil Revolucionario), una organización político-gremial que contaba entonces con una presencia muy importante en varios liceos y facultades. Participaba además activamente en la
Parroquia de Pocitos, en su Grupo de Reflexión de Jóvenes y también como educador en el MIYA, que era un movimiento orientado a niños y adolescentes.
Jorge Salerno, estudiante de Agronomía e integrante del MLN, asesinado en 1972 durante la toma de Pando.
Walter Medina, estudiante de Secundaria y miembro de la Juventud Socialista, asesinado en 1973 mientras pintaba un muro en el marco de la huelga general.
Nibia Sabalsagaray, estudiante del IPA, del Ceipa y de militante de la UJC.

Nos extendemos en conocer un poco la historia de algunos de los asesinados por el estado burgués para evidenciar que aquellas fueron décadas donde todos -con diferentes métodos, con diferentes consignas, transitado desde la lucha reivindicativa a la lucha armada-, se organizaron para luchar. Estudiantes de la UJC, del FER, de la ROE, de la FEUU, no solo militantes gremiales, si no que eran individuos que, insertos en sus lugares de estudios, participaron de organizaciones políticas, sindicales y militares. Con diferentes orientaciones, maoistas, marxistas–leninistas, anarquistas, en el marco de movilizaciones estudiantiles, en el marco de la huelga general, en el marco de la toma de pando, enfrentaron al enemigo asumiendo la defensa de los intereses de nuestra clase, siendo conocedores de la posibilidad de entregar en aquella lucha hasta su propia vida. Padecieron en carne propia, no solo la muerte sino lo que antecede a la misma, la tortura, el hostigamiento a ellos mismos y a sus familias, las amenazas.

Frente a esta experiencia histórica ¿Cómo debemos posicionarnos? ¿De qué se trata mantener viva su memoria? ¿Qué significa continuar su lucha? ¿Significa ser cómplices de la política partidaria de un gobierno que inculca el miedo al regreso del neoliberalismo y las fuerzas represivas, cuando casi dos décadas de gobierno nacional y otras tantas de departamental han profundizado la dependencia al capital, la injerencia del imperialismo y de las multinacionales?
¿Significa posicionarnos detrás de las filas de un gobierno que invierte más en represión, que asesina a los jóvenes condenados por el propio sistema que legitiman y sostienen?
¿El mismo gobierno que envía tropas a hostigar y reprimir los pueblos de otras partes del mundo y que en nuestro país militariza la frontera, decreta la esencialidad, vota la ley antiterrorista y reprime a estudiantes y trabajadores? ¿Debemos ser furgón de cola de un proyecto que año a año paga los intereses de la deuda externa, se somete a las políticas del FMI, BID y Banco Mundial? ¿Debemos construir una falsa polarización entre el regreso del miedo y aquellos que criminalizan la pobreza, con operativos avasallantes de las autoridades policiales en aquellos barrios de vidas determinadas y condenadas? ¿Qué miedo debemos tener cuando el invierno termina de hacer el trabajo que comienza este sistema y el gobierno legitimador del mismo y mueren indigentes en las calles? ¿Cuál es el miedo que debemos tener? ¿Al hambre? ¿Cómo la que avasalla a los estudiantes que asisten a un centros educativos solo para ver si pueden conseguir algo de que alimentarse? ¿Miedo de que los liceos no cuenten con trabajadores capaces de por lo menos atender las necesidades de nuestros estudiantes, de liceos que tengan salones hacinados, de estudiantes que no puedan estudiar porque se ven obligados a trabajar en pos de llevar algo de dinero a sus hogares? ¿Estas son las realidades cuyo regreso hay que temer? Nosotros nos preguntamos ¿Cuándo se fueron? Nuestra pregunta de cara a las elecciones democrática burguesas es ¿Seguirán estando? La respuesta se desprende de los ejes programáticos y la puesta en práctica a nivel nacional y departamental de todos los partidos que tienen posibilidad de incidir en la dinámica institucional y por otro lado tener presente la fragmentación y debilitamiento de la izquierda con intención de cambios estructurales.

La manera de cambiar esta realidad, la forma de mantener viva la lucha de los estudiantes, de nuestros mártires, los mártires de todos, es levantar sus banderas, aquellas bastardeadas y enterradas, aquellas que reivindicaban un movimiento estudiantil con capacidad transformadora de la realidad, un movimiento estudiantil como sujeto político, trayendo a colación aquel que mediante movilizaciones, huelgas, acción directa, lucha organizada pensaban y actuaban con el horizonte puesto en la revolución y la destrucción de un sistema que se sostiene en la explotación del hombre por hombre.
Se trata de recuperar y levantar lo más rico de nuestra historia, y eso significa en la actualidad enfrentar a todas las variantes de expresiones que legitiman este sistema, la derecha neoliberal, la derecha lisa llanamente rancia y el reformista embaucador, el mismo que es garante y sostiene la impunidad de los asesinos y torturadores de ayer, el mismo que concilia y sonríe con los asesinos y torturadores de nuestros mártires.

El miedo y la represión no van a regresar porque nunca se fueron, es deber de nuestro movimiento estudiantil, de nuestra clase, el enfrentar y no conciliar, el luchar y no entregar. Somos conocedores de que la organización y la lucha será larga, difícil, con avances y retrocesos. Pero, finalmente, nos preguntamos los jóvenes estudiantes de hoy ¿Habrá algo que llene más de regocijo que el dedicar una vida a la causa de los pueblos?
Hasta el triunfo de la revolución no pararemos.