Daniel Ortega ¿“ciudadano ilustre”?… Repudiable

\"\"Escribo indignada. Como mujer, socialista, militante de la izquierda revolucionaria. Es que todo un símbolo de la corrupción, del machismo más repugnante, del acoso sexual y de la violación, como lo es Daniel Ortega Saavedra, presidente de Nicaragua, ha sido distinguido como “ciudadano ilustre” por el gobierno frenteamplista de la Intendencia Municipal de Montevideo.



El intendente Ricardo Ehrlich y su círculo de cortesanos (y cortesanas) han perdido, definitivamente, todo sentido de la decencia política y de la dignidad humana. Hasta de la más elemental. Y han humillado a todas las mujeres que luchan, aquí y en el mundo, por sus inalienables derechos de género y contra todo tipo de violencia y abusos de poder.
El pasado 26 de mayo, al concederle el título de “Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Montevideo” y al entregarle las “llaves de la ciudad”, al repudiable sujeto -que acosó sexualmente y violó durante 15 años a su hijastra Zoilamérica Narváez- el “progresismo” ha cometido una suprema inmoralidad.
Me pregunto por las “feministas institucionales”, muchas de ellas cooptadas a las funciones “de gobierno” tanto en el plano municipal y nacional. Me pregunto por las señoras ministras y parlamentarias del oficialismo y de la oposición, que hacen alarde, una y otra vez, de su condición femenina. Me pregunto por aquellas militantes del Frente Amplio, que en todo Congreso emiten pronunciamientos a favor de las demandas de género. Y me pregunto, muy a mi pesar, por las compañeras luchadoras de Adeom, sindicato clasista y combativo, presidido por una mujer.
¿Es que una bajeza de esta naturaleza no merecía una reacción en voz alta, una denuncia inapelable, un pronunciamiento político de contundente rechazo?
Tan firme como el que han expresado entre otros, la escritora nicaragüense Gioconda Belli, el exministro sandinista Ernesto Cardenal, la excomandate del FSLN Nora Tellez, y el exvicepresidente del primer gobierno sandinista, Sergio Ramírez. O como el que manifestaron decenas de organizaciones de mujeres peruanas y latinoamericanas, que en la última cumbre de presidentes realizada en Lima, le hicieron saber a Ortega con protestas callejeras, volantes y pancartas, del repudio a su presencia, porque no era otra cosa que un común “delincuente sexual”, cuyo destino debería estar en un solo lugar: la cárcel.
Por acá las cosas fueron distintas. Se impuso la contaminante doble moral del “progresismo”. Que soborna con cargos y funciones bien pagadas. Que desvirtúa, desde su posición dominante, valores esenciales de la izquierda. Todo en nombre de una discrecionalidad política que le permite, inclusive, adjudicar “honores” a “mandatarios” y “personalidades” de otros Estados. Sin importar la calaña del “ilustre visitante”. Haciendo a un lado, impunemente, los dramas humanos de todos los días.
De allí que tenga una razón indiscutible la periodista Mariana Contreras, en su nota de Brecha del 30-5-08: “Por ironías de la vida, mientras Ortega era homenajeado, nuestro país se horrorizaba con los casos de violación a niños por parte de abuelos, padres y padrastros. Y aprendía así que más del 80 por ciento de los casos de abuso a niños vienen de su entorno familiar más próximo. Mientras Ortega recibía su homenaje, el presidente Vázquez decía que es común que estas cosas se den ‘en instancias muy privadas’ y que ‘muy excepcionalmente toman estado público’. Mientras el exguerrillero era homenajeado Uruguay aprendía del temor y la verguenza que sienten quienes sufren el abuso, la corriente reacción de incredulidad de la propia familia y el fácil dedo acusador que se levanta sobre la víctima para decir que miente”.

Además, un falsificador político

Este símbolo de la corrupción, el acoso sexual y la violación, llegó como invitado especial para el XIV Encuentro del Foro de Sao Paulo. Y pronto fue la estrella rutilante del evento. En ese cónclave de la “izquierda con vocación de gobierno” (que entre otros despropósitos terminó avalando la ocupación militar de Haití por entender que las tropas invasoras cumplen un papel de “mantenimiento de la seguridad pública y la estabilidad política”), Ortega discurseó contra el imperialismo y recibió los aplausos de la tribuna. Rindió “tributo” a figuras históricas de la izquierda latinoamericana, y puso broche de oro a su actuación: condecoró con la “Orden Carlos Fonseca Amador” a los senadores José Mujica, Eleuterio Férnandez Huidobro y Reynaldo Gargano, y al dirigente tupamaro Julio Marenales, todos ellos fieles servidores del gobierno frenteamplista. Finalmente, le retribuyeron los favores. Se fue con las “llaves” de Montevideo.
Indecoroso espectáculo. Tanto, que nadie se acordó de su reciclaje al capitalismo. Ni de sus alianzas con la derecha más corrupta; ni del abrazo junto a su mujer, Rosario Murillo (la madre cómplice de la violación de su hija) con la Iglesia más reaccionaria, que lo llevó a decretar ilegal el aborto terapéutico; ni que gobierna con un programa neoliberal certificado y tutelado por el FMI y el Banco Mundial. Ni tampoco, que defiende el Tratado de Libre Comercio que Nicaragua tiene con Estados Unidos, porque “los países pequeños tienen dificultades de inserción internacional”. Suena a conocido ¿no?
La hipocresía política y moral de esta casta dirigente que, cobijada en su pasado de izquierda, gerencia el capitalismo, ha vuelto a confirmarse una vez más. Para el caso de Nicaragua, el resultado es aplastante: miles de militantes sandinistas abandonaron el FSLN. No aceptaron esa falsificación que denunció Fernando Cardenal, uno de los referentes éticos más importantes del verdadero sandinismo: “Muy malo es que hubiéramos perdido la revolución, pero mucho más malo es una falsa revolución. Y mucho más malo todavía es que una revolución falsificada nos gobierne”. Obviamente, se refería a Ortega Saavedra, el “ilustre” homenajeado por Ehrlich, el intendente del Frente Amplio.

Mariana Sánchez es militante del Colectivo Militante.

Artículo Publicado en el Construyendo Nº 31 de junio/08

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