Salarios, inflación y lucha de clases

Tanto las patronales como el gobierno coinciden: un aumento “excesivo” de los salarios provocaría una espiral inflacionaria y pondría en peligro el actual “crecimiento” de la economía. Nada más falso.
Las causas de la creciente inflación son otras bien distintas. Una de ellas, es que los empresarios aumentan los precios más que los salarios y los “costos” que tienen. O sea, que las ganancias empresarias se transforman en un factor inflacionario. En tales circunstancias, pueden aumentar los salarios nominales, mientras que el salario real cae. Dicho de otra manera: la inflación se devora los aumentos salariales. Es lo que viene ocurriendo.



Por eso, decimos que es absurdo culpar a los trabajadores de la inflación cuando el salario real recién en 2007, después de cinco años de crecimiento récord del PBI, “recuperó” en promedio un 15% para los trabajadores del sector estatal y un 11% para los trabajadores del sector privado (cuando se había perdido más del 20% entre 2002-2004) y sin llegar todavía al “poder adquisitivo” del año 1998. Las propias cifras oficiales confirman que, el ingreso salarial promedio, apenas llega a la miserable cantidad de 8.400 pesos, mientras que el ingreso promedio de los hogares está casi en $17.000 (cuando la canasta familiar se ubica en los $30.000). Y que conste, no incluimos en ese promedio a las decenas de miles que trabajan en negro o en condiciones de absoluta precariedad. Sin embargo, se insiste en deberíamos “moderar” nuestras demandas salariales para no poner en peligro el actual “modelo” económico del gobierno del Frente Amplio. Como veremos, lo verdaderamente inflacionario es la voracidad de ganancias de los capitalistas.
El salario es el precio que el capitalista paga por la fuerza de trabajo, y su monto gira en torno al valor de los productos que el trabajador y su familia necesitan para cubrir sus necesidades de alimentos, vivienda, educación, recreación, etc. Pero es común pensar que con el salario, el trabajador cobra todo el trabajo que realiza, todas las horas que trabaja, cuando en realidad recibe en pago sólo una parte de las mismas. Esto es así porque el trabajador ocupa sólo una fracción de la jornada laboral en producir el equivalente a su salario. El resto de las horas trabajadas son apropiadas gratuitamente por su patrón. Este despojo constituye la única fuente de la ganancia de los capitalistas.
La mentira de que el trabajador cobra el total del trabajo realizado, refuerza la creencia de que la mejora de los salarios genera inflación, cuando en realidad al arrancar aumentos, lo que hacen los trabajadores es recuperar a lo sumo una parte de lo que les roban los capitalistas. Como no están dispuestos a resignar ganancias, éstos responden remarcando los precios, incluso en porcentajes mayores a los aumentos cedidos, para seguir apropiándose gratis la misma cantidad de trabajo ajeno que antes y aún más. De esto podemos sacar una conclusión categórica: en la sociedad capitalista, lo verdaderamente inflacionario es la sed inagotable de ganancias de los empresarios y no los salarios de los trabajadores. Aún así, ante cada incremento salarial, los capitalistas reaccionan escandalizados por semejante “arbitrariedad”. Es como si un ladrón gritara a los cuatro vientos que ha sido víctima de un asalto, porque parte del botín fue recuperado por sus legítimos dueños.
Frente a este choque entre intereses antagónicos (irreconciliables), quien pretenda conciliarlos con el discurso de la “concertación” entre explotadores y explotados, favorece los intereses de los más poderosos. Si los trabajadores no queremos ver empeorar aún más nuestras condiciones de vida, debemos atacar las ganancias de los capitalistas, luchando por salarios al nivel de la canasta familiar, y que éstos sean ajustados de acuerdo a la inflación, tratando de imponer -con la movilización- cláusulas en los convenios colectivos que aseguren el aumento automático de los salarios, de acuerdo al aumento de los precios de los artículos de consumo masivo. Es decir, luchando por incluir en nuestras plataformas reivindicativas, la escala móvil de salarios.
Esta batalla es inseparable de la lucha contra las divisiones existentes en la clase trabajadora, entre empleados y desempleados, entre “estables” e “informales”; divisiones que refuerzan la competencia entre los mismos trabajadores. Esa división y competencia que, tristemente observamos en algunos lugares de la Administración Central en particular, así como muchas veces en el resto de la actividad pública y privada.
Ante la espiral inflacionaria, es necesario plantear comités de control de precios, integrados por trabajadores, consumidores, vecinos, sindicatos, organizaciones populares. De esta manera, sería posible demostrar al conjunto de la población que el aumento de precios no es resultado de los salarios supuestamente “altos”. Por lo tanto: rechazamos los “techos salariales” del gobierno, propuestos por las cámaras patronales; exigimos aumento de los salarios con recuperación del 100% de lo perdido; un salario mínimo nacional de media canasta familiar; y comenzar a discutir en el seno del Movimiento Sindical - de cara al 10º Congreso del PIT-CNT - ajustes automáticos por la inflación. Simultáneamente, proponemos el congelamiento de los precios de la canasta familiar y de las tarifas de los servicios públicos esenciales; y la confiscación de los capitalistas que remarcan y acaparan alimentos y productos básicos para especular con los precios.

(*) Presidente de AFAL (Asociación Funcionarios Dirección de Loterías y Quinielas), Secretario General de FENAJU (Federación Nacional de Trabajadores del Juego) y Secretario de Finanzas de COFE (Confederación de Organizaciones de Funcionarios del Estado)

Publicado en el Construyendo Nº30 de mayo de 2008

barrapunto  Tuenti  twitter  facebook  Meneame  google