Salvador Allende (1908 – 26 de junio – 2008)

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I-Bolivia, finales de los sesenta

Chema Reyes, el comandante del operativo guerrillero mira su reloj. En tres minutos se ha asaltado exitosamente la Cárcel Panóptica Central de La Paz y salen hacia la libertad los heroicos sobrevivientes de la guerrilla del Che. El comandante sabe que en dos minutos los automóviles deben estar en ruta, hacia el Oeste de la ciudad, pasando por El Alto. Allí los fugitivos y sus liberadores cambiarán de vehículos y comenzará un largo rodeo hacia la frontera de Chile. Uno de los combatientes se acerca y le dice:
-Catracho, en la última celda está Monje. Dice que si lo vas a matar, él está preparado.
-Dile que a él lo juzgará el pueblo boliviano. Que se vaya, pero lo más lejos de nosotros posible. ¡Rápido!
-¿Qué garantías tendremos al cruzar la frontera?
-Las mejores. Nos está esperando el senador Salvador Allende.

II-Uruguay, 1970

-¿Oíste las noticias de Chile? La izquierda ganó las elecciones… Sí, la Unidad Popular, con los comunistas, los socialistas. El Presidente es un médico socialista, Salvador Allende.
-No creí que pudiera ganar. Con todo el terror que sembraron los momios…
- Neruda acompañó toda la campaña electoral, a pesar de que no andaba bien de salud. Sus versos, las canciones de Víctor Jara, los Parra … todo ayudó; pero fue la fuerza de los mineros, la clase obrera, la que forjó esta victoria… ¡y los estudiantes, y la gente pobre del campo! ¿Te das cuenta? Tres años después de la muerte del Che y ya se abre otra esperanza…¡Cuba no está sola! Fidel saludó el triunfo, habló por radio Habana…
- Allende habló de nacionalizar el cobre, de reforma agraria, Pero sin armas… ¿cómo resistirán?
-Bueno, el Movimiento de Izquierda revolucionaria tiene armas… ¿Te acordás? El grupo chileno de la coordinadora revolucionaria… Parece que da un apoyo crítico al nuevo gobierno

III-Santiago de Chile, 1973

Por la radio se oyen las voces del conjunto Quilapayún cantando a la reforma agraria en marcha, y a las nacionalizaciones ya concretadas:
Nuestro cobre
Ahora estás en casa
Junto a la radio hay un banderín de las JJ y una foto de Lucho Corvalán, secretario general del Partido Comunista de Chile. Más allá una repisa con libros. Libros de Volodia Teitelbaum, un cancionero, poemas de Gabriela Mistral, una enciclopedia y una edición rusa de “El Estado y la Revolución”.
Recostado en una silla un joven de espesa cabellera negra bebe té con actitud sombría. Se sobresalta cuando una puerta se abre, y su actitud se vuelve ansiedad cuando aparece una joven de blusa roja y jeans. La recién llegada responde a una pregunta que se le hace con los ojos:
-Hablé con Gladis Marín. Allende no va a entregar armas al pueblo; confía en el honor del ejército y en especial del General Pinochet que le ha dado su palabra de que no habrá golpe.
-Si, pero ¿y nosotros? La camarada Gladis fue bien clara el otro día: nosotros no confiamos en el Ejército. El golpe viene. Entonces ¿cuál será la actitud del Partido? Ya sé que estamos preparados, pero ¿No habría que advertir al pueblo? ¿Es legítimo nuestro silencio, en aras de no contradecir al compañero presidente…?
La muchacha baja la cabeza.

IV-Guerrilla salvadoreña, 1980

-Sí; el compañero Allende fue fiel a sus ideas hasta el fin. El Che tuvo razón en apreciarlo como lo apreciaba, a pesar de las diferencias. ¡Allende no se rindió! Su último mensaje fue: “¡Viva Chile, vivan los trabajadores!”. Murió combatiendo en La Moneda y su mensaje final quedará para la mejor Historia continental. Pero…
-¿Pero?
Roque Dálton hace una pausa. Mide cuidadosamente sus palabras:
-El Che confiaba en la vía armada y su lucha en Bolivia costó la vida a un puñado de valiosos compañeros. Allende apostó a la vía pacífica y en su derrota fueron asesinados miles, decenas de miles de personas desarmadas. Yo me quedo con el camino del Che.

V-Mi casa, 2008

Dos fotos de Allende pasan por mi corazón. En una enarbola el fusil AK que le obsequiara Fidel: todo un símbolo y un mensaje, una advertencia del Comandante en Jefe de los cubanos al compañero presidente de los chilenos. En la otra foto Allende aparece con sus lentes de aumento y su casco militar, encabezando la resistencia armada final contra el golpe de estado, cuando las armas ya no eran esperanza pero eran la última dignidad posible.
Año y medio atrás, en enero del 2007, estuve en Chile por última vez. Fui testigo de la resistencia campesina, estudiantil, mapuche y obrera contra el criminal gobierno de Bachelet. Recuerdo a aquella estudiante y a su compañero, vecinos del pueblo de pescadores de Cobquecura, en la cama de cuya guagüita dormí entre muñecas, en la casa de madera que chirriaba azotada por el viento del Pacífico. Cobquecura está condenado a morirse por la expansión de las papeleras, y el marido de esta muchacha acababa de perder el empleo. Pero de repente su rostro se ilumina:
-Por suerte las clases de telar mapuche son gratis. Mientras podamos quedarnos aquí seguiré aprendiendo- dice y acaricia pensativa a la guagüita.
En Concepción un viejo comunista me dijo:
-Hay veces que tengo vergüenza de ser chileno, po.
-Y yo quiero a Chile porque hay gente como vos- le contesté.
Allende nos miraba desde un viejo afiche, con sus ojos fijos en nosotros.

Gonzalo Abella es Maestro e Historiador. Militante de la izquierda revolucionaria uruguaya.

Artículo Publicado en el Construyendo Nº 31 de junio/08

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