Ni Golpe ni Evo

18.Nov.19    Internacionales - Imperialismo
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“La tarea central del momento, es la lucha por la adopción por parte de las grandes masas populares de una política clasista independiente de todo seguidismo de los intereses de la burguesía, que se expresa en la hegemonía del reformismo en la conducción de las organizaciones de masas. Es también la lucha por el desarrollo de los niveles de organización y conciencia de las masas, que les permita enfrentar los crecientes niveles de explotación y represión a que están siendo sometidas.”


El pasado domingo 10 de noviembre se consumó el golpe de estado que derrocó a Evo Morales de la presidencia de Bolivia.

Ante la “sugerencia” de la comandancia de las FFAA, no sólo Morales, sino toda la cúpula de gobierno del MAS, que ya venían en un proceso muy pronunciado de pérdida de apoyo popular, presentan su renuncia, abriendo paso a que representantes directos de la oposición asuman el gobierno.

Es claro que la intervención de las fuerzas armadas, apoyando abiertamente a los sectores de la oposición que reclamaban la renuncia de Morales fue la que decidió la situación, por lo cual no hay ninguna duda de que se está frente a un golpe de estado llevado adelante por los sectores políticos representantes directos de la gran burguesía boliviana y del imperialismo, que contaban, como no podía ser de otra manera, con el apoyo de las FFAA.

Como muestra de que este proceso tiene como objetivo fundamental el de facilitar el avance contra las condiciones de vida de las masas y la profundización de la represión contra el movimiento popular, la actual presidenta de Bolivia, Jeanine Añez, quien asumiera ante la renuncia en cadena de la cúpula de gobierno del MAS, emite, como una de sus primeras medidas de gobierno, un decreto que proporciona inmunidad legal a las FFAA para reprimir al pueblo. Esto legitima el accionar de las fuerzas represivas que ya ha generado decenas de muertos y centenares de heridos entre los sectores populares que se están manifestando contra el golpe.

No se trata en este caso del ejemplo de golpe de estado que se llevaba adelante en décadas anteriores, donde las FFAA asumen directamente el gobierno. Estamos ante un nuevo ejemplo de la estrategia que ha puesto en marcha el imperialismo de los llamados “golpes blandos”, donde mediante decisiones judiciales o juicios políticos, en combinación con presiones directas o disimuladas de las FFAA, se generan renuncias forzadas, sustituyendo un gobierno por otro que goza de mayor confianza por parte del imperialismo para poder llevar a fondo de mejor manera una política totalmente afín a sus intereses. Es así que a partir de la ventilación de casos de corrupción o de fraudes electorales, por ejemplo, se comienza por parte de la oposición a reclamar adelantamiento de elecciones, se exigen renuncias, se desconocen resultados electorales, se impulsan movilizaciones masivas que se apoyan en el descontento popular ante el empeoramiento de las condiciones de vida de las masas, se produce la represión del gobierno, se generan mártires, aumenta el descontento y la presión política, interior e internacional, y finalmente las FFAA deciden la situación, más o menos disimuladamente. Claramente este tipo de proceso solo es posible porque los gobiernos progresistas terminan ineludiblemente hundidos en un mar de corrupción en todos los sentidos, y en el proceso han desarmado ideológicamente, políticamente, organizativamente y militarmente a las masas.

El golpe en Bolivia constituyó el desenlace de un proceso donde el MAS  y Evo Morales en particular, fueron perdiendo el enorme apoyo popular del que llegaron a gozar.

Vale recordar que en las elecciones del 2005 Morales gana con casi un 54% de los votos, sacando más de 25 puntos de ventaja al segundo candidato más votado. Llegaba al gobierno a hombros de las grandes movilizaciones populares que en 2003 culminaron con la renuncia del entonces presidente Sánchez de Lozada y que en 2005 obligaron también a renunciar al hoy candidato Carlos Mesa. Como quedó demostrado, el MAS no llegó al gobierno para transformar radicalmente la estructura económica y social de Bolivia, sino que llegó para intentar encauzar en el plano institucional los reclamos populares. El auge de los precios de las materias primas y un discurso que reivindicaba fuertemente los valores de los pueblos originarios, en momentos en que florecía también el chavismo, y otras corrientes reformistas accedían a los gobiernos en toda la región, le permitió otorgar concesiones a las masas, que objetivamente significaron mejoras en sus condiciones de vida, pero que de ninguna manera fueron ni suficientes ni duraderas ya que no se cuestionó en ningún momento la propiedad burguesa ni la estructura del estado, ni se tocó al aparato represivo.  

En 2009 Evo Morales es reelecto con más del 64% de los votos y el MAS obtiene una mayoría absoluta de más de dos tercios del parlamento. Era el momento de auge de la economía y en toda la región los gobiernos “progres” eran reelectos y florecía el discurso del “desacople” de estos países respecto a la crisis económica que había estallado recientemente en el corazón de las potencias imperialistas.

En 2014 Morales es reelecto por segunda vez obteniendo más del 63% de los votos. Sin embargo, ya comenzaba la época del declive. Se había acabado ya el boom de las materias primas y los gobiernos de la región pasaron a recurrir a aumentar fabulosamente el nivel de endeudamiento para tratar de mantener en parte su política de concesiones a las masas y sobre todo mantener los niveles de ganancia del gran capital. Es claro que esta política tenía serias limitaciones y los gobiernos recurrieron a implementar recortes en los servicios sociales, cayeron el empleo y los salarios, se extienden las movilizaciones populares, estos gobiernos, como no podía ser de otra manera no dudaron en reprimir al pueblo y comenzaron por supuesto a perder apoyo popular. Es así que, en 2016, cuando Evo Morales presenta un referéndum que lo habilitaría a presentarse a las elecciones para ser electo por cuarta vez como presidente, aun cuando la constitución boliviana sólo permite un máximo de dos periodos consecutivos, obtiene un resultado negativo, perdiendo por un 51% de votos contra algo más del 48%. Haciendo caso omiso de ese resultado Morales se presenta igualmente a las elecciones, habilitado por el Tribunal Supremo Electoral de ese país, y en las elecciones realizadas este año, que desembocaron en la crisis política que termina en su renuncia, el MAS obtuvo un 47% de los votos, contra un poco más del 36% del segundo candidato más votado, nada menos que el ex presidente Carlos Mesa.

El proceso de caída del gobierno del MAS tuvo su contrapartida en el crecimiento del apoyo popular recibido por los representantes tradicionales de la burguesía, que durante todo este proceso fueron recuperando su legitimidad ante las masas gracias a la política de conciliación de clases practicada por el partido de Evo Morales. Como simple ejemplo, el gobierno del MAS convoca en el año 2013 a Carlos Mesa, quien hoy es una de las cabezas visibles del proceso de golpe de estado que terminó destituyendo a Morales, para representar a Bolivia en las negociaciones con Chile por el problema de la salida al mar de ese país. Es ese uno de los ejemplos de cómo actuó el progresismo en toda la región para lavarle la cara a los representantes tradicionales de la burguesía, proceso que se acompañó por supuesto del mantenimiento de todos su privilegios y del crecimiento constante de los niveles de ganancia de la misma, además del mantenimiento, reforzamiento y re legitimación de su aparato represivo, y que terminó con los mismos desplazando a estos sectores reformistas de los gobiernos, ya sea mediante el mecanismo electoral o directamente por las diferentes versiones de golpe de estado que se han dado en la región. 

 

Ante esta situación se plantean dos grandes desviaciones en la izquierda. 

Por un lado, hay sectores que niegan que en Bolivia se haya producido un golpe de estado. Su argumento es que como el gobierno de Evo Morales enfrentaba a grandes movilizaciones populares ante el descontento que generaba su política y ante el fraude electoral que llevó adelante, lo que ocurrió fue que las FFAA se negaron a reprimir al pueblo y esto obligó a Morales a renunciar. De esta manera se presenta la acción del aparato represivo como una acción de pasarse al lado del campo popular en apoyo a sus luchas. Este planteo pretende ajustar la realidad al esquema que en algunas corrientes de la izquierda se sostiene, acerca de que la tarea de la derrota del aparato represivo del estado, que deben llevar adelante la clase obrera y los sectores explotados del pueblo si tienen aspiraciones a hacerse realmente del poder político, debe sustituirse por la tarea de ganarse para la causa popular a ese mismo aparato represivo.

Por supuesto que la realidad no deja de demostrar una y otra vez lo profundamente equivocada de esa concepción. En el caso de la situación actual de Bolivia, esas mismas fuerzas represivas que se negaron a reprimir a los manifestantes contra Evo Morales en los días previos a su renuncia, no han dudado en salir a masacrar a mansalva a las masas populares que se manifiestan contra el nuevo gobierno. Es que esas fuerzas represivas nunca dejaron ni dejarán de estar al servicio de los intereses de la burguesía y en contra de los intereses populares. Parece una verdad de perogrullo, pero lamentablemente en la izquierda aún hay sectores que pretenden ignorarla.

Es claro que las fuerzas armadas bolivianas nunca se pasaron al lado del pueblo, sino que solamente jugaron su rol, decisivo, por cierto, en precipitar la caída del gobierno de Morales.

Por otro lado, hay sectores, la gran mayoría en realidad, que llaman a encolumnarse detrás de Evo Morales y del MAS para enfrentar el golpe de estado.

Por supuesto que se trata acá de los mismos sectores que apoyaron a estos gobiernos, como el de Morales, como el chavista, como el kirchnerismo, como el del Frente Amplio y a todos los gobiernos reformistas que se asentaron en la gran mayoría de los países de la región. 

Son los mismos sectores que llamaron a formar encolumnandose detrás del kirchnerismo el “frente anti Macri”, o detrás del PT de Brasil el “frente anti Bolsonaro”, o que llaman en toda la región a conformar, a la cola de los progresismos que pierden el gobierno, supuestos “frentes anti fascistas”, que en realidad no son más que movimientos que buscan, por un lado volver a legitimar a sectores políticos que ocupando los gobiernos perdieron gran parte de su apoyo popular, producto de una política que siguió beneficiando al gran capital en detrimento de las grandes masas populares, sectores políticos que se enriquecieron mediante la corrupción y no dudaron en reprimir al pueblo en innumerables ocasiones, y por otro lado encauzar por la vía institucional, con la mira en un futuro proceso electoral, la lucha popular, permitiendo la estabilización de la situación y por lo tanto el avance contra las condiciones de vida de las masas. El ejemplo de Evo Morales llamando una y otra vez, desde la protección de su exilio en México, a la pacificación del país, ilustra claramente esto.

Es claro que ante estas desviaciones lo que corresponde es reafirmar la denuncia del golpe llevado adelante por parte de los sectores más reaccionarios de la burguesía contra los intereses populares, pero planteando que de ninguna manera es siguiendo al reformismo, poniendo de vuelta al movimiento popular a la cola de sus proyectos de volver al gobierno en unas futuras elecciones, que se puede enfrentar a esta ola reaccionaria que se está desarrollando sobre el continente.

Para enfrentar los intereses de las burguesías de nuestros países, profundamente identificadas con los intereses imperialistas, la clase trabajadora y el pueblo explotado deben romper también con todas las ilusiones que el reformismo genera.

La tarea central del momento, es la lucha por la adopción por parte de las grandes masas populares de una política clasista independiente de todo seguidismo de los intereses de la burguesía, que se expresa en la hegemonía del reformismo en la conducción de las organizaciones de masas. Es también la lucha por el desarrollo de los niveles de organización y conciencia de las masas, que les permita enfrentar los crecientes niveles de explotación y represión a que están siendo sometidas.

¡Abajo el golpe en Bolivia! 

¡Ningún seguidismo al reformismo!

¡La única salida para los trabajadores y el pueblo explotado es la revolución socialista!

 

Movimiento Revolucionario Oriental - Uruguay.

Frente de Acción Revolucionaria - Argentina.

 

Integrantes de la Coordinadora Guevarista Internacionalista - CGI.