Declaración del MRO ante la escalada represiva contra el pueblo de Ecuador y el resto de los pueblos del continente.

22.Oct.19    Internacionales
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En los primeros días de este mes, las masas explotadas del pueblo ecuatoriano, trabajadores de las ciudades, campesinos, pueblos originarios, dieron una durísima lucha frente a todo el aparato estatal de ese país.

La lucha se centró en el intento de derogar el decreto presidencial que consagraba la eliminación del subsidio estatal a los combustibles, y empalmó con otra serie de reclamos, como por ejemplo el de los trabajadores estatales, que ven atacadas sus salarios y sus condiciones de trabajo por un paquete de medidas de ajuste fiscal acordadas por el gobierno con el FMI.

Este acuerdo está en línea con los que ha venido imponiendo el Fondo en otros países y que consiste en una serie de medidas tendientes a reducir drásticamente los déficit fiscales de los estados para asegurar el mantenimiento del pago de la deuda externa y los subsidios al gran capital. Por supuesto que esto se busca lograr mediante un aumento de los niveles de explotación de los trabajadores, mediante rebajas salariales, reformas jubilatorias, flexibilización laboral, aumentos de tarifas e impuestos a los productos de consumo popular, en síntesis toda una batería de medidas que tienen como corolario el aumento de la pobreza y la miseria de nuestros pueblos.

En el caso de Ecuador, la eliminación del subsidio a los combustibles tenía como objetivo generar un ahorro de unos 1400 millones de dólares al año, como parte de un paquete que incluía, entre otras cosas, imponer a los trabajadores estatales la rebaja a la mitad de sus días de vacaciones y la confiscación de un día de su sueldo al mes y la privatización de los activos más rentables en poder del estado. Por supuesto que un aumento generalizado de los combustibles producirá un aumento generalizado de los precios de los productos de consumo popular y afecta directamente a los sectores más pobres de la población.

Durante once días, amplias masas del pueblo ecuatoriano enfrentaron el decreto presidencial mediante la huelga, luchas callejeras, tomas de campos petroleros, cortes de ruta, y diferentes métodos de lucha desplegados en Quito y en diferentes puntos del país.

La lucha del pueblo ecuatoriano fue un ejemplo de heroicidad al enfrentar una y otra vez a un aparato repŕesivo que contó no solo con el despliegue de la policía, sino con el accionar directo de las Fuerzas Armadas que no dudaron un instante en abrir fuego contra su propio pueblo.

Las imágenes de manifestantes armados con escudos de cartón frente a FFAA que contaban con blindados, con francotiradores, con tropas de élite entrenadas por el sionismo y todo tipo de armamento moderno, realmente dejan claro el valor de este pueblo en lucha y, al mismo tiempo, dejan en claro la enorme diferencia que existe actualmente entre la capacidad represiva de los estados y la capacidad material de la resistencia popular.

Finalmente la tenacidad de la lucha del pueblo obliga al gobierno a buscar una salida de acuerdo. El decreto que elimina el subsidio a los combustibles es retirado y Moreno llama a una mesa de diálogo con la dirigencia indígena y por otro lado también plantea el establecimiento de negociaciones con la central sindical. Por supuesto el gobierno busca de esta manera acercarse a los sectores más afines a una línea de conciliación dentro de la dirigencia del movimiento popular y trata de aislar a los sectores más combativos.

Se trata sin dudas de un importante triunfo de la lucha popular, que tuvo un costo altísimo para el pueblo ecuatoriano, ocho muertos, según las organizaciones de DDHH, centenares de heridos y más de mil trescientos detenidos, y, sin embargo, lejos está de tratarse de un triunfo definitivo.

El gobierno retrocede en el punto de la eliminación del subsidio a los combustibles pero ha dejado en claro, al igual que el FMI, que de ninguna manera renuncia a los lineamientos generales del plan de ajuste comprometido entre ellos.

Si bien se retira el decreto, el gobierno buscará los mecanismos para obtener los mismos recursos por alguna otra vía, que, por supuesto, también caerá sobre las espaldas de los trabajadores.

Por lo tanto la lucha contra el plan de ajuste del gobierno ecuatoriano no ha hecho más que comenzar y la misma será, al igual que para todos los pueblos latinoamericanos, una lucha durísima y larga, ya que choca frontalmente con la política del imperialismo para nuestra región, política que será defendida por todos los medios por todos los gobiernos, sin excepciones. Un claro ejemplo de esto último es la decisión del gobierno de Chile de militarizar la ciudad de Santiago, ante la movilización popular que enfrentó el aumento del costo del transporte, a menos de una semana de lo acontecido en Ecuador.

Estas jornadas de lucha del pueblo ecuatoriano ponen sobre el tapete una serie de cuestiones fundamentales para todos nuestros pueblos.

En primer lugar la necesidad de avanzar hacia una lucha política de conjunto, que cuestione el sometimiento de nuestros países ante el imperialismo, que cuestione toda la estructura capitalista, que se plantee una transformación radical de la sociedad, a partir de la expropiación de la burguesía, empezando por el gran capital imperialista y sus asociados locales.

Para esto, la necesidad de que nuestros pueblos se doten de una estrategia de poder, es decir que es indispensable para un triunfo definitivo de la lucha popular el que las masas asuman la necesidad de conquistar el poder político, expresado esto en el establecimiento de un gobierno de los trabajadores y de los demás sectores explotados de nuestros pueblos, bajo la forma que la lucha popular vaya definiendo y construyendo.

Por supuesto que para que esto sea posible, para plantearse seriamente el derrocamiento del poder de la burguesía y sus sustitución por el poder popular, es indispensable plantearse seriamente cómo enfrentar y derrotar los aparatos represivos, no solo de los estados de cada país, sino también a los del imperialismo. En este punto no puede haber ninguna ilusión respecto a la posibilidad de que las FFAA se nieguen a reprimir al pueblo y puedan volcarse del lado de la lucha popular. Eso sencillamente es imposible, todos los ejércitos de todos nuestros países son ejércitos profesionales, entrenados por el imperialismo yanqui y el sionismo, no dudarán ni un instante, como cada día se demuestra en la práctica, en disparar sus armas contra su propio pueblo, de hecho es esa y no otra su razón misma de existencia.

En palabras del Che:

El poder es el objetivo estratégico sine qua non de las fuerzas revolucionarias, y todo debe estar supeditado a esta gran consigna.

(…) aceptando como verdad que el enemigo luchará por mantenerse en el poder, hay que pensar en la destrucción del ejército opresor; para destruirlo hay que oponerle un ejército popular en frente. Eso ejército no nace espontáneamente, tiene que armarse en el arsenal que brinda su enemigo y esto condiciona una lucha dura y muy larga …”1

Se trata de desafíos inmensos que la agudización de la lucha de clases pone al orden del día y que solo podrán ser encarados en la medida que nuestros pueblos sean capaces de dotarse de una dirección política consecuentemente revolucionaria, que debe asumir la tarea de desplazar a las expresiones políticas de tendencias conciliadoras de la conducción hegemónica de las organizaciones de masas y asumir la conducción de la lucha popular enfocandola hacia el gran objetivo estratégico de la conquista del poder político.

Esa es precisamente la tarea central de la izquierda revolucionaria en este periodo y la misma sólo se podrá empezar a construir a partir de la unidad de los revolucionarios.

La heroica lucha de nuestros pueblos pone sobre el tapete una y otra vez la necesidad de organizar la lucha por la revolución socialista.

Contradictorio cuadro el de América; dirigencias de fuerzas progresistas que no están a la altura de los dirigidos; pueblos que alcanzan alturas desconocidas; pueblos que hierven en deseos de hacer y dirigencias que frenan sus deseos. La hecatombe asomada a estos territorios de América y el pueblo sin miedo, tratando de avanzar hacia la hecatombe, que significará, sin embargo, la redención definitiva. Los inteligentes, los sensatos, aplicando los frenos a su alcance al ímpetu de las masas, desviando su incontenible afán de lograr las grandes conquistas estratégicas: la toma del poder político, el aniquilamiento del ejército, del sistema de explotación del hombre por el hombre. Contradictorio, pero esperanzador, las masas saben que “el papel de Job no cuadra con el de un  revolucionario y se aprestan a dar la batalla”2

 

1- Táctica y Estrategia de la Revolción Latinoamericana

2- Ibidem